23/8/2009

Del "Minimum vital" a la violencia absoluta: Alberto Masferrer "reloaded"


Cuando Alberto Masferrer (Usulután, 1868-1932) escribió “El mínimum vital” (1929), El Salvador atravesaba por una crisis derivada de la gran depresión económica que resquebrajaba la economía estadounidense y que había hecho caer los precios del café (principal producto de exportación de El Salvador).
Derivado de ello, miles de campesinos se vieron obligados a ganar salarios de hambre, en el mejor de los casos. El resto, sucumbía al hambre, la pobreza y las enfermedades.
Para Masferrer había llegado la hora de que el hombre hiciera una nueva alianza, una nueva forma de hermandad. Ya no era posible aceptar “dolorosas e irrazonables exageraciones” como doctrinas salvadoreñas. El odio de clases, el afán de atesorar y oprimir en unos y el de vengarse en otros, advierte, “se ha cristalizado en dos formas agudas: una tiende a la destrucción de las clases cultas, al nivelamiento económico, al rebajamiento de un comunismo absoluto; y otra, excrecencia de la codicia, insania o perversión de algunos millares de vampiros, para quienes la dignidad, la libertad, la independencia, la sangre misma de las naciones son materia prima para fabricación de dólares”.
Y sí. Ya sé que esta fórmula nos suena por demás conocida y actual. Pero Masferrer iba más allá. Todo ello, aseguraba, estaba conduciendo al país hacia el odio de clases, el rencor, la organización de los que ya por aquel entonces estaban preparando el día del desquite.
Y el desquite llegó. No una vez, sino varias a lo largo del siglo pasado. Llegó en enero de 1932, cuando cientos de indígenas se tomaron Sonsonate y mataron a machetazos al Alcalde y otros "notables", y saquearon almacenes. (Demás decir la forma brutal en que fueron reprimidos en consecuencia.)
Y llegó de nuevo a mediados de los setentas, y a finales de la misma década, y en enero de 1980, y a mediados de los 80´s, y en noviembre de 1989, cuando la capital fue atacada desde diversos puntos por grupos armados que durante más de una semana tuvieron a la ciudad en zozobra, paralizada y evidenciaron que la lucha iniciada en 1932 no estaba olvidada, y que la guerra de los setentas y ochentas no estaba perdida, y que no se encontraban en desventaja frente al ejército.
“Y cuando llegue (agrega Masferrer) —que será cuando los de arriba hayan agotado los medios de opresión y de represión—, tendremos el mismo desorden, la misma construcción malvada y estúpida, en que sirve de cimiento el esclavo y de coronamiento el señor”. Y también llegó este agotamiento de medios, y los de arriba se vieron obligados —con todo y el ejército que habían construido, fortalecido y especializado— a sentarse en una mesa de negociaciones y escuchar las demandas y prometer el cumplimiento de ciertas básicas que garantizarían el “mínimum vital” de un pueblo sufrido y resurgido de lo más hondo del caos.
Pero no las cumplieron. Ni un bando, ni el otro. Los “darwinismos comprendidos idotezcamente con su doctrina de la lucha, de la supervivencia del más apto, que viene a ser, según el criterio del egoísmo, el más ávido y descorazonado”, volvió a hacerse presente. Y el “mínimum vital” (tabla de salvación en el naufragio de la codicia extrema, según Masferrer), que si bien no es un estado ideal, al menos según el autor, era lo factible, lo sencillo, quedó en el olvido.
“El nuevo camino real, la vía ancha y clara del amor, a dónde los hombres, un día volverán”, quedó otra vez perdido en algún recoveco de nuestro andar, condenándonos así a caminar en círculos por quién sabe cuántos siglos más.
Conmovedora es pues esta obra de este pensador salvadoreño que remeció en su momento a las clases pudientes, que se vio exilado de su patria, no por plantear cosas extremas, sino más bien moderadas, pero que, sin embargo, resultaban demasiado riesgosas para algunos e insuficientes para otros.
Un tanto ingenuo, sí, porque partir del hecho de afirmar el amor como base de la conducta humana, es ir contra la historia y contra todo lo que nuestros países tienen que contar. Interesante, sin embargo, porque antes de que nuestro pequeño país convulsionara en violencia y sangre, él lograba ver un futuro lleno de odio y separación en una nación que, hoy por hoy, es el segundo país más polarizado de Latinoamérica después de Chile.

6 comentarios:

Nancy dijo...

Ay Vanessa, veo que tengo varios posts por leer. Pero lo haré en estos días porque a tu blog me gusta entrar con tiempo. Es siempre un gran placer leerte. A ver cuándo te conozco en persona para conseguir tu autógrafo en tu libro.
Apapachos

Vanessa Núñez Handal dijo...

Hola Nancy. Cómo te va? De verdad que un día de estos nos tomamos un cafecito. Vos decime cuándo te queda bien. Un abrazo y gracias por vivistarme siempre!

Alberto B. dijo...

Masferrer es un maestro. sin duda ujn idealista, pero es que las buenas cosas comienzan siendo ideas
saludos.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Es que sí. La idea fue primero, eso es un hecho. Gracias por pasar.

Alberto B. dijo...

¿Dónde encontraste el Mínimum Vital?

Vanessa Núñez Handal dijo...

En una librería de usados en el Centro de Guate, "aunque ud. no lo crea". Debe haberme costado Q10 o por ahí!