2 jun. 2009

Sobre los tibios y sobre la esperanza roja

Llegué el viernes, una hora después de lo esperado. Los buses desde Guate, contrario a lo que se cree, son muy lentos y toma aproximadamente 5 horas cruzar el trecho entre ambas capitales. Aunque le dan a uno comida y bebidas, el mareo hace poco agradable el viaje y casi imposible leer durante el mismo.
A mi llegada, casi de inmediato pude darme cuenta que la expectativa con relación a la toma de posesión de Funes era generalizada.
Los que eran de izquierda se encontraban positivos.
Los de derecha, pues negativos y muy críticos a todo. Respecto de la esposa de Funes especialmente —la brasileña Vanda Pignato, abogada, doctora en derecho internacional, amiga personal de Lula da Silva y ex activista del partido comunista brasileño— escuché muchos comentarios. Esto último es explicable debido a las diferencias culturales y, sobre todo, dados los altos niveles de misoginia que aún existen en nuestro país, donde, para ser una mujer aceptada y “bien” hay que ser “modocita”, primorosa, calladita y —sobre todo— no pensante. Y no es por defender a la primera dama, sobre la cual sé muy poco, pero lo visto hasta ahora y en base a su preparación, podría decir que es una mujer que tiene todo para salir avante con la Secretaría de Inclusión Social (antes Secretaría Nacional de la Familia, fundada por Margarita de Cristiani) que le ha sido asignada. Al menos se trata de una mujer preparada, que cuenta con una formación intelectual y una postura política que, aunque pueda o no estarse de acuerdo con la misma, ya la hace una persona de ideas e ideales, ambas cosas indispensables para la toma de decisiones.
Sin embargo, existe un tercer grupo. Grupo nacido del hastío y la desconfianza. Del deseo de darse un chance y ver “qué pasaría sí”. Un grupo, otrora diminuto (tomando en cuenta la alta polarización de la sociedad salvadoreña), hoy ampliado, quizás perteneciente a la clase media: intelectuales (antes de derecha hoy en proceso de redefinición), gente trabajadora, profesionales, personas con cierta educación y muy críticos frente a la realidad. Esos que quizás no votaron por Funes, pero que ahora que está ahí y su toma de posesión era inminente, han decidido darle el beneficio de la duda y esperar.
Y es que este sector entiende que si Funes no cumple sus promesas, todo se iría al carajo. Pero también saben que Funes al menos representa una posibilidad de que las cosas cambien y que Arena representaba en sí misma la imposibilidad de renovación.
Creen, o quieren creer, que Funes no va a darnos la sorpresa de “izquierdizarse” luego de haber ganado una campaña con base en su centralidad. Quieren creer que El Salvador bien podría ser —¿porqué no? — una especie de Brasil sin petróleo, con escasos recursos, sin tierra, sin nada, pero con los deseos de encontrar esa fórmula mágica y hasta antes de Lula no probada, en la cual convive la conciencia social junto al desarrollo económico.
Escuchaba ayer el discurso de Funes (que por largo da ciertos parecidos que por ahora no quiero mencionar) y pensaba que se trata de una posición bastante coherente, bastante meditada y bastante posible. Que si lo van a dejar gobernar, que si el FMLN y Sánchez Cerén asumirán el verdadero mando del Estado, que si fue confrontativo y que si unas cosas son las palabras y otras los hechos, puede ser. Sin embargo, hoy por hoy, al menos, se tiene una esperanza (lo paradójico es que es roja y no verde) que antes no se tenía. Lula fue también producto de una esperanza, y por lo dicho por Funes, pareciera ser que seguirá su fórmula. Esperemos pues que le alcancen las fuerzas, el tiempo, las palabras y las buenas intenciones, porque la labor no es difícil, sino complicadísima a la enésima potencia. Esperemos pues que, como el mismo Funes dijo en su discurso, diez años puedan convertirse en veinte.

8 comentarios:

Aldebarán dijo...

Conozco al menos una persona que no quiere a la actual Primera Dama porque no es "modosita" casada en primeras nupcias ni con un historial genealógico "impecable" hasta la cuarta generación de sus ancestros.

¿Que opinaría esa persona de un ex vicepresidente de hace varios años que tenía una "amiguita" mientras estuvo en cerca del poder?

doble moral, como siempre.

carlos dijo...

Muy bonita la foto. Tanta felicidad pero pesa la falta de Carlos Alejandro.

Abrazos.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Hola Aldebarán. Lamentáblemente esto de la doble moral es una fregada. Lo peor es que, los que se creen con moral impecable, creen que tienen derecho a juzgar a los que, de acuerdo a sus parámetros, no son "gente bien".

Hola Carlos. Vos lo conocías? Realmente una tristeza. Cuando Funes lo mencionó, me conmovió mucho, y me cuesta imaginar lo doloroso que debe ser para él y la falta que debe hacer. Un abrazo.

Chicaborges dijo...

Lo curioso también es que el vice presidente es también ministro de educación verdad?

La primera dama brasilera y con un tipo de cohesión social seguro también con toques de lula... en Brazil parece estar funcionando ojala se tome lo mejor del programa.

lo mejor para El Salvador que es un pueblo tan pujante

Carlos dijo...

Hola, no conocí a Carlos Alejandro personalmente, pero una de las veces que Funes estuvo en Washington el año pasado, habló sobre su muerte en una cena. Perder a un hijo es una experiencia fuerte y dolorosa para cualquiera. Las palabras de Funes fueron conmovedoras.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Sí, Sánchez Cerén es el vicepresidente/ministro. El es maestro de profesión, y fue el comandante del FMLN durante la guerra. ES decir, representa el brazo extremo y armado del conflicto, por eso a mucha gente de derecha le ha causado temor. Pero bueno, el beneficio de la duda no se le debe negar a nadie.

Uy, Carlos, sí. Dicen que es el dolor más fuerte que puede experimentar un ser humano. Y lo de Funes fue dramático, porque el caso se ha vinculado mucho(por cosas del destino)a su candidatura. Si mal no recuerdo, tan solo un día después de que fuera designado candidato por el Frente fue que falleció. Y ahora, que está tomando posesión del cargo de Presidente, condenan a 16 años al marroquí que asesinó al hijo en París, en una riña callejera de lo más sin gracia. Al parecer fue un accidente. Muy, muy triste.

Nancy dijo...

Ah, los salvadoreños nos llevan años de ventaja política. Allá por lo menos podemos hablar de posturas políticas o ideologías...
En cambio aquí...
Interesante, como siempre, tu exposición.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Hola Nancy. Fijate que yo creo que esas posturas son precisamente la forma de silenciar las voces discrodantes. Porque no son tanto posturas individuales, sino grupales. Es decir: si perteneces a un grupo, debés pensar como el mismo. Decir algo en contrario significa se excluido. Y eso, al final de todo, es una forma de evitar la crítica. Es difícil ver en El Salvador, por ej, que el papá sea de derecha, la mamá de izquierda y los hijos apolíticos, por decir algo. Saludos y gracias por pasar!