20 oct. 2009

Y la que es de San Salvador, vuelve...


¿Qué apunta uno cuando prueba un lapicero, compra pluma nueva o tiene que escribir cualquier cosa? Por que uno siempre escribe lo mismo. Pues “eso”, eso que uno escribe, puede ser en verdad revelador.
En mi caso, yo escribo siempre “San Salvador”. Lo hago desde que tengo diez años, quizá menos. El caso es que, por alguna razón, siempre me ha parecido que son las dos palabras que mejor representan mi escritura, es decir, mis trazos.
Puedo representar “San Salvador” en mi mente: con mi letra de molde, de carta, con letra redonda y puntiaguda, con letra de prisa y letra bien dibujada, pero nunca, hasta ahora, lo había pensado con detenimiento.
San Salvador —y hasta ahora lo noto— ha sido una ciudad que me ha marcado, y es obvio. Es la ciudad en la que nací y viví los primeros 28 años de mi vida, y a la que vuelvo siempre que deseo encontrarme (ergo: a veces no deseo hacerlo).
Hoy la vi bonita. Con un clima delicioso y con unas lluvias como hacía mucho no disfrutaba: con sapos y culebras. Las mañanas eran soleadas y las tardes nubladas. Vi pasar pericos gordos y verdecitos, gritando como descosidos sobre el jardín de la casa de mis papás. Vi además un atardecer en la Playa de la Libertad, que aunque no es San Salvador, está cerquita de ahí: a 35 minutos, con construcción de carretera nueva y todo.
Visité el Marte (Museo de arte moderno), en cuya boutique siempre encuentro libros preciosos, y cuya colección permanente revisito de cuando en cuando.
Me comí un ceviche providencial, con aceite de oliva y aceitunas en La "Hola Beto´s". Me tomé una Golden Light en La Ventana con “boquita” de salchicha alemana, que son mi delirio.
Comí pupusas de queso con loroco y curtido con chile, que qué les puedo decir.
Compré además jícamas tiernitas y jugosas, mangos verdes, nísperos, jocotes de corona, limas dulces y zapotes (sólo el mango twist con alguashte de la Cooperativa, me hizo falta.)
Tomé café cargado, con tortugas recién salidas del horno de la panadería Leche Pan, que está a la vuelta de la casa de mis papás.
Me saboreé deliciosísimas paletas de sombrilla, de zapote, de ensalada, de arrayán y de leche, que le compré a una señora en la esquina de la casa.
Me atorzoné de pizza hawaiana con cebolla morada y tocino de la Pizza Hut, misma que aquí en Guatemala, no sé porqué, no la preparan.
En fin, que como podrán ver, fue un fantástico viaje de comer como nunca y revisar una ciudad vigilada por un volcán que se derrite sobre ella, un cerro que la observa con su funicular paralizado y una playa que, por demás está decirlo, se ha embellecido como nunca creí que fuera posible.
Así es que es oficial: Mi San Salvador y yo hemos reiniciado el romance, aunque sea de lejos.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Y anduviste por aquí y no me llamaste!!!!!!!!!!!!!! YO

Vanessa Núñez Handal dijo...

Es que fijate que fue en una gran carrera. Y cuando es así casi que sólo me toca ver a mis papás, hna., sobrinos, etc. Pero prometo que en diciembre sí nos damos unas dos que tres.

Camila Calles dijo...

Definitivamente esos detalles son de Sivar!!!!
Y la cerveza que nos ibamos a tomar????...jejeje
cuidate mucho

Vanessa Núñez Handal dijo...

Síiiii hombre... he quedado mal con todo el mundo. Pero es que fijate que entre la familia y la comilona que me pegué, ya no pude hablar con nadie. Pero te prometo prometo que a la otra de plano nos vemos. Púchica, si tenemos como 5 años de no chambrear, verdad? Ya toca!

Angel Elías dijo...

eso de los romances a la larga son asi, se mantien en la distancia otras veces en la clandestinidad.
mi romance personal lo mantengo, me mantiene anclado a esta tierra (Arce)
jejeje pero de todos modos me lo disfruto...

Vanessa Núñez Handal dijo...

Cierto, la distancia aumenta la intensidad del amor. Saludos, y gracias por pasar.