22 oct. 2008

Juan Pablo Castel y otros túneles

Leer El túnel de Sábato es una cosa extraña. Pero releerlo, lo es más. En una segunda lectura encuentra uno detalles que, en lugar de aclarar la historia, la complican todavía más.
La novela es una mezcla de locura, sadismo y autocompasión, que en otro, en una persona de carne y hueso, ocasionaría rechazo y antipatía.
Pero dado que el personaje se nos abre desde un principio, uno piensa que será interesante seguirle la huella a sus pensamientos paranoicos y obsesivos.
Sin embargo, el libro termina en la misma oscuridad donde comienza. Es decir: no hay luz al final del túnel (literalmente), y ello provoca frustración en el lector. Al menos en mí.
¿Qué de verdad ocurría con María Iribarne? ¿Qué de verdad pasaba con el ciego Allende? ¿Sabía o no de las infidelidades de su esposa? ¿Si lo sabía porqué le daba igual? O, no le daba igual, pero se hacía de la vista gorda… en fin.
Y entonces, sólo entonces, elucubrando al mejor estilo Casteliano, uno se descubre llevando a cabo las mismas operaciones “racionales” que el personaje principal ejecuta para llegar a la conclusión (casi obvia desde un inicio) de que María Iribarne no lo ama.
Digo obvia, claro, porque ella jamás se lo hace creer. Es él el que con su narcisismo y baja autoestima, crea un mundo que le conviene a él y sólo a él.
Durante la clase de literatura en la universidad, hacíamos ayer el ejercicio con mis alumnos sobre cuál habría sido el punto de vista de María Iribarne de haberse contado la novela desde su perspectiva. Es decir, de haber sido ella la narradora de la historia.
Indudablemente habría comenzando por decir: Bastará decir que soy María Iribarne, la mujer que asesinó el pintor Juan Pablo Castel.
Luego vendría un estremecedor relato de cómo ella, por equivocación o porque hacía mucho frío, se metió por desgracia a una pequeña exposición que había en el barrio donde había quedado de verse con una amiga, la costurera o un amante (de ser ciertas las suposiciones de Juan Pablo Castel). Entonces, como al vuelo, había mirado esa ventanita extraña, a caso de mal gusto, quizá insignificante, y eso había sellado su destino. De ahí para allá no había sido posible para ella quitarse de encima a este hombre extraño y obsesionado con su persona, con el que en un principio le habrá resultado divertido estar, pero que cuando comenzó a ponerse pesado, no hubo manera de hacerlo a un lado y tuvo miedo. Miedo claro, porque esos locos son capaces de todo. El caso es que finalmente, la aventura le costó cara, porque claro, el amante paró matándola.
Intentar, por otro lado, rehacer la historia por el lado de Allende resulta mucho más turbador, ya que sus circunstancias y actitudes son tremendamente humanas y hasta desgarradoras. Ciego, posiblemente amante de su esposa, comprendía que había cosas que él no podía darle. O quizás lo ignoraba (cosa poco probable dados los hechos). Las razones que lo motivaron al suicidio son obvias aunque poco habituales. Su grito y frustración al final de la historia son quizás una de las escenas más memorables del libro. Y es en este personaje donde, creo yo, reside el misterio y la verdadera tragedia de la novela.
El libro juega con estereotipos y los desarma. Es ahí donde Sábato nos deja en el aire y sin lógica sobre la cual asentar los pies. En nuestros países, tan conservadores, tan barrocos, el incesto es inconcebible, y sin embargo ocurre. La infidelidad de la mujer es impensable, menos con la anuencia del marido, y sin embargo pasa.
Y si bien, mucho se ha dicho que la prosa de Sábato se queda corta al compararlo con otros autores que le fueran contemporáneos (como Borges, por ejemplo, con quien aparece en la foto), un mérito hay que rescatarle al mismo: el haberse expuesto como ser humano en la forma en que lo hizo. El haber devuelto a la literatura la sensibilidad perdida en un mundo donde la razón promete todo y no da nada. Sábato nos da, por fin, el permiso de mirar nuestro patetismo frente al espejo y no sentir culpa por ello.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

que buen libro
pero a mi no me parecio que Maria Iribarne le fuera infiel
o al menos no se dice por ningun lado
el tipo era un loco maniatico, que ya no encontraba que fantasmas inventar
este libro lo lei a los 15, pero me gusta mas Sobre Heroes Y Tumbas
slds
Alberto B.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Hola Alberto. Sobre Héroes y Tumbas también me gusta. El Informe sobre ciegos es un poco desesperante, pero quitándolo, la historia es buena y me gusta la mezcla de historia que hace. Saludos, y gracias por pasar siempre.