20 may. 2008

Tom Cruise o de la conmovedora democracia


El hombre entra en un salón repleto de mujeres. Son amigas de ella. Y ella, distraida, se sirve un café. De pronto levanta la mirada y lo ve parado en la puerta, a penas seguro de entrar, al tiempo que sus amigas lo observan con cara de asombro y de odio. «Podemos hablar», le pregunta él. «Creí que ya lo habíamos dicho todo», contesta ella, y las miradas inquisidoras de las amigas se pasean de uno a otro, como si de un partido de ping-pong se tratara. «Deseaba hablar en privado, pero dado que no hay más remedio», continúa el galán cuyo hermoso cabello castaño cubre una parte de su rostro y hace resaltar sus ojos color miel. «Te he extrañado», remata, como si la frase fuera mágica. Como si ella la hubiese estado esperando toda su vida, y como si fuera la llave que prende un enorme mechero que al instante derrite el hielo de las otras mujeres, que lo juzgaron mal por ser un patán, un cretino, un insensible, un típico macho americano. El la besa, ella corresponde y las demás exclaman al unísono —mientras alguna se limpia una lágrima del rostro—un “ohhhhhhhhhh”, que significa: nos has conmovido, te damos nuestro visto bueno.
Sí, porque es una estrategia utilizada mucho en películas hollywoodenses. Es una forma barata y efectiva de conmover al público occidental (nosotros incluidos, aunque no estoy tan segura de que en Europa funcione) que anhela arreglar sus asuntos privados frente a un público numeroso. Pero no cualquier público, si no uno difícil. Uno que haya juzgado al héroe de la peor forma, y luego, con una simple frase, un simple gesto (que por lo general es de arrepentimiento o recapacitación) el problema queda resuelto. Lo perdonan y pasa de villano a héroe, que es más difícil que pasar de héroe a villano.
Nótese entonces que tenemos un patrón interesante en este tipo de escenas. Porque, ¿porqué no pueden arreglarse las cosas —como verdaderamente ocurre— en el dormitorio, durante una cena, en la sala, en el auto, cuando nadie, más que el par de ivolucrados como testigos? ¿Porqué nos parece poco interesante conocer las cosas de segunda mano? Y peor aún, ¿porqué los interesados habrían de querer que sus asuntos privados, privadísimos —como una humillación, un desaire, una traición—, quedara en evidencia? Pues porque nuestra sociedad ha dejado de confiar en el juicio inidvidual.
Simple, pero tiene sus implicaciones.
Pienso, luego existo, es una frase que va cayendo poco a poco en desuso. Mirar las cosas con los propios ojos no nos basta para confirmar que algo está bien o mal. Necesitamos convalidación. Necesitamos que alguien más nos corrobore que estamos en lo correcto. Que alguien más nos diga que vamos por buen camino y que alguien más exclame “ohhhhhhhhhhhh”, para saber cuál debe ser nuestar decisión. Es nuestro sueño tener siempre un “algo” que nos indique que la decisión tomada es la correcta. ¿Porqué? Porque vivimos en sociedades donde vale la opinión colectiva. La de una persona en solitario ha dejado de tener valor (si es que alguna vez la tuvo). Importa lo que los otros piensen, aunque esté yo en desacuerdo. Importa que mi opinión sea acorde con la de todos, la mayoría, o al menos el grupo al cual deseo pertenecer.
¿Existen las cosas aunque no tengamos evidencia física de ellas? ¿Lo que no es percibido a través de los sentidos es conocimiento confiable? Y peor aún: ¿lo que no es percibido a través de otros (mientras más, mejor) puede ser considerado verdadero?
Y la pregunta final (un poco jalada, pero es la que cuenta): ¿Es buena la democracia? ¿Y las minorías? Porque vean, las minorías son aquellas que serán siempre vistas con recelo y desprecio por ese grupo de amigas que no aceptan nada que no pueda ser validado a través de su “ohhhhhhhhhhh”. Las minorías son las que nunca tienen nada políticamente correcto que decir, y que de un tiempo a la fecha se han quedado fuera de la cultura, inclusive y sobre todo, la hollywoodense. Terrible si se toma en cuenta que es de ella, de la cual se alimenta la masa que tendría que exclamar ese “oh” prolongado… y de ahí en adelante, todo es un círculo vicioso.

9 comentarios:

sonia dijo...

Jajaja, esa película es Gerry Maguire, verdad? digo, por la escena del final. Saluuuuuuudos

sonia dijo...

Jajaja, esa película es Gerry Maguire, verdad? digo, por la escena del final. Saluuuuuuudos

Vanessa Núñez Handal dijo...

cabal, esa mera es. saludos,

Alberto B. dijo...

Fue Alain Finkielkraut el que habló de "la tirania de las minorias", no?
también hay que tener cuidado con eso porque si bien no todo lo que elige la mayoría está bien tampoco las minorías son garantía a la hora de decidir, es mas: las minorías tienen mayor índice de desaciertos

no vi esa película, es nueva?

Denise Phé-Funchal dijo...

Ahhh inche lica, no me gusta, la deteso por fresa y cursi... terrible, pero sí, creo que tenés razón en que a hay mara no le gusta ventilar asuntos -por muy privados que sean- en privado, si no que buscan la convalidación del grupo, de otro al menos, de mamá por lo general, de papá raras veces... creo que esta práctica responde a personas inseguras, pero también a un romanticismo medio imbécil en el que si a alguien le dan la razón, el otro -el ser "amado"- por lo general, tendrá que recapacitar, no importa cuál haya sido la actitud del otro -del que pide perdón o busca la validación del grupo- media vez sea disculpado por los demás... así sea mamá ese otro... la onda, es que luego de ser aprobados por otros (que quizá no conocen las dos versiones) podrán tener un arma para decir, pero acordate que a mi me dieron la razón, hasta tu mamá.... terrible

Vanessa Núñez Handal dijo...

Hola Alberto b., no, nos nueva, es como del 95, creo
no había oido de Finkielkraut, pero es una buena frase... sobre todo porque antes de que ensayaramos la democracia era eso... hoy también, pero al menos ya no se le llama privilegio

Hola Denise, ya te andaba extrañando por aquí. Ya sé, ya sé, el chance, jajaja... ni modo

Sí, la película es media fresona, pero, y he ahí lo jodido, se presentó como una película de profundidad, y la mara la compró... al menos así me acuerdo que fue cuando salió y ganó un montón de premios
jajajaja, y me mató de la risa esa tu frase de "hasta tu mamá me dio la razón", porque cabal, es como ocurre con muchos ortodoxos y otros menos ortodoxos, pero igual de allísticos: Dios me habló, y me dijo que tengo la razón... jue... hasta ahi llegó la cosa.

Anónimo dijo...

Nunca vi esta película, pero sí es de tom cruise debe ser mala.

Duff Man dijo...

Y luego llega la voz del disenso: fan de Cameron Crowe que soy, y a pesar de lo cursi, es interesante ese momento en el que Jerry desea su propia victoria personal, recuperando a un amor que creía perdido. Lo chistoso es que sucede frente a un grupo de apoyo (por la intimidad de la que hablas, no creo participar nunca en terapia grupal, prefiero el proceso 1 a 1. Saludazos!

Vanessa Núñez Handal dijo...

Hola Duff man. Jodido realmente andar ventilando las cositas de uno frente a la gente. Pero creo que es algo así como el sueño de muchos el que todo un público los apruebe, y eso que se dice que estamos en crisis debido al individualismo...