25 nov. 2009

En tránsito por Panamá hacia Guadalajara

Hoy Panamá estaba lluviosa. Como descubrimiento, vi que las capas de nubes de lluvia, contrario a lo que se mira desde abajo, son varias. Una sobre las otras y en pedacitos. Sobre ellas el sol parece consumirlas.

Punta Pacífica desde la ventana del departamento de Ivania

Luego de 24 horas en Panamá, una cena exquisita con Ivania en el casco antiguo, llegué hoy a las 2 pm a Guadalajara.
Al pasar por migración el sistema marcó un error en mi visa que, luego de 45 minutos, nadie supo determinar qué era. Me hicieron firmar un acta donde me daban por enterada. Supuestamente el asunto quedaba resuelto para futuras ocasiones. (Eso espero.)
Mientras tanto, en la sala de migración se formó una reunión de visitantes de la Fil, todos víctimas del mismo error. Dominicana, Ecuador, El Salvador… Llegamos entonces a la conclusión de que el verdadero problema era ser extranjeros y latinos.
Luego aduanas. La revisión de equipaje que, hasta donde yo recuerdo, no fue así el año pasado, resultó un tormento. Resulta que miembros del ejército mexicano, dotados con un par de guantes de hule, supongo que especializados en detectar escondites, le revisan a uno todo… pero todo. Mis proteínas y las Advil (¿?) dieron lugar a preguntas. Los pobres perros flacos y adictos caminaban desesperados entre las maletas. Y, como preguntó un librero dominicano: ¿Qué pasa si me huele porque siente el olor de mi perro? No tenga pena, le dijeron. A estos perros no les interesa eso. (Pobres animales.)
Guadalajara, por su parte, calurosa pero rica. No hay la humedad espantosa de Panamá, que ayer casi me mata al caminar en la calle y que de verdad hace difícil que los pulmones cojan oxígeno.
Ya instalada, maletas desempacadas y zapatos cómodos, cené tacos de carne con tres salsas y una sopa de fideos exquisita. Y es que si algo me encanta de México es su comida. (Y nótese que yo soy un desastre con la comida.)
El peso devaluadísimo. $13 por $1 hace que todo valga casi la mitad que en Guate. Ni modo, la crisis parece tener al fin un beneficio para nosotros los tercermundistas.
Recién chateé con una amiga, que está en otra feria del libro en el extremo opuesto a mí, y me dio gusto oírla tan contenta.
Les dejo esta cita que hoy leí en un mail que me remitieron de la dirección de prensa de la Fil, y que me pareció muy buena:

“No todos somos Carlos Fuentes, pero muchos tenemos talento, técnica literaria y una voz nueva que merece ser conocida. Sólo el tiempo dirá si somos herederos de Fuentes, Borges, Cortazar o incluso mejores que ellos.” Rebeca Gómez Galindo en referencia a los autores noveles y los obstáculos que enfrentan.


En la foto, una valla gigante ubicada frente a mi hotel, atrás de la Fil.

El apoyo que recibe esta feria es impresionante, y la publicidad que se le hace algo que nuestros pueblos centroamericanos jamás han visto… pero que ojalá algún día vean.

Mañana voy al centro de paseo. El hospicio Cabañas, donde hay varios murales de Clemente Orozco y unos naranjos que en esta época están cargados, es el objetivo. De almuerzo, unas tortas ahogadas con una Estrella bien fría.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Que te salga todo bien. Te mando un abrazo hasta tierras tapatías! YO

Vanessa Núñez Handal dijo...

Gracias, ahí te mando las fotos y los chambres.

Andrés dijo...

Que tenga buen viaje y se disfrute mucho la feria! Andrés P.

Angel Elías dijo...

Siempre son alegres las ferias, en especial las FIL, espero traigas recuerditos, un par de librillos nomás...
Oraleee!!!

Vanessa Núñez Handal dijo...

Mejor les voy a llevar un su tequila, para que nos lo tomemos una tarde luego del círculo de lectores, jajaja.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Gracias Andrés!

Comunidad de Lectores Gt dijo...

bueno, en todo caso amiga Vanessa te tomamos la palabra.

y gracias por saciarnos la sed... de conocimiento, por supueto!!!!