26 feb. 2016

¿Qué es el Foro "Ideas para la paz" (2016)?



Luego de 24 años de firmados los Acuerdos de Paz, El Salvador sigue siendo un país en guerra.

Con uno de los índices de violencia más altos del mundo, nuestro país no parece encontrar la forma de poner fin a la espiral de violencia que día a día tiene sumida en zozobra y angustia a nuestra gente.  

La falta de igualdad, equidad, justicia y educación, son sólo algunas de las causas que pueden mencionarse como parte del problema. Sin embargo, la situación de violencia no es reciente. Al hacer una revisión histórica podemos comprobar cómo nuestro país, su identidad y su cultura se han construido sobre episodios constantes de violencia.

La incapacidad de aceptar nuestra concepción violenta del mundo y nuestra tendencia a resolver todo conflicto a través de esa vía, nos impide encontrar soluciones integrales al problema.

Las pandillas, la delincuencia común, los homicidios diarios, son las manifestaciones extremas de una cultura construida sobre métodos y mentalidades violentas. La cultura de nuestro país no sólo permite sino que además incentiva la violencia como forma de resolución de conflictos.

De tal forma, estamos convencidos de que la vía para lograr una transformación integral de nuestra cultura y lograr soluciones de la conflictividad, es a través de la implantación de nuevas formas de relaciones humanas, esta vez cimentadas sobre principios y valores que incentiven una cultura de paz, entendida ésta como vías alternativas de solución de conflicto y nuevas formas de construcción de una sociedad.

Sabemos que generar una nueva cultura es sumamente complejo y de largo plazo, sin embargo, creemos que es una vía inexplorada y que vale la pena iniciar. Como medios para comenzar su construcción, proponemos el arte y la cultura como mecanismos que ayuden no sólo a la creatividad, sino también a la sana convivencia, empatía y a la cohesión social que posibilite una sociedad civil capaz de discutir sus problemas y encontrar soluciones a los mismos, a través de propuestas consensuadas y efectivas.

El colectivo de artistas e intelectuales MirArte, busca iniciar este camino mediante la celebración del 1er Foro “Ideas para la paz”, un espacio donde artistas, intelectuales, biólogos, neurólogos y profesionales de otras ramas, debatirán las bases sobre las cuales se cimienta nuestra cultura y la forma de reestructurarla. Creemos en la necesidad de una comprensión del problema desde ámbitos tan disimiles como la biología y la publicidad.

Dicho foro se llevará a cabo durante los días 31 de marzo y 1 de abril, 2016, de las 5 a las 9 pm, en las instalaciones del Museo Nacional de Antropología.

Deseamos construir un mejor país y para ello, necesitamos su ayuda.



“Por una cultura de paz que posibilite cambios permanentes desde la sociedad civil.”

Colectivo de artistas e intelectuales MirArte.

31 jul. 2015

Feria del libro de Panamá

Este mes: invitados a la feria del libro de Panamá, un grupo de escritores de toda Centroamérica, estaremos hablando sobre literatura. 



9 abr. 2015

Irma

La migración de centroamericanos ha sido una realidad desde hace décadas. Irma, fue una de tantos que en los 80 abandonaron el istmo.



De cuando en cuando vuelvo a San Salvador y a mis raíces. Aunque se ubica a cuatro horas de mi casa en la ciudad de Guatemala, no es un viaje que haga con la frecuencia que desearía. La carretera es famosa por los asaltos, construcciones y la frontera, a veces, puede ser un problema.
Hoy, sin embargo, he vuelto a ella y a su volcán, hermoso y amenazante, recubierto de cafetales y observador de una ciudad que, a falta de espacio, se ha trepado riesgosamente a sus espaldas.
He vuelto a la casa de mis padres. La misma en la que vivían cuando nací y en la que crecí. Desde el jardín aún es posible escuchar los pericos al atardecer, mientras tomamos café muy, muy cargado, bajo el “palo” de mangos que, cuando florea, produce un espectáculo de florecillas y frutos enormes y jugosos.
En este mismo jardín me celebraron mis piñatas cuando niña. Guardo fotos de varias fiestas, acompañada por amigos o compañeros del colegio. En una de ellas mi hermana, trepada a un columpio, lanza burbujas de jabón sobre la cabeza de varios niños mientras Irma, la niñera que tuvimos durante años, reparte horchatas sobre una bandeja. Alguna vez mi madre comentó que Irma estaba enojada aquel día. Era su día de descanso y mi mamá le pidió quedarse a ayudar con los preparativos. Siempre intenté escrutar aquella mirada que, más que enojada, me parecía triste. Intenté imaginar su frustración frente a aquel fin de semana estropeado, contrastado con la felicidad de los niños asistentes a la fiesta y la mía propia.
Años después, “la Mima”, como la bautizamos mi hermana y yo, decidió migrar. Fue parte de la oleada de salvadoreños que durante los 80 decidieron emprender un camino como “mojados” hacia el norte, huyendo de la guerra y la pobreza. Según recuerdo, la “muchacha” de la casa de al lado, de nombre Milagro, la incentivó a ello. Debieron pasar por México donde, con mucho trabajo, reunieron el dinero que les faltaba para continuar el camino. No sé cuántas semanas o meses más tarde, lograron llegar a Los Ángeles. Al poco tiempo, su hermano fue asesinado a tiros en una parada de buses. Nos enteramos por una carta que nos envió tiempo después.
La Mima nunca dejó de escribir. Quizá fuera su forma de sopesar sus progresos. Por ello fue posible saber sobre su peripecia hacia el norte, los peligros vividos, su estancia en México, su angustia al saber a su hermano muerto y no poder venir al entierro, sus primeros trabajos como personal de limpieza de varias casas de gringos y latinos, sus amores, su hijo Erick, del que guardo una fotografía en la que aparece con un disfraz de payaso junto a ella.
Años después comprendí, que aquella mirada de tristeza con que la Mima aparece en la descolorida fotografía de finales de los 70, se debía a algo más que al permiso denegado. Quizá ésta se debiera a la angustia de un futuro que no veía claro, el miedo a la violencia, el querer y no poder hacer más con su vida y haber comprendido que este país, como le ha ocurrido a tantos otros centroamericanos, jamás le habría de ofrecer un mejor futuro.

Hoy, mientras buscaba una toalla en el viejo clóset del cuarto que un día fue de mi hermana, descubrí que en el interior de una de las puertas alguien, quizá mi hermana o yo, escribió con tiza “Irma”. Es increíble, pensé, que algunas cosas logren sobrevivir tanto tiempo y, al mismo tiempo, que otras cambien tan poco. 

18 dic. 2014

Sergio Ramírez, el arqueólogo de la literatura centroamericana


Por Vanessa Núñez Handal
Ya en la década de los 60, un joven veinteañero interesado en la literatura se dedicaba a hurgar en bibliotecas vacías, librerías de segunda mano, estantes de autores o sus familiares y en viejas revistas provincianas, con el objeto de crear la primera antología del cuento centroamericano.
Por aquellas épocas, según palabras del propio antologador, los libros se imprimían casi siempre por cuenta propia, en ediciones domésticas que rara vez trascendían las fronteras y cuyas tiradas no iban más allá de los 500 ejemplares, permaneciendo la mayoría en bodegas y “con su país por cárcel”.
Que un autor salvadoreño fuera leído en Costa Rica, era una proeza, afirmaba.
Aquella primera antología fue, según su testimonio, casi un trabajo arqueológico que dilató 5 años y que rescató piezas que estaban condenadas al olvido. Dicha compilación vio la luz en 1973 bajo el sello de la Editorial Universitaria Centroamericana (Educa). Su antologador era Sergio Ramírez.
Aquel escritor buscaba, según puede leerse en el prólogo de una de sus compilaciones (Puertos abiertos, 2011), su propia identidad como escritor centroamericano en ciernes y hallar a sus pares muertos y a sus pares olvidados, perdidos en el aislamiento de sus propios países.
Hoy día Sergio Ramírez es uno de los más grandes escritores en lengua castellana. Ha sido traducido a más de una docena de idiomas, reconocido a nivel mundial y este año ha sido galardonado por el jurado del Premio Internacional Carlos Fuentes compuesto, entre otros, por el Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa.
Y pese a todos sus méritos y logros, Sergio Ramírez no ha dejado de buscar a esos olvidados que tienen a sus países y a la región centroamericana por cárcel. Ahora, desde sus viajes, reconocimientos y participación en los más prestigiosos eventos literarios, no deja de llevar consigo nuestra literatura.
"Yo creo que el egoísmo de un escritor es pensar que el mundo termina con él y que mientras más fracaso tengan los que vienen detrás, más podrán realzarse sus obras. Eso me parece que es una estupidez que hay que combatir", ha dicho en una entrevista. "Yo seré mejor escritor en la medida en que yo pueda apoyar a los más jóvenes en todo lo que esté a mi alcance, no sólo a través de talleres literarios, sino sobre el arte de la escritura, hablando con ellos de literatura, tratando que se encuentren entre sí y que sus obras abandonen nuestras fronteras", agregó.
Ahora, gracias a su generosidad y su amor por la literatura, ya no es una antología la que da a conocer la obra literaria del istmo, sino muchas.
Su último trabajo de recopilación de textos centroamericanos, denominado “Un espejo roto”, no sólo fue publicado en español (Geica, 2014), sino también traducido al alemán bajo el título “Zwischen Süd und Nord” (Unionsverlag, 2014) y presentado en el marco de la Feria de Frankfurt, 2014, durante la cual se dio participación a una comisión de editores y escritores del istmo.
"Yo siempre he dicho que no podemos dejar a nuestros escritores de talento con nuestras fronteras centroamericanas por cárcel", afirma Sergio siempre que se le pregunta por su labor de cultor centroamericano.
Ahora, Centroamérica también está presente en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y autores como Ulises Juárez Polanco, Eduardo Halfon y mi persona, participaremos en Latinoamérica Viva, junto a otros 35 escritores de diferentes países.
Centroamérica, gracias a la labor incansable de Sergio Ramírez, ha comenzado a brillar a nivel internacional y su literatura está siendo cada vez más conocida. Los diversos autores y editores de los países de la región, hemos comenzado a restaurar de a poco el tejido cultural y literario que esperamos, un día, sirva como motor para una sociedad más justa.


20 nov. 2014

¿Existe Dios?



Recuerdo, cuando niña, haber creído en un dios omnipresente y castigador. Esa fue la forma en que me lo enseñaron y yo lo acepté. Sin embargo, conforme avancé en mis juicios, fui dejando atrás el miedo al mito y comencé a cuestionarme. Pronto se me hizo evidente que la religión –he ahí la paradoja– se contraponía a mis creencias espirituales. Pero, ¿cuáles eran éstas y de dónde procedían?

Según Lev Tolstói, el gran novelista ruso, una vieja fábula oriental cuenta la historia de un viajero que en una estepa fue sorprendido por una bestia. Para escapar, saltó en un pozo en cuyo interior descubrió un dragón con las fauces abiertas. El infeliz, sin poder abandonar el pozo y sin poder saltar al fondo del mismo, se aferró a las ramas de un arbusto que crecía en sus grietas, quedando así colgado en medio de la nada. Pronto comenzó a sentir debilidad en los brazos y cansancio. Su caída era inevitable. Mientras esperaba, descubrió unas gotas de miel sobre las hojas del arbusto, las cuales lamió con avidez. Éstas fueron durante algún tiempo su consuelo. Así, dice el escritor en Confesiones, un pequeño libro que constituye su testamento espiritual, aquel viajero se aferró a las ramas de la vida, sin poder comprender por qué era sometido a semejante tormento. Pero la miel que en un principio lo consoló poco a poco dejó de parecerle dulce, de la misma forma en que la religión fue dejando de ser un consuelo en la vida del autor.

Al igual que Tolstói, la búsqueda espiritual ha sido una constante en la vida de muchos. Al emprender la propia, comencé por preguntarme por qué, pese a que la cultura en nuestros países es eminentemente religiosa, uno de los temas prohibidos (el fútbol y la política son los otros dos) es la religión. Una explicación posible es que las personas carecen de suficientes argumentos para defender su postura, aunado a que se nos ha hecho creer que la duda (fuente de todo conocimiento) es perjudicial.

Un segundo argumento, me dije, es el hecho de que la fe encuentra su fundamento en el campo de lo irracional. Existe para dar consuelo en aquellos casos en que no es posible encontrar una explicación lógica a un hecho. De esta forma se da paso a lo pasional y la fe se vuelve indemostrable. Al serlo, toda duda o desacuerdo es percibida como una amenaza que debe ser superada mediante juicios lapidarios. Visto desde este punto de vista, vencer a otro en el campo religioso no es una victoria, sino una derrota de la propia convicción.

Al igual que Tolstói he llegado finalmente a la conclusión de que, aunque las religiones tienen mucho de mentira, también es posible encontrar en ellas una dosis de verdad y sabiduría humana. La espiritualidad, que es lo que subyace al final de toda fe, nos viene dada por el sentido mismo de la vida, que es su contrario: la muerte. La razón no es capaz, y quien sabe si un día lo sea, de dar explicación al origen de todas las cosas. Pero es más sensato aceptar lo inexplicable, no por dogma, sino por simple percepción de los límites de la propia inteligencia. Desde este razonamiento, resulta tan fanático el dogma como la pretensión de explicar todo por la vía científica.

Partiendo de este último postulado, es válido cuestionarse, sin fanatismos, miedos u odios que enturbien la posibilidad de discutir, incluso si Dios existe. Si pudiéramos hacerlo, seguramente descubriríamos que agarrados a la misma rama y llevando sobre nuestros hombros el mismo miedo a caer que a salir del pozo, los cristianos, católicos, judíos, ateos, budistas, agnósticos, etc., tenemos más en común de lo que creemos. Lo que varía es tan sólo la forma en que lamemos las pequeñas gotas de miel que hay en el arbusto del que, al final de cuentas, un día todos caeremos. 

Pd.: Pongo la portada de Dios tenía miedo como ilustración, pues en ella aparece una obra de Rudy Cottón, pintor guatemalteco. La elegimos con mi editor, Raúl Figueroa, pues representa el ojo de Dios. 

11 nov. 2014

Fíjese, Doña Evangelina, que el infierno ya no nos asusta...



A lo largo de la historia salvadoreña, ha habido personajes que causan entre pena y risa. Sucede, sin embargo, que pocas veces han trascendido la historia y por ello los desconocemos. Muchos, sin embargo, han plasmado su pluma en más de algún periódico. Es fácil detectarlos, sobre todo porque, la gran mayoría, pareciera contratada para encandilar el odio y la locura. 

Este es el caso de Evangelina del Pilar de Sol en El Salvador, una mujer de clase alta que gusta de repartir insultos y amenazas a diestra y siniestra, amparada en un halo de religiosidad que realmente esconde su no tan secreta sensación de superioridad, no sólo de clase, sino también moral.

Ella se erige a sí misma como una sensora de la moralidad en el ámbito político y social y su discurso, bastante incoherente, podría quedar nada más que en el chiste de no ser porque su poder económico le permite gozar de audiencia a través de su columna en uno de los periódicos de mayor circulación nacional y de conocido corte conservador, y ha logrado esparcir el odio religioso que destilan sus palabras.

En su última columna de fecha 9 de noviembre del 2014, habla de la desfiguración total de la conciencia del país. ¿Cuál país? ¿El suyo, el de los pobres, el de los campesinos o el de la comunidad católica? Habla de grupos pro-muerte, pagados por instituciones extranjeras. ¿Quiénes son estos grupos y quiénes sus financistas?

Da igual, porque de lo que se trata es de generar terror psicológico, dejando el hueco sin llenar y los nombres sin mencionar, para que “las buenas conciencias” puedan llenarlo con los nombres que deseen.

Además, da igual también, porque lo que importa es que la están calumniando e insultando personal y familiarmente a ella, ya no a la iglesia católica, tras cuyos ropajes se ha venido escondiendo convenientemente.

Esta mujer alza su voz, en nombre de Dios, cual los locos que se sitúan en la plaza central y vaticina la llegada de la Virgen antichavista, antiabortista, anticomunista del siglo XXI y vaticina la destrucción de todos los que, como ella, no sean salvos.

Ella no defiende los valores morales y cristianos, ella defiende sus valores y los de su clase. Tampoco le importan un comino los niños no-natos ni la familia, porque de ser así, ya habría destinado las energías que emplea en maldecir gente en ayudar a los niños pobres de El Salvador, que son millones y a las familias pobres que son otro tanto.

Su imaginación, por otro lado, es salvaje. Lo que no puede hacer, lo imagina. Las descripciones que hace de crímenes, de pecados, de castigos del infierno, de la venida de tal o cual santo, son dignas de una película de horror.

Sólo desde ese horror se comprende que ella vea el mundo como un lugar espantoso en el cual sólo “la gente como ella” logrará entrar al cielo.

Ella se erige como la “guerrera en contra de la perversión”, defendiendo la decencia, rectitud, consciencia, piedad y justicia que antaño rigieron a los salvadoreños en arrasadora mayoría, dice.

Y perversión es una palabra muy grande que a ella y a los que son como ella les cuadra a la perfección. Perversidad quiere decir “corrupción, sobre todo si es causada por malos ejemplos o enseñanzas”.

Esto quiere decir que ella está totalmente convencida de que ella y los suyos únicamente han dado buenos ejemplos a lo que llama “la inteligencia salvadoreña”, si es que algo así existe.

Pues, veamos, históricamente ni hemos sido decentes ni rectos ni conscientes, menos piadosos ni justos. Baste leer un tan sólo capítulo de nuestra Historia, digamos el de 1932 o el de 1980, para darnos cuenta de que nuestra sociedad siempre ha estado enferma. Y lo ha estado por personajes que, como ella, han enarbolado banderas de conveniencia y han azuzado el odio innecesario entre salvadoreños y que, con el objetivo de obtener un beneficio minúsculo, han causado daños mayúsculos a nuestro país.

Lo que sí ha sido El Salvador en arrasadora mayoría, es pobre. Pobre porque nunca se le ha dado la oportunidad de salir adelante y educarse, más que en valores religiosos, que son los mismos que esta mujer viene ahora a impulsar y querer imponer porque a ella así le conviene.

Pero fíjese que no. Le cuento que ya no somos los mismos salvadoreños que nos deslumbrábamos ante los discursos pseudo-ilustrados y llenos de advertencias del infierno. Si algo bueno ha ocurrido en El Salvador durante los últimos años, es que muchos hemos tenido la oportunidad de educarnos y ver mundo. Y eso no pasa por el dinero, sino por la inteligencia que, obviamente, desecha los argumentos basados en preceptos establecidos por clubes sociales (léase iglesias) a los que ya no queremos pertenecer. Y muchos hemos decidido no hacerlo, porque éstos están llenos de gente como usted, que en lugar de trabajar su espíritu en una iglesia, trabajan sus relaciones sociales y sus convencionalismos, volviendo aquello un infierno en la tierra.

Esta mujer no debería hablar de “nuestra patria”, porque “su” patria, no es la misma nuestra. La nuestra es un país donde se respeta a cada uno, ya no por lo que tiene, sino por lo que es y aporta a la sociedad y se reconoce su dignidad como persona para elegir lo que más le conviene a su vida. La suya, en cambio, es una patria de exclusión y castigo, donde hay gente oprimida, ya sea por ley o por religión, lo cual le permite poder gozar de privilegios que, bien sabido es, en nuestros países son obtenidos a base del empobrecimiento de grandes masas.

El país no está llegando, como ella dice, a la total desfiguración de la conciencia, sino por el contrario y para su desgracia, está llegando a la total toma de conciencia, pero ella se resiste a aceptarlo. Esas organizaciones que ella denuncia como grupos pro-muerte, la ONU, Amnistía Internacional, etc. han venido a decirle a gente como ella, que sus privilegios no pueden sostenerse sobre el sufrimiento de muchos. Y si Dios observa algo, seguramente no será a las mujeres que, Dios sabe bajo qué circunstancias, debieron abortar a sus bebés, sino a la gente que, teniéndolo todo para educarse, sigue viviendo en el medioevo y pretende implantar sus ideas a costa del sufrimiento de otros.

La degeneración moral, como ella la llama, es tan sólo evidencia de los síntomas de cambio de una sociedad que ya se aburrió de estar siempre oprimida y atemorizada de un infierno que existe pero en la tierra. El Salvador, hoy día, ya no necesita que lo salven. Para eso nos bastamos y sobramos los salvadoreños que queremos una patria para todos y no sólo para los que junto a usted, Señora, se habrán de ir a aburrir a un cielo de gente intolerante que no ha sabido ver que la bondad nunca tiene por qué defenderse, pero la maldad sí.
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8 nov. 2014

Guatemala imaginada



Guatemala se encuentra estancada y no ha logrado ser la nación que prometía el progreso de los 80.

Debí tener 7 años la primera vez que mis padres me trajeron a Guatemala. Debimos de haber emprendido el viaje a plenas 5 de la madrugada pues, en aquel entonces, éste duraba más de 5 horas y los trámites en la frontera eran un dolor de cabeza.

A la altura de Santa Ana, cruce obligado hacia Las Chinamas, recuerdo que escuché a mi papá decir estupefacto: “Hay varios muertos sobre la calle.” Yo, adormecida en el asiento trasero del coche, no tuve valor para levantar la cabeza. Luego mi mamá comentó que estaban decapitados y, según me enteré luego, las cabezas habían sido colocadas en estacas.

Eran los 80 y estos horrores eran comunes en las carreteras de El Salvador, donde se libraba una guerra civil cruenta que no acabaría hasta 1992.

En Guatemala también había guerra. Pero, pese a que también era sanguinaria, ésta había sido desplazada sobre todo al interior del país. Así, los salvadoreños veníamos a Guatemala ciudad y experimentábamos una sensación de seguridad que no teníamos en San Salvador.
Guatemala era una ciudad moderna, de muchos más habitantes que nuestra pequeña y derruida capital. Para nosotros era viajar en el tiempo.

En la Guatemala de los 80 íbamos a los centros comerciales y hacíamos compras de víveres y productos que, debido a la restricción de divisas, no era posible encontrar en El Salvador. Los dólares escaseaban y el mercado negro hacía su agosto. En “Guate”, como la llamábamos con cariño, visitábamos supermercados, adquiríamos Pepsis en lata, que era producto cotizado por los salvadoreños ya que en nuestro país no existían. Tampoco había chocolates, corn flakes, ropa de moda, zapatos, etc.

Durante mi niñez y adolescencia visitaría Guatemala muchas veces. Unas con mis padres, otras con la Escuela Alemana, de cuyo equipo de atletismo formé parte durante varios años. Luego por mi cuenta.
Años después comenzarían a regarse como pólvora las historias de asaltos y agresiones a salvadoreños en la carretera que conduce a El Salvador, sobre todo en los últimos kilómetros antes de llegar a la frontera. Desde entonces el viaje a Guatemala para los salvadoreños es casi un reto. Conozco personas que, luego de venir cada año de visita, llevan dos décadas sin atreverse a cruzar “la ruta de la muerte”. El asesinato de los diputados del PARLACEN, de nacionalidad salvadoreña, no hizo sino acrecentar el miedo.

Pero Guatemala es así. Impredecible y violenta.

Yo tampoco pude predecir mi futuro. Nunca supuse que viviría en Guatemala. Jamás me lo planté como posibilidad. Vine a vivir en el año 2002 y me mudé con todo y mis perras, la Paula y la Diana, que recién fallecieron en su nuevo y frío hogar.

Aquí comencé una nueva vida. También aquí comprendí la anterior.

Y es que entender Guatemala es comprender el resto de Centroamérica. Aquí el racismo, la marginación, el conservadurismo, la pobreza, el machismo y otros males comunes a la región, son exacerbados. Y es que “Guate”, que aún guarda aires de Capitanía pero que no ha logrado ser la nación que prometía el progreso de los 80, se encuentra estancada. La causa de este congelamiento es la misma por la que generalmente se estancan las sociedades: por una conservación del status quo en función de pocos y en perjuicio de muchos.


Ahora Guatemala es mi nueva casa. Ya no es la ciudad a la que los salvadoreños veníamos en busca de seguridad y para hacer compras. Ahora es una ciudad peligrosa y con serios problemas. Sin embargo, mucho quedó en mí de esa Guatemala imaginada que, ahora comprendo, servía como vía de escape a nuestra propia historia.

9 feb. 2014

Ni de Arena ni del Fmln: las elecciones sin opción.

Eran los 80 y mi generación y grupo social, creía firmemente en los ideales areneros. Había mucho miedo a la guerra y Arena se perfilaba como la única salida a lo que éstos veían como "la pesadilla guerrillera".
Treinta y pico años más tarde se dieron cuenta de que Arena desvirtuó su proyecto y se convirtió en un partido sin principios, donde cada cual sacó su tajada, redujo la clase media y se olvidó de sus bases.
El problema, más grave es, sin embargo, que el Fmln tampoco ha convencido a este grupo social-generacional. Este grupo no deja de votar por el Fmln por capricho, sino por miedo. Y el Fmln, con sus demostraciones de nuevo poder, abusos e ideología trasnochada, tampoco ayuda a generar confianza.
Ni buenos ni malos, sólo salvadoreños con una carga histórica enorme en nuestras espaldas. Pero todos, les aseguro, queremos lo mismo: paz, libertad, trabajo, progreso y un país del que estar orgullosos.

21 nov. 2013

Nuestra educación sentimental


La frase pronunciada por Porfirio Díaz: “tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos” puede ser aplicada a Centroamérica con relación a México, no solo por las disputas territoriales del siglo XX, sino también por la gran influencia cultural sentimental mexicana recibida desde siempre y sobre todo, durante la última mitad del siglo XX y principios del presente.

De México hemos adoptado tradiciones, música, costumbres, platillos, pero también la cultura popular y la influencia de la radio, cine y televisión. La cultura popular mexicana se desarrolló de la mano del proyecto social y político del Partido Revolucionario Institucional (PRI), mismo que los gobiernos “modernizantes” centroamericanos trataron, sin mucho éxito, de imitar.
A falta de propios, íconos del cine mexicano como Pedro Infante, fueron adoptados por nuestra cultura. Y, a falta de educación sentimental, la radio, con sus radionovelas, boleros y baladas; la televisión y el cine, con sus telenovelas, programas y películas charras y ruleteras, han sido las encargadas de educarnos en materia emocional.
Slogans como: “Telenovelas, reencuentra tus sentimientos” o “¡Atrévete a asumir tus sentimientos para realizar tus sueños!” pueden parecernos cursi, sobre todo si tomamos en cuenta que, según el vanguardista español, Ramón Gómez de la Serna, “la cursilería es el fracaso de la elegancia”; sin embargo, poseen algo de verdad.
Vivimos en una cultura que censura y se avergüenza de los sentimientos, que no por ello dejan de aflorar y de regir gran parte de nuestra conducta. Basta con ver sucesos recientes que se convirtieron virales en las redes sociales, tales como el video del ex presidente del Seguro Social, Luis Alberto Reyes Mayén, en Guatemala y “Pablito” Díaz, en El Salvador, para darnos cuenta de que aún nos emociona el desborde sentimental. Penetrar en la intimidad de otro, así sea de forma ficcional, despierta siempre nuestro morbo. Es más interesante un escándalo político teñido de sexo o destape de la verdadera naturaleza humana, que el que acusa a un funcionario de robo, malversación, despilfarro o la aburrida corrupción de siempre.
Y, a falta de educación sentimental y derroteros en los cuales volcar los sentimientos como el buen arte o la cultura, las telenovelas, la balada romántica y hasta el fútbol han servido como válvulas de escape a una sociedad que tiene pocos medios de expresión.
En las telenovelas y la música, no solo “el pueblo”, sino la sociedad en su conjunto han podido ver expresados sus pesares, sus dolores y deseos, sus esperanzas y anhelos, pero sobre todo sus desmanes. No estamos solos en esto, parecen decir las letras melancólicas de los boleros y los gritos de despecho de las antagonistas de las novelas. A todos nos puede pasar. Así se aprende a vivir la vida y el amor. Se puede vivir la pobreza con dignidad, parece ser, por otra parte, el mensaje de las telenovelas que, pese a todo, defienden siempre el derecho a encontrar la felicidad.
La falta de oportunidades para salir adelante por medios propios, así como la incapacidad de nuestros gobiernos de eliminar la pobreza, han sido el caldo de cultivo perfecto para que estas historias se implanten en el imaginario colectivo. Una mala que lo es cien por ciento, así como una buena que no tiene dobleces, hacen más sencillo entender el mundo. Y de esta misma forma hemos juzgado cualquier acontecer histórico o social. No importa comprender el contexto histórico o político, basta la condena de un público sin educación que, en lugar de pensar, siente. Eso explica por qué en nuestros países ha sido siempre “el amor” el que ha triunfado y muy pocas veces ha ocurrido lo mismo con las ideas.
Columna de Vanessa Núñez Handal en la Revista Contrapoder/Guatemala


MOVIMIENTO PANAMÁ


MANIFIESTO

18 Noviembre 2013 

A todas y todos:

Los escritores que suscriben se reunieron por primera vez en la Ciudad de Panamá del 20 al 26 de octubre de 2013, con motivo de ser convocados  como Jurados del LXXI Concurso Nacional de Literatura Ricardo Miró, por el Departamento de Letras de la Dirección de Publicaciones del Instituto Nacional de Cultura de Panamá

Durante dichos días, más allá de su labor específica encontraron importantes coincidencias entre sí en cuanto a la actividad cultural potencial a desarrollar en sus respectivos países y también, a través de la acción conjunta en toda Latinoamérica y España, proponiéndose entre otras tareas, el traslado de los integrantes de este Movimiento Panamá por los distintos países de la región para eventos culturales, donde podamos aportar nuestro saber

Es así que, en la búsqueda de generar futuros espacios que fomenten el acercamiento de los distintos actores que componen el entramado literario (cuento, novela, poesía, ensayo y dramaturgia) crean el Movimiento Panamá, procurando promover acciones (encuentros, talleres, simposios y toda otra actividad) que creen las condiciones necesarias para poder llevarlas a cabo, tanto entre los estudiantes como también aquellos que por sus condiciones valiosas no logran acceder a un trabajo digno como escritor, no pudiendo ser conocidos; además de todos aquellos literatos interesados en colaborar y las instituciones y empresas que apoyen nuestra tarea

Así mismo, establecer un permanente intercambio entre sí, utilizando para ello las distintas tecnologías actuales y la concurrencia adonde se les requiera, en el entendido que se debe fomentar y estimular la creatividad para que los pueblos que componen este continente accedan a la literatura en sus distintas ramas, tanto en la labor de escribir como también el leer y escuchar

Componer un texto literario es aprender a redactar, rescatar del olvido las diferentes cotidianeidades de cada lugar, transformar las realidades

Es tarea importante apuntar a superar las dificultades económicas que lamentablemente impiden habitualmente las publicaciones

Por todo lo antedicho, los abajo firmantes deciden fundar el autodenominado MOVIMIENTO PANAMÁ, en honor al país anfitrión que permitió el encuentro, con el propósito firme de seguir trabajando juntos en pos de la literatura de nuestro continente

(Escritores fundadores del Movimiento Panamá, por orden alfabético):

Agustín Labrada  (México) asere40@telmexmail.com
Andrés Caro Berta (Uruguay) andres@andrescaroberta.com
Aristides Royo (Panamá) aristidesroyo@gmail.com
Beatriz García (Chile) mgarciam@uahurtado.cl
Carlos Wynter (Panamá) wynter.carlos@gmail.com
Cira Romero (Cuba) cromero@cubarte.cult.cu
Diego Arévalo  (Colombia) darevalo2008@hotmail.com
Gloria Young (Panamá) gloria.young1@gmail.com
Ignacio del Valle  (España) delvalleignacio22@gmail.com
Mario García Hudson  (Panamá) mario_agh@yahoo.com.mx
Ramiro Domínguez  (Paraguay) cnbrecim@hotmail.com , mariben@tigo.com.py
Roberto López Moreno (México) robertolm2007@yahoo.com.mx
Rossana Uribe (Panamá) rossanau@ruapn.com
Valentina Saa (Venezuela) valentinasaa@gmail.com  
Vanessa Núñez Handal (Guatemala)  nunezhandal@gmail.com

23 abr. 2013

Una entrevista en Séptimo Sentido (LPG, El Salvador)


Pude escribir la historia porque no me tocó recoger muertos

Vanessa enfoca sus ojos claros hacia el paisaje de la Zona Rosa. Confiesa que El Salvador le provoca cólera y añoranza. “Es que aquí todo está agringado”, protesta a la vez que señala las palmeras a lo “Miami Beach” y los rótulos de las franquicias anglosajonas de los alrededores. “Lo peor es que hasta la copia nos sale mal”, agrega con sarcasmo al indicar el nudo de cables que ensucia el cuadro lejano compuesto por el centro de San Salvador y el cerro San Jacinto, que se aprecia desde donde está sentada. Esta abogada de profesión habla sin censura y con jocosidad. Arroja las palabras con rapidez y emoción, como con hiperactividad. A veces, algunas de esas palabras atropellan a otras.

Seguir leyendo:

http://www.laprensagrafica.com/Pude-escribir-la-historia-porque-no-me-toco-recoger-muertos

23 nov. 2012

El Contrato Social que nunca firmamos



 
Preguntarse por qué en EEUU las cosas sí funcionan y en nuestros países no, es remontarnos al origen de nuestras “naciones”.
Mientras EEUU nació como un país creado y diseñado a partir de una colectividad que compartía ideales, objetivos, rasgos culturales, etc., los nuestros fueron creados por caudillos a partir de sus fincas y de sus intereses.
La independencia de EEUU se gestó como el nacimiento de una comunidad y se fundó en principios democráticos, mientras que nuestros remedos de repúblicas se gestaron como la reproducción de las fincas de los criollos, con el objetivo de proteger únicamente sus intereses y mantener a las masas sumidas en la ignorancia y la pobreza a fin de seguir exportándolas, como había ocurrido desde La Colonia.
Lo más lamentables es, sin embargo, que hoy día, casi doscientos años más tarde, las cosas siguen siendo muy parecidas (si es que no idénticas) en Latinoamérica. Peor aún en Centroamérica donde un grupúsculo maneja nuestros países en su beneficio, dejando desprotegida a la masa de “ciudadanos”, para que se las arreglen como puedan y que claro, no esperen nada de “el Estado” (aunque paguen impuestos y obedezcan sus leyes) porque éste está demasiado ocupado resolviéndole los problemas a ellos. Cuidadito con el que proteste porque de sobra sabemos cómo les ha ido a los que han tenido algo que decir o señalar.
Es desde estos mismos intereses que se quita y se pone dirigentes políticos. Mismos que carecen de ideología, principios rectores o preparación. Llegan al poder de igual forma en que lo hace un hambriento a un banquete. Se abalanzan sobre el saqueo y olvidémonos de que van a hacer algo por “la patria”, con la que se abanderan durante toda la campaña electoral.
Por otro lado, hemos construido una pseudo-democracia, fundamentada en un “pueblo” al que nadie se ha ocupado de preparar para ejercerla. Vamos a votar sin tener idea de la propuesta de plan de gobierno que de todas formas ni existe.
Por su parte, los ciudadanos comunes y corrientes, tampoco hemos mostrado entusiasmo por educarnos y prepararnos para poder ejercer y exigir nuestros derechos y obligaciones. Ante un pueblo que sólo vota, pero no controla, es obvio que los políticos no tienen ninguna presión por hacer las cosas mejor ni por cuidarse las espaldas.
Volvemos así al meollo del problema eterno: la educación. Ésta implica no sólo la instrucción, sino también una cultura crítica que permita plantearse vías alternas de solución.
Solucionar problemas que datan de hace 200 años atrás, si es que no de 500, no es cosa fácil. Implementar dichas soluciones, mucho menos.
Lo que necesitamos no es sólo buena voluntad, sino preparación. Fijarnos un mismo objetivo y establecer los mecanismos para alcanzarlo. Necesitamos, en fin, líderes que abanderen pactos nacionales que nos permitan aunar esfuerzos hacia el mismo objetivo sin olvidar que, aunque no nacimos siendo una nación, aún tenemos la oportunidad de lograrlo.