30 ago. 2009

¿Crueldad o libre competencia?


Que se celebre en Guatemala un festival gastronómico que superó el Guiness Rercord de platillos servidos en un buffet (unos 1,200), mientras que los medios de comunicación anuncian que Guatemala es el país con mayor desnutrición en el continente, ya no es sólo indignante, sino que obliga reflexionar ¿qué pasa? ¿Qué verdaderamente pasa en nuestros países —porque el resto de Centroamérica no es distinto— donde lo que ya ni siquiera podría ser calificado de pobreza extrema, sino de crueldad humana, convive con la riqueza y la indiferencia de muchos? ¿Qué nos ha hecho llegar a estos niveles de cinismo y deshumanización? ¿Cómo llegamos a ver la muerte de un niño como algo normal, inevitable y ajeno?
Conversando el otro día con unos estudiantes, les planteaba la problemática de la desnutrición. Veíamos que en Guatemala la mitad de los niños menores de cinco años no se ha desarrollado ni física ni mentalmente de forma adecuada. Que un gran porcentaje de la población de nuestros países sobrevive (si es que eso es posible) con menos de un dólar al día. Que existen poblados en Guatemala, tal es el caso de Tulul (situada a tan sólo 90 Kms. de la ciudad de Guatemala), donde el 83.6% de los menores de cinco años padecen de desnutrición crónica. Y otros casos desconcertantes, como Almolonga, un poblado situado en el Altiplano del oeste guatemalteco, donde se cultivan, venden y exportan vegetales a toda Centroamérica, pero que tiene uno de los índices más altos de desnutrición de la república.
Lo preocupante del caso es que según estos estudiantes, futuros administradores de las empresas y de la nación, los casos de desnutrición se deben a la irresponsabilidad de los padres por no adoptar métodos de control natal, o por ser alcohólicos, o por no saber aprovechar las oportunidades. Hubo alguno por ahí, que incluso manifestó que se debía a la libre competencia. Y ante mis ojos de incredulidad explicó que unos aprovechan mejor las oportunidades que otros, y que por lo tanto era lógico que los “campeones de la vida” gozaran de las mejores condiciones de vida, mientras que los otros se murieran.
¿Qué existe detrás de todos estos argumentos? Porque no estamos hablando simplemente de un análisis individual, perdido por ahí. Estamos viendo una juventud a la que se le ha hecho creer que carece de responsabilidades sociales y que la vida se trata de que cada cual salga adelante como pueda, y que el resto se las arregle por su cuenta.
Se trata de un individualismo llevado a ultranza, donde lo que importa es que mi familia y yo progresemos. El Estado, por lo tanto, es un ente que sirve para fines particulares, y no tiene la obligación de evitar que no haya una tan sola persona que muera de hambre, que todos contemos con hospitales decentes, con carreteras, con seguridad, etc.
El resultado de este pensamiento individualista y poco solidario, ha sido —desde hace mucho— el abandono de las clases necesitadas a su suerte. De una población que no sólo no cuenta con lo básico para vivir, sino que no tienen siquiera derecho a la vida, ya que mueren antes de cumplir cinco años.
¿De quién es la responsabilidad, al final de cuentas? Pues de todos. De la sociedad civil en su conjunto. De unos ciudadanos que observamos con indiferencia que nuestras naciones son inoperantes para proveer a sus nacionales del “mínimum vital”, e inventamos historias neoliberales como la libre competencia o la ley del más fuerte para limpiarnos la conciencia y no sentir culpa al gozar de lujos.
Preguntémonos ahora de dónde salieron los levantamientos indígenas en su momento, la guerrilla después y la delincuencia y las maras de hoy en día. Preguntémonos porqué surgieron. Quienes fueron los que los vieron sufrir con indiferencia, y quienes fueron los que, en su momento, cuando aún era tiempo de otorgarles lo que les correspondía por ser humanos (no por caridad o por beneficencia) no tomaron las medidas adecuadas para que en un futuro (que es el presente de hoy) no nos pasaran una factura con un precio absurdo en muertes y violencia. Preguntémonos además, quienes seremos, de igual forma, los culpables del caos del mañana.

6 comentarios:

Patricia Cortez dijo...

Hola Vanessa, le conté a mi esposo lo del record y dijo exactamente: ¿y tirando comida donde los niños se mueren de hambre?
Yo entiendo que la salud y también la desnutrición es un problema multicausal y complejo, pero si no se ven argumentos como los de tus alumnos, se ven argumentos como "el gobierno tiene la culpa", (no el estado)

Anónimo dijo...

Muchos de los problemas de la niñez surgen por ese "reconocimiento" que se les da a los niños como no-adultos, como seres incompletos a los que hay que educar y alimentar "como debe ser". Pero sin duda ni siquiera nosotros mismos vemos a los niños con esa malvada tacha. A estos niños hambrientos, inconcientemente, debemos verlos como seres que ya no sirven para la sociedad, y como ya no sirven, dejamos que se mueran. Realmente somos indignantes.
Alimentar con toda esa comida a los más necesitados, eso sí hubiese sido un record mundial. Todo lo demás fue pobre vanagloria y gula.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Hola Patty. De acuerdo con vos: es un problema multicausal, y por eso precisamente es que es responsabilidad de todos. Un gobierno, por bueno que fuera, no sería capaz de resolver el tema. Lo aflictivo es que, mientras se buscan soluciones, que pueden tardar años, los niños se mueren día con día... Uno intenta claro, aportar desde su ámbito, pero ya ves que no siempre hay acogida a las iniciativas. Seguiremos insistiendo igual. Saludos y gracias por pasar.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Gracias Anónimo por el comentario. Es que sí, cómo puede ser que se pase a nuestros pueblos la vara del "más fuerte", cuando no hay igualdad de condiciones". Justo como dice Masferrer, el Darwinismo estúpido"... Pero también existe el hecho de que a estos niños se los mira antes como pobres, y no como niños. Porque un niño no puede competir, no tiene la culpa de su pobreza, tampoco puede calificársele de resentido social o de comunista... y sin embargo se les tira en el saco de "los culpables de su propia suerte". Indignante en verdad. Gracias por pasar.

Anónimo dijo...

Duele en el alma ver a niños pasando "crujias " (como dicen en mi pais)...Aunque se empiece con poco ...se pueden hacer grupos para llevar ayuda a las familias menos pudientes...y esto es adictivo...despues de ver sonrisas quieres seguir viendolas...
Aunque sea de a poquito ...es siempre bueno llevar estas ayudas

Un saludo

Vanessa Núñez Handal dijo...

Hola Anónimo. Justo ahora se han organizado varias agrupaciones humanitarias para llevar ayuda. El tema es que esto ocurrirá nuevamente el año entrante y de aquí a diez, etc, si no se ataca la verdadera razón. Esto viene ocurriendo en nuestros países desde hace décadas, y nunca parece ser relevante como para que nuestros Estados adopten medidas para prevenirlo. Sin embargo, la indiferencia es todavía peor que las medidas apresuradas. Y el colmo es que la solidaridad en nuestros pueblos, se confunde con ideologías. Gracias por pasar y un abrazo.