6 sept. 2009

Sobre mis días en Mario´s, la PDDH y mi primer libro clandestino


Era el año de 1997. Había probado suerte en un par de bufetes y había resultado ser un fiasco. Mi vida de estudiante de derecho sencillamente no iba bien con la escasez de tiempo y las clases en la Universidad José Simeón Cañas, que comenzaban a las 7 am. —la 1ª— y terminaban a las 9 pm. —la última— con intermedio de trabajo de 8 a 4.30 pm., y con continuidad de repaso de cuadernos, textos y apuntes (mismo que podía prolongarse hasta las 2 o 3 de la madrugada) después. Pero eran otros tiempos, claro. Yo tenía veintitrés años y mi cuerpo reaccionaba aún para asistir a fiestas o a Mario´s los viernes por la noche.
Fue entonces, por esos días de locura, en que el entonces Secretario General de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (recién inaugurada en El Salvador, tras los acuerdos de Paz) me invitó a laborar en dicha institución. Yo sacaba buenas notas en su clase, así que fue cosa de pasar papeleos e ingresar.
Si la UCA había sido para mí todo un cambio de estándares (en todo sentido), la PDDH fue todo un cambio de mundo y cosmovisión. Fue ahí donde me ofrecieron la lectura de un “libro clandestino”, que debía leer sin hacer mayor comentario y devolver en menos de ocho días. Lo miré, sopesé y vi que no era extenso, así que tal cual, prometí cumplir con todos los requisitos.
El libro era “El asco”, de Horacio Castellanos Moya, un autor para mí desconocido por aquel entonces, y del que luego me haría gran aficionada. En dicha obra descubrí verdades asquerosas, cosas que se murmuraban en un país que recién suturaba sus heridas de guerra y apenas se animaba a alzar la voz para llamar las cosas por su nombre.
Lamentablemente, en parte por la promesa y en parte por la falta de alero, jamás pude comentarlo con nadie. Lo leí de un tirón, me sorprendí ante cosas que eran evidentes y dudé de otras que yo, francamente, desconocía y que con mucho temor incluí en mi bagaje de “cosas que hay que saber sobre tu país”.
Luego vendrían otras obras. Baile con serpientes —del que desde su lectura tengo pendiente una reseña— es aún mi favorito. Y hasta la fecha, no dejo de sorprenderme con la velocidad, la ironía, la lucidez y el realismo de este autor, de quien hoy vengo a recomendarles la lectura de una entrevista que la argentina Lilian Fernández Hall le hiciera en Estocolmo. Pueden leer la versión publicada en el periódico La Hora de Guatemala.
Yo, para mientras, tomaré por cuarta vez “El asco”, para reírme un poco y para dolerme otro tanto de mi país, al que quiero y no quiero, por pura antipatriótica que soy.
Aclaración necesaria: Sacando cuentas, sumida hoy en el tráfico horrendo de la ciudad de Guatemala, me di cuenta que cuando yo trabajé en la PDDH (1994-1997, aprox.) la Procuradora era la Dra. Victoria Marina Velásquez de Avilés, hoy Magistrada de la CSJ, si no estoy mal informada. Es decir, que no era la 1ª administración de dicha institución, que se creó con los Acuerdos de Paz, sino la 2ª.

4 comentarios:

Alberto B. dijo...

Castellanos Moya
también uno de mis favoritos
saludos

Jose Roberto Leonardo dijo...

Lo leeré con gusto...buscaré más sobre este autor, saludos y abrazos Vanessa

Vanessa Núñez Handal dijo...

De verdad vale la pena su obra. En Sophos está la Diabla en el espejo y Tirana memoria. Saludos,

Anónimo dijo...

de su obra, personalmente, me gusta más El Asco. saludos