3 ene. 2010

Herta Müller y el inicio de otro año

Y comenzó el año. Muy nublado eso sí. No pude entonces dejar de pensar en el desbarajuste climático en que estamos viviendo. Desde hacía mucho oíamos hablar de que el planeta se iba a acabar, de que había que cuidar a la “madre tierra”, etc. Pero creo que jamás pensamos que sería cierto ni que sería tan pronto. Pero es que el descuido en que hemos caído ha sido garrafal. Creímos que íbamos a poder utilizar bolsas, envases y demás objetos contaminantes, sin que esto resultara en un daño. O peor aún, creímos que el daño “no se notaría”. Y se notó. Ahí tenemos el Lago de Atitlán que es un horrendo grito del ecosistema. Y es que ahora que iba de Panamá a Guadalajara, vi por la ventana un lago que según mis cálculos debía ser Atitlán. Lo que me llamó la atención es que el lago que veía tenía una isla al centro, y hasta donde yo recordaba Ati carecía de una. Luego observé mejor y me di cuenta de que la isla no era tal, sino la famosa cianobacteria que se acumuló al centro del lago y da la idea de tierra seca.
Por otro lado, me acabo de desayunar todos los periódicos atrasados y los del día. Veo que el mundo sigue igual, que los muertos se siguen muriendo (o los siguen matando), que la pobreza y la desigualdad no cambió en nada con el año nuevo y que aún nos seguimos jactando del avance y el progreso de nuestros países respectivos, cuando tal desarrollo no es más que cosmético y alcanza tan sólo a las principales ciudades y a algunas personas.
De taco de ojo –eso sí– me regalé el libro “Un rincón mágico” (1994) del Banco Agrícola, en el cual se mostraron en su momento las mejores fotografías aéreas que los salvadoreños hayamos visto de nuestro país. Un país que hasta 1992 estuvo en guerra, y que por lo mismo, no pudimos visitar con facilidad. Yo recuerdo la primera vez que vi estas fotos. Simplemente no lo podía creer. Para mí era impresionante que El Salvador tuviera esas costas, esas bocanas, ríos, lagos, bósques, etc. y que yo no las hubiera (haya hasta la fecha) visto. Por eso me lo compré en esta Navidad, porque son las fotos de El Salvador que yo conocí: sin tanto centro comercial, sin tantas calles nuevas, sin tantos pasos a desnivel ni edificios. Una ciudad más bien ochentera, pero que fue la que se quedó guardada en mi imaginario capitalino.
De recomendación de año nuevo: léanse el discurso de aceptación del Nobel de Herta Müller. La mujer que, no sólo tiene ideas brillantes, proyecta unas imágenes que casi parecen película. Ya me hice de dos ejemplares de su obra: compré uno y Hilma me regaló el otro, así que, en cuanto los haya leído, se los comentaré. Por ahorita, me quedo con sus memorias sobre la libertad.

3 comentarios:

Carlos dijo...

Ahora, imaginate cómo fuera San Salvador si no tuviera terremotos y, por supuesto, sin emigración: una copia en miniatura de São Paulo, con sus correspondientes favelas.

En agosto estuve en la bocana de La barra de Santiago y en El boquerón – lindos lugares verdaderamente. No los había visitado desde mi niñez. Todavía quedan lugares atractivos pero son frágiles, muy frágiles.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Fijate Carlos que justamente eso me comentó alguien: que esas fotos muestran paisajes que no son tan así. Que desde el aire es una cosa, pero que ya ir ahí es otra. Que los lugares son muy sucios, que no hay ni hoteles para hospedarse, y que la inseguridad es tremeda. Y el corazón se me tuye, hombre. Porque uno quisiera creer que tiene un país bonito, turístico... pero nuestras realidades -según parece- siguen siendo de pobreza y de descalabros. Igual, voy a visitar algunos para desengañarme y comprobar lo dicho. Un abrazo!

Alberto B. dijo...

Conozco la obra de H. Muller desde hace años, y siempre su calidad ha sido sin parangones. Se la recomiendo mucho y me gustará leer su opinión sobre su obra.