22 abr. 2009

Una obligada sobre la muerte


Ir a un funeral es pensar en la muerte. Más si el funeral es de un niño. Uno que, de acuerdo con las estadísticas, posiblemente no debió nacer. Pero la vida es así. Algunos no llegan a nacer nunca, otros nacen y mueren al poco tiempo. Los demás, también moriremos.
Dicen que un momento que jamás se olvida en la vida es el día en que uno descubre su mortalidad. Por lo general ocurre a consecuencia de la muerte de algún familiar cercano o la de algún X que nos resulte particularmente impactante.
Yo recuerdo bien cuando me ocurrió a mí. Fue con la muerte de mi bisabuela paterna. Murió de cáncer, sin si quiera saber que lo tenía. O quizás lo intuía, pero ni ella preguntó, ni nadie le dijo nada.
Recuerdo el olor del pino. El olor de los cirios y quizás, el ambiente cargado de angustia. Esa angustia que se disfraza de pena por el difunto, pero que realmente es angustia existencial de la más cruda y punzante.
Vemos el ataúd y nos causa escalofríos. Nos imaginamos depositados en su interior, yacentes, inmóviles, impotentes testigos de nuestra propia extinción corporal.
Vemos las flores y no nos dan alegría. Vemos a la gente y se nos hace tan lejana. Tomamos conciencia de nuestra soledad.
Si la gente realmente tuviera el valor de decir lo que piensa en los velorios, en lugar de decir las frases triviales y vacías como “sintiéndolo mucho”, “acompañándolos en su dolor”, “es un angelito”, dirían: ¿Qué miedo, no? Y pensar que un día nos tocará a nosotros. O: ¿qué se sentirá? O peor aún: ¿A dónde creen que haya ido?
Pero nadie se atreve a decirlo, ni siquiera a solas. No pensar en la muerte es un acto de autopreservación. Pensar en ella es traicionar la vida.
Basta ver las esquelas en los periódicos, tan frías, tan falsas: “Acompañándolos en el sensible fallecimiento de …”. De esta forma tomamos distancia de nuestra muerte y nos negamos a aceptar lo inevitable.
Y es que la muerte es así. De ella no se habla, y si hay que hacer referencia a ella, es mejor llamarla de formas elegantes como deceso, partida, vuelta al cielo, etc.
Y es que si el lugar a dónde uno va al morir lo tuvieramos asegurado, hubiéramos visto fotos, etc., pues a lo mejor no lloraríamos tanto cuando alguien parte. Seguramente se extrañaría a la persona, pero como a quien se va a vivir a otro país, aunque se sepa que no se ha de volver a ver. En cambio, a la hora de los funerales, la gente llora con la tristeza de la incertidumbre, con la duda que la religión ha querido palear con explicaciones místicas, pero que el ser humano común y corriente hace mucho comenzó a descartar por ser poco creíbles y vagas.
¿Hacia dónde vamos? Lo cierto es que nadie lo sabe. Lo terrible es que cada vez pareciéramos convencernos más y más que a ninguna parte. Pero con todo, ¿no será esa “ninguna parte” mejor que este lugar certero de dolor e incertidumbre humana?
No sé. No tengo aún una decisión tomada al respecto. Pero hoy por hoy, la muerte sigue siendo para mí ese gran misterio que me envolvió a mis siete años cuando me incliné sobre un ataúd abierto. Esto no es el destino final, me dijo. Y yo intenté aferrarme con todas mis fuerzas al trozo de vida incrustado en la muerte que aún vivo.

14 comentarios:

Chicaborges dijo...

Yo tuve la misma experiencia con la muerte a los 7 años más o menos y pasé huyéndole por mucho tiempo... después de un tiempo me convencí que la muerte es para lo que seguimos vivos... los otros realmente descansan. La angustia pertenece al vivo, por eso la muerte al final te libera... de todo eso. Supongo, cero certezas en esto.

Anónimo dijo...

Yo recuerdo super bien cuando supe que algun dia me iba morir. Te juro que ni dormi. Se le olvida a uno despues, pero es bien yuca. YO.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Hola Lorena. Es que pareciera que a los 7 años uno cae en la cuenta de eso. Y es terrible, y cabal, uno se alivia de la angustia aceptando a la muerte como una liberación.

Hi YO. Ja! yuca es poco, de verdad! Yo me acuerdo que pensaba en que las cosas (mi casa, juguetes, etc) seguirían estando ahí, sin mí. Fea me parecía la sola idea. saludos.

Nancy dijo...

Ay Vanessa, yo nunca maduré. Siempre me he creído inmortal por más que me quiera meter en la cabeza que me tengo que morir algún día. Y te lo cuento honestamente. Ah no, ¿morirme yo? No señor, no va conmigo. Eso decía (y creo que aún lo creo). He perdido a seres tan entrañables y aún así no caigo en la cuenta de mi mortalidad. Con decirte que cuando me dio cáncer y recibía quimioterapia la gente me lloró y casi me estaban "cafeteando". Los pronósticos no me favorecían. Te imaginas después de haber sobrevivido a ese asunto ¿puedo creer que me voy a morir? No. Simplemente no lo creo. Y perdón que me extienda pero es que el tema me fascina. Sólo quería contarte que desde hace años me vengo terapeando para la muerte, pues como vengo de una familia longeva creo que estoy condenada a vivir más años de los necesarios. Así que me estoy terapeando para poder morirme dentro de unos 33 años, más o menos. En fin, a ver qué pasa.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Hola Nancy. Wow, fuerte lo que contás. Sobrevivir un cáncer debe ser impactante.
Fijate que yo recuerdo que las veces que he vivido cosas fuertes en mi vida, cuando pasan, me queda una extraña sensación de flotar sobre la materia, que al final de cuentas es lo que muere. Como que uno aprende a no sentir miedo de morir. A mí me da más miedo pensar cómo voy a morirme. Saludos y gracias por tu comentario.

pd: porqué dentro de 33 años? así, tan exacto?

Alberto B. dijo...

no proceso aun la muerte, no me gustan los funerales ni tampoco pensar en morirme aunque me intriga
abrazos

Nancy dijo...

Me da miedito la muerte, no creas, pero, como te digo, más pesa la idea de ser inmortal. Y bueee, tengo 47 añitos, dentro de 33 tendré 80, creo que es una edad apropiada para morirme. Espero estar lúcida (para poder tomar la decisión de irme por mis propios medios) porque no quisiera vivir mucho más... pero si me deschaveto, entonces me va a tocar estar igual que mi abuela, que en un par de meses cumplirá 102 ¿o 103? y no sabe ni quién es, ni dónde está. Pero está vivita y coleando. En fin... no quiero llegar a ese extremo, ergo, "el suicidio es un deber".
Ah, comparto el miedo a pensar en el "cómo" voy a morir.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Uy Nancy, ahí sí me tocaste otro tema difícil: llegar a ochenta y tantos años pero sin el uso de tus facultades, es decir: abandonado el cuerpo a la vida, con una mente que ya no está. Terrible, no?
Y tenés razón, con una abuela de 102 o 103 años, te augura una vida laaarga. Pero bueno también creo igual que vos, que uno tiene que tener derecho a decidir los medios con los que va a dejar esta vida, antes de que uno pierda la razón. Por eso creo yo, la eutanasia debería ser evaluada con mayor detenimiento y darle más importancia. Pero ya vez, es otra forma de evadir el tema.
Y sí, pienso como vos también, que 80 años son suficientes. Lo que no se hizo en ese tiempo ya no se hará en 10 o 15 años más. Es buen momento para despedirse. Saludos.

Anónimo dijo...

HOLA!! QUÉ TEMA TAN COTIDIANO Y AL QUE TANTO TEMEMOS! POR QUÉ SERÁ ESE MIEDO HASTA DE PENSAR EN LA MUERTE? COMO TÚ DECÍS, PORQUE DESCONOCEMOS ABSOLUTAMENTE LO QUE NOS ESPERA DESPUÉS. Y MIENTRAS SIGA EL MISTERIO, SEGUIRÁ EL TEMOR. AUNQUE TODAS LAS MUERTES DE PERSONAS CONOCIDAS, QUERIDAS, FAMILIARES, ETC., NOS CONMUEVEN, NO HAY NADA MÁS TRISTE QUE LA MUERTE DE UN NIÑO. ES CONTRA NATURA. SE SIENTE INJUSTO. DUELE MÁS. NOS HAN ENSEÑADO QUE SE VAN MURIENDO LOS MÁS VIEJITOS... Y CUANDO ÉSTO SUCEDE SE SIENTE DOLOROSO PERO NATURAL. EN FIN, YA SEGUIREMOS CON ESTE APASIONANTE TEMA. Y NANCY, TÚ ERES UNA SOBREVIVIENTE, POR SUPUESTO QUE POR AHORA TE SIENTES INMORTAL.

Patricia Cortez dijo...

Vanessa: mi primer contacto con la muerte fué tan impactante que lo convertí en un cuento en mi libro "mal de ojo", precisamente el del mal de ojo. estudiaba en un colegito y en la vecindad había un bebé rubio y sonrosado que la "china" (niñera) cargaba todo el día. cuando salíamos a recreo, por la cerca (de malla) veíamos al bebé, la muchachita lo acercaba para que le hicieramos caritas y demás. un día no apareció y al día siguiente dijeron que estaba muerto.
nos llevaron a verlo (siete años, igual que tu) y lo habían puesto en una urna de cristal, de las que usan para los niños dios,vestido de blanco y con flores de seda, no en un ataúd. me impactó, porque me di cuenta de que ni los niños se salvaban de la muerte, ni los bebés.
perdón por extenderme, pero me tocó tu tema.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Hola mi querida anónima H. Pues es que el humano teme a lo desconocido, sin lugar a dudas. Y en cuanto al misterio de la muerte, pues sí, no hay quién nos lo devele. Aunque la literatura ha hecho sus buenos intentos.
Hay una película, Flat liners, no sé si la viste, que justo trata de eso. Pero no muestra a la muerte como algo bonito. Yo digo que pasar a formar parte de la nada, no debe ser tan feo. De ahí venimos, en todo caso. Pero de que da miedo, da miedo.
Y en cuanto a la muerte de niños, terrible realmente. Aunque si lo pensás, no es tan contra natura: todos, desde que nacemos, estamos sujetos a la muerte. Pasa que pensamos que la juventud, es garantía de vida, o queremos entenderlo como lo mismo, pero, tal como dice Patricia, la vida (o la muerte) nos demuestra que no es así.

Huy Paty, te juro que me imagino al bebé y resulta grotesco asociarlo con la muerte. Una carita sonrosada creemos que es protección contra la muerte, y no es así. Ahí es donde da miedo la cosa: quién nos garantiza a nosotros la vida?

Anónimo dijo...

NO HE VISTO LA PELÍCULA QUE MENCIONÁS, YA LA BUSCARÉ. PORQUE LA BÚSQUEDA ES CONSTANTE PARA QUIENES QUISIÉRAMOS DESENTRAÑAR EL MÁS ALLÁ... HE LEÍDO ALGO, Y LA IDEA QUE MÁS ME HA ATRAÍDO ES QUE TODOS NOS VOLVEMOS ENERGÍA.
IGUAL QUE TODOS LOS QUE TE HAN POSTEADO, MI PRIMER ENCUENTRO CON LA MUERTE FUE A LOS 4 AÑOS (MI HERMANITA MAYOR) Y FUE ALGO QUE ME MARCÓ PARA SIEMPRE.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Pues es que de acuerdo a la física es así. Es difícil creer que un cuerpo lleno de tanta energía la libere toda al momento de la muerte, y esta no se deje sentir luego. Y como platicábamos hoy, justamente uno lo siente de formas que son difíciles de explicar.

Yo creo que en la infancia, la muerte es uno de los temas más difíciles de procesar. Uno no cuenta con las herramientas necesarias para procesar algo tan abstracto y tan impactante. Imaginate, peor a los 4 años.

Abril dijo...

uy uy uy uy.... un funeral es algo feo, pero de un ni;o, por Dios!! solo de pensarlo se me desgarra el alma.


Saludos.