13 may. 2009

Cómo acercarse a Borges y no morir en el intento


Conocí a JL Borges —es decir, su obra— por medio del libro de ensayos “Otras inquisiciones”, que me fascinó desde el inicio y me intrigó en su forma de plantear interrogantes. Me di cuenta que tras esa apariencia de raciocinio existía algo que yo tenía que descubrir.
Borges me provocaba sensaciones que me eran conocidas y extrañas a la vez. Como cuando la idea ya nos ha sido dada mucho tiempo antes, pasea en nuestra mente, pero la voz que la expresa de nueva cuenta nos resulta desconocida.
Entonces me devoré (literalmente) ese libro y quise más. Continué con El Aleph, La Historia Universal de la Infamia, sus poemas, etc.
Aunque las adquirí en Buenos Aires, aún no he terminado con sus obras completas, y quizás nunca lo haga. Me daría miedo que Borges dejara de ser un misterio en mi vida.
Y yo entiendo perfectamente que este hombre, para algunos infuloso y para otros un ser extremadamente sencillo, despierte en los lectores dos sentimientos opuestos: el del odio intenso o el del amor apasionado. Yo, obviamente, me considero de los segundos. Pero cuando me toca trabajar a este autor en mis clases y talleres, trato —aunque sé que no siempre lo consigo— de ser un poco imparcial.
Sé que no todo el mundo comulgará con Borges. Y no han de hacerlo, no por sus ideas, que son universales y poco controvertibles, sino por su forma tan particular de expresarlas.
Y es que Borges es laberíntico, engañoso y complicado. Nos transporta a un pasado que ya hoy día es difícil de ubicar, donde las reglas del honor, el amor por la patria y la raza, la lealtad, la amistad, eran reglas más importantes que las legales o morales. Donde la fascinación por países lejanos y cuyos nombres nos suenan a cuentos de Las mil y una noches, nos hace transportarnos a universos donde las cosas —a pesar de saberlas fantásticas — nos resultan creíbles. (Lo terrible es no terminar de entender porqué.)
Siempre digo a mis alumnos que Borges no es, sin duda, un escritor fácil, y que quien desee poder gozar de las extrañas sensaciones que su obra provoca, deberá tener la paciencia de leerlo una y otra vez, hasta que el texto —como una especie de texto sagrado— le sea revelado en su tiempo. En el del texto, claro está.
En Borges confluyen una serie de ideas más o menos recurrentes: el laberinto, el espejo, la muerte, la posibilidad de volver de ella, la inmortalidad, el absoluto, la traición, el desdoblamiento, las obsesiones, el eterno retorno, etc. Y como son ideas con las que no convivimos en el día a día, es por ello que a nuestro cerebro le cuesta concebirlas y trabajarlas. Es como hacer ejercicio utilizando un músculo flácido. Las primeras veces puede resultar molesto y hasta doloroso, pero luego, pasa a realizarse de forma natural y casi por inercia.
Y es que para disfrutar de la obra de Borges es preciso estar dotado de una buena dosis de humor, que incluye la capacidad de reírse de uno mismo y de su ignorancia; paciencia para esperar que —como en un sueño— el mensaje nos sea de a poco revelado, lo cual puede ocurrir en la 2ª o 10ª lectura (raros son los casos en que ocurre en la 1ª); el deseo de enfrentarse a un reto como pocos: aprender de la mano de un maestro que nunca quiso hablar de filosofía, mitología griega, literatura clásica, metafísica, etc., pero que si bien su obra está plagada de estos temas, es porque esos fueron los temas que le tuvieron ocupado su vida entera. ¿Y de qué otra cosa habla uno en su obra sino de aquello en lo que meditó a lo largo de los años?
Seguiré entonces con Borges, tratando de descifrar mis propios laberintos, ya que quizás, quien quita, un día pueda yo también descifrar “La escritura del dios”.

8 comentarios:

Carlos dijo...

Yo pasé disgustado mucho tiempo con Borges. ¿Cómo pudo ir a Chile a recibir el premio que le otorgó Pinochet? Ya había leído una buena parte de su obra. Era uno de mis ídolos literarios. Pero lo mandé al exilio en los cajones más refundidos del subsuelo de la casa. Luego se pasó el fervor revolucionario de los años ochenta. Entre otras cosas logré entender que era posible separar al hombre político del hombre literario. Ficciones es uno de mis libros de cabecera. Su poesía me sorprende por su increíble sencillez y profundidad. Las milongas populares que escribió revelan a un Borges cotidiano y hasta callejero (¡!), fuera de los laberintos, los espejos y las bibliotecas. Un amigo que lo conoció me contó que le gustaba cantar tangos picantes y prohibidos.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Hola Carlos. Gracias por pasar.
A Borges le afectó mucho ese premio "políticamente contaminado", pero si lo pensás, fue mayor su afrenta al recibirlo y seguir siendo apolítico. Porque salvo en su postura antiperonista, no encuentra uno en la obra de Borges una postura política, ni siquiera humanística. Yo creo que el mito del Borges ultra-derechista es un poco eso, un mito, y se construyó sobre lo que no hizo, sobre su silencio con respecto a las causas políticas de la época. No sé, tendría que revisar un poco más el tema, pero hoy día esa es mi impresión. Y cabal, coincido con vos en que el escritor y el hombre, nada tienen que ver entre sí. Un abrazo.

Patricia Cortez dijo...

Querida Vanessa. yo conocí a Borges en una revista que se llamaba "la biblia en america latina" y que era ROTUNDAMENTE política.
yo creo que, aunque el escritor se compromete con su escritura, más se compromete con su tiempo y el tiempo de Borges, fué, como el nuestro en guatemala, un tiempo plagado de infamia. Borges es como mi abuelo,(que era un militar-poeta), en si una contradicción, yo no puedo juzgarlo, porque juzgaría una parte de mi que ya murió, pero que no puedo negar.

Mazatl dijo...

Borges el escritor:

No sólo existe el mito sino también el tópico (o sea el cliché) en muchos países, de que "el escritor" debe ser de izquierdas ¿Pero quién hizo tal decreto? ¿Y cuál autoridad lo rubrica? ¿Y por qué?

¿Acaso la literatura no es la única república verdaderamente libre donde el escritor puede realizar su más soberano deseo o sueño o abrazarse con sus fantasmas?

¿Por qué el escritor tiene que ser de izquierdas, o de derechas?

¿Acaso un médico o una arquitecta o un mecánico... está sometido a la misma ley -ideológica-?

Cuando un escritor se define independiente, o se desmarca de las etiquetas... se le tilda de traidor y hasta se le insulta.

La obra -y en otro caso: la posición política o los intereses económicos- pertenecen al ámbito personal o intrínseco del artista.

El cambio de posición ideológica o la permanencia en una cofradía solamente se explica por la experiencia personal.

Pero en definitiva el artista solamente se debe a su obra.

Saludos a todos.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Hola Patricia. Fijate que no conozco esa revista, que supongo debe ser de derecha. Es así?
Yo no digo que Borges no era un hombre político, seguramente lo era, como todos, pero su obra no nos habla de ello. Aunque concuerdo con vos que publicar en una revista determinada es ya una postura.
Con lo del premio recibido de manos de Pinochet, he oido varias versiones, pero no tengo claras las circunstancias.
En todo caso, escritor de derecha o de izquierda no era. Hombre de derecha, seguramente. Saludos.

Hola Mazatl. Hoy día tu postura tiene absoluta lógica y creo que pocos piensan que un escritor deba suscribirse a una u otra tendencia política. Pero en aquella época, la de un Borges humillado por el General Perón, que lo destinó a supervisor de huevos y gallinas, y un Pinochet que ejercía una represión aterradora sobre Chile, no se pensaba igual. Había una especie de obligación por parte de los escritores de comprometer su obra con su realidad y tomar una postura política. El "arte comprometido" fue quedando poco a poco en desfase, y ahora nos parece ilógico vincular arte y política. Eso es una gran cosa, pero estoy segura que Borges sufrió muchas molestias a causa de ello. Fue una suerte que no se le haya ocurrir escribir una Oda a alguien, como sí le ocurrió a Neruda, por ej. Gracias por pasar y saludos.

Nancy dijo...

Yo he pasado por todos los sentimientos con Borjes, pero finalmente me quedé con él, con sus letras por encima de todas las cosas.

Carlos dijo...

Me fascina que en estos cinco comentarios se revele tanta madurez, sensibilidad histórico-literaria, y honestidad. Y gracias por tu pensamiento moderador, Vanessa. ¡Bravo!

Vanessa Núñez Handal dijo...

Hola Nancy. Yo igual que tú, si tuviera que escoger, me quedaría con su obra. Sin embargo, hay varios libros sobre su vida, deberías darle una leída. Borges era un tipo especial también en lo cotidiano, y pienso que Buenos Aires también era una ciudad muy particular.

Carlos: no hay cosa que aliente más a un "bloggista" que los comentarios de los lectores. Y sí, tanto Nancy, como Mazatl, Patricia y vos, me dejan siempre pensando y me ayudan a ver cosas que yo quizás no haya contemplado. De verdad que gracias por aportar puntos de vista distintos. Esa es la gracia del Blog!!!