27 abr. 2009

La "otredad" del cine punk


Alguien me recomendó ver la película Blade Runner, con Harrison Ford y pude verla, por fin, hace un par de meses.
Es una película de 1982 que en su momento marcó época: la de los cyber-punks, que se convirtió en todo un género estético.
Ubicada en el 2019 en Los Ángeles, es una cinta oscurantista, al mejor estilo de ciudad Gótica. De hecho, fue en esta película en la que se basaron los productores para ambientar Batman.
La historia, que transcurre en una especie de barrio chino del futuro en el que se la pasa lloviendo todo el tiempo, está basada en la novela de Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Do Androids Dream of Electric Sheep?) (1968). En ella, el policía retirado Rick Deckard (Ford), es llamado de nuevo a servicio para exterminar a los 3 últimos “replicantes”(robots de apariencia humana pero con habilidades especiales, y que por lo mismo, resultan un riesgo para la raza humana) que habitan en la tierra.
Pero lo interesante de la película no es la ciencia ficción, que como género no provoca especial atención en mí, sino los planteamientos que se realizan a lo largo de la misma. Y es que luego de que Roy Batty (una especie de líder de los replicantes rebeldes) persigue enloquecidamente a Deckard, comprendemos que éste —que ha sido un esclavo toda su vida— realmente sólo busca una oportunidad de vivir un poco más y que, al no lograrlo, debe de resignarse a morir.
Frases como “ahora sabes lo que es vivir toda una vida con miedo” o “es una pena que tenga que morir, pero al fin y al cabo, ¿quién vive realmente?” han sido empleadas en otras películas y obras.
Y es que en ellas va implícita la decadencia de una raza o de un género. Una raza exterminada por otra, como tantas y tantas veces ha ocurrido en la historia. Un grupo de seres que han visto cosas que sus enemigos (en este caso los humanos en general) jamás podrán ver, y con su extinción se apagan también sus recuerdos y conocimientos. Es la perspectiva de “el otro”. Un otro que bien podría definirse por su raza, género, cultura, religión, pero que en esta película se define por su desarrollo tecnológico. Otro que bien podría aportar a nuestra cultura pero al que, en cambio, se le ha declarado la guerra y que por lo mismo es necesario aniquilarlo, separarlo de nosotros y eliminar sus experiencias.
La cinta nos deja entonces un mensaje: “los otros” también tienen algo que decir sobre sí mismos.
La película (estrenada al mismo tiempo que E.T.) recibió pésimas críticas en su momento y fue un fracaso de taquilla. Pero hoy día es considerada uno de los clásicos del cine y fundadora de un género en el que se inscribe The Matrix, Minority report, Batman, Robocop, the 5th Element, Dark Angel, etc.
Una película sin duda extraordinaria, por lo que toca a lo fuera de lo común del tema tratado, y con muy buenas actuaciones, sobre todo de Rutger Hauer que interpreta a este replicante, que al final se convierte—como muchos— en filósofo de una situación insostenible.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Ay es super chiva esta película. Yo la vi en el Cine Uraya, ¿te acordás? pero la verdad es que tendría de volver a verla porque no me acuerdo mucho. YO

el antropologo inocente dijo...

Bueno, es un excelente ejemplo de la buena ciencia ficción, te recomiendo Arthur C. Clarke "voces de un mundo distante".

Vanessa Núñez Handal dijo...

Híjole, el Cine Uraya. Era el que estaba junto al Paseo, verdad? ahhh las buenas épocas de una! Yo no la vi fijate, seguro me fui a ver ET. Si la volvés a ver me contás!

Hola Antropólogo. Voy a buscarla, esa sí no me la podía. Gracias por pasar.

Nancy dijo...

Viniendo de ti, debo considerar la recomendación. No soy muy aficionada al cine. La verdad es que como soy miope y pasé la mitad de mi vida sin saber que lo era, no me acostumbré al cine... pero si algún día se me cruza, ya la veré.
Saludos, Vanessa

Vanessa Núñez Handal dijo...

Hola Nancy. Fijate que yo tuve un tiempo en que no me perdía ni una película en el cine. Luego me ganó la lectura. Pero un buen día descubrí que el cine y la lectura se complementan. Muchos de los grandes escritores eran fanáticos del buen cine, así que niña, hay mucho campo ahí todavía por explorar. Un abrazo