El tipazo se acaba de soplar un chiste machista, de los que no hay. Extrañamente, las que más ríen son las mujeres.
Una de ellas, sin embargo, con el rostro serio lo increpa:
–¿No te parece que es una falta de respeto para todas nosotras, lo que acabas de decir?
El tipo no tiene necesidad de hablar.
–Hay, niña. Ya vas vos con tus cosas. ¡Si aquel sólo estaba bromeando! ¡No seás tan feminista!
Y la cruda realidad es esa: aquel sólo bromeaba, y éstas no atinan a discernir que detrás de cada broma se esconde una realidad tan cruda, que precisamente por ello hay necesidad de revestirla de chiste.
Por esta razón los afroamericanos no toleran chistes referentes al color de su piel ni su pasado de explotación, por eso los judíos han incluso obligado a ciertas naciones a crear leyes que penen con prisión los chistes antisemitas.
Sólo las mujeres, por extraño que parezca, seguimos riéndonos y siguiéndoles la corriente a los machistas. ¿Por qué?
Lo primero que hay que comprender, es que el machismo no es cosa de hombres. Es un sistema de vida, tan complejo y mucho más antiguo que cualquier sistema religioso. Esto hace que muchas mujeres no logren identificar que ha sido construido para beneficiar a cierto grupo de la humanidad y que las cosas no siempre han sido así, y que no tienen porqué seguir siéndolo.
Se trata de un sistema de poder, donde las garantías las tienen los que poseen el color de piel adecuado, el dinero y el género indicado. El fin no es sólo estar en la cumbre, sino (y sobre todo) no permitir que otros lleguen.
Con el machismo se garantiza que por lo menos el 50% de la población (las mujeres) quede por automático descartado de llegar o si quiera competir. Para el otro 50% ya habrá otros factores que puedan ser ejercidos para descartarles, como el color de la piel, su procedencia social, su educación, su religión, orientación sexual, etc. Es decir (¡o sorpresa!) que los hombres también son víctimas del machismo, y aún así lo defienden y lo ejercen.
Pero aquel 50% que no tuvo oportunidades de nada, se encuentra permanentemente lleno de resentimiento. Les indigna que una de ellas pueda llegar a triunfar o brillar.
Esto explica que los juicios emitidos en contra de las mujeres políticas, por ejemplo, sean más destructivos que contra los hombres. Y claro, se les exige cosas que jamás les serían exigidas a un ser del género masculino, como belleza, santidad, etc.
Así, bastará llamar a una mujer loca, mala madre, mala esposa, lesbiana, amoral, disoluta, golfa, puta, y toda la gama de adjetivos que, bien sabido es no se aplican a los hombres, para deshacerla como persona, sin tomar en cuenta sus ideas o sus posibles aportes. Aquí lo importante es destruir, no debatir.
En otras palabras, cuando aquel 50% de frustradas ataca a otra que ha triunfado, lo que en verdad está haciendo es defendiéndose de su propia incapacidad de avanzar en la vida. Hay que hacer pagar a las iguales por las pestes propias, que son muchas dado el machismo. Y no hay que dejar que ninguno (sobre todo si es mujer) ascienda más de la cuenta, porque pondrá en evidencia la impotencia propia. Impotencia que claro, se disfraza con cinismo, críticas, desplantes, insultos, difamaciones, etc.
Y es ahí cuando vemos a una suegra que, víctima de maltrato familiar, enseñó a su hijo a maltratar a su esposa. O a una alta ejecutiva que humilla a sus subalternas, a fin de hacerles pagar con sangre el derecho de piso.
En definitiva, las mujeres NO reproducimos el sistema machista. El machismo se reproduce solo. Tiene mil tentáculos y millones de cómplices. Muchos de los cuales a su vez, son sus víctimas.
Llega a tales niveles de maquiavelismo que a muchas mujeres se les hace incluso creer que, defendiendo los derechos de los hombres, están defendiendo los propios. Y que defender los propios es cosa de viejas locas y feministas. Por eso se quedan calladas y humilladas, por eso no alzan la voz para defenderse, por eso le arruinan la vida a otra (y hasta les parece divertido y buen tema para un té, fiesta o primera comunión) y por eso mismo, creen que al defender el sistema machista y patriarcal, se hacen mejores mujeres y más deseables, cuando lo que en verdad están logrando, es que su propia miseria y su marginalidad sean cada día más grandes.
