4 ago. 2008

Reseña de la presentación y de las novelas en Centroamérica 21

Y la revista Centroamérica 21 viene esta vez cargada de lo ocurrido en Filgua.
Aquí una excelente reseña de Hilma Schmoock Pivaral relacionada con la presentación de Trece, Los locos mueren de viejos y El sueño de Mariana.
La reseña me parece valiosa, no sólo porque narra los hechos de una forma muy vívida, sino además por la inmensa cantidad de detalles que Hilma tuvo a bien describir. Cosas que ni yo misma recordaba, pero que ocurrieron, y son estas pequeñas cosas las que siempre hacen que un momento sea inolvidable.
Gracias pues Hilma por atesorar esas cosillas (siempre he dicho que sos romántica-modernista en los detalles) y dejarlas plasmadas en esta crónica tan linda.
En esta misma edición, Centroamérica 21 publica las reseñas de las 3 novelas mencionadas.
Debo decir que para mí fue un gusto haber tenido la oportunidad de reseñar Trece y El sueño de Mariana.
Creo, efectívamente, que en nuestro país (El Salvador) están pasando cosas interesantes. La guerra está quedando atrás, ahora ya no vemos hacia afuera, aunque seguimos buscando. Pero esa búsqueda se está realizando hacia adentro, hacia nosotros mismos, esa parte que dejamos olvidada durante tantos años y ahora se expresa por medio de la literatura. La historia lo dirá.

3 comentarios:

Chicaborges dijo...

Sigo lamentando no haber podido acompañarte. La nota con que cierra Hilma (la corresponsal estrella) sobre el panorama de las letras salvadoreñas y el futuro a develarse nos invita no perder la pista y esperar más. Tengo pendiente leer los comentarios que han ido saliendo pero estos días han sido intensos pero te debo un cafecito para comentarlo con detalle.

Renato Buezo dijo...

“Aún no sé ni cómo diablos empezar esto. Con Las flores me pasó algo aterrador y desesperante, te lo digo desde mi mejor y más sólido punto de vista: el de lector, y que conste, con mucha avidez, si vale la frase y no se sale de los esquemas. Te la barajeo más despacio, pero con libros: cuando me topé con El bendito señor presidente, me fui de bruces contra los caminos locos y repetitivos de Asturias, dicho de otra manera: me colgué hasta los cogotes, de tal manera que sin haber recibido el sí, ya me daba por casado con el Gran Moyas. Entonces creí que debía leer todo lo que en la portada dijera Miguel Ángel Asturias. Lo que vino por casualidad, puesto que en ese entonces no tenía ni para las bolitas de ese chicle duro y desabrido que costaba cinco centavos, fueron Las Leyendas de Guatemala. Algo me pasó, y todavía no lo descifro. Después de varias páginas empezó el proceso de divorcio. Los ojos de los enterrados fue una traición frente a mis narices. Si regresaba era por idiota. Claro, en ese entonces yo era un niño que había quedado entusiasmado por Caballo de Troya, y que por eso creía estar preparado para recorrer el mundo. Mis tíos me heredaron Camel y Jetro tul, Zappa, pero cuando estuve solo y con los famosos walkman, aquella música me pareció aberrante y aburrida. Ahora que ya me eduqué un poco, los disfruto de una manera que en aquellos años era impensable. Asturias, ahora, no sólo es tolerable, si no fabuloso. Sin haberla comprendido del todo, he leído varias veces Tres de cuatro soles. Ya no causa en mí, la voz asturiana, ese efecto de hastío. Basta con dejarlo descansar un par de libros.
Con Las flores me pasó algo similar, la tenía insertada en un lugar cercano a mi memoria, que desconocía. Cuando compré el libro, e inicié la lectura, la historia empezó en mi mente, y adelantada algunos pasos al libro, con una serie de apariciones con vida propia. Esos pensamientos que estaba experimentando, y que no eran míos, no me permitieron continuar. Decidí descansar, y retomar el libro como un libro desconocido pasados, qué yo, varios días. Fue imposible, cada vez que habría un rotativo, estaban Las flores descritas de una o de otra manera, o de cualquier manera. Eso me dio muchísimo gusto, y para que mentir, también me sentí orgulloso. Pero me volvía a sumergir en el mismo estado incontrolable del inicio. Era como si quisiera inventar la historia, como ver la película a la par de alguien que ya la vio, y que te la está contando con muchísimos errores. Hace algunas semanas la retomé, y no pensé que la fuera a disfrutar tanto. Me hace sentir feliz que la narrativa de aquella sea estupenda, pero también me da envidia.
Con Los locos mueren de viejos, la vaina fue distinta. El libro es de una velocidad impresionante, no por su tamaño, si no por la sucesión de hechos tan bien armada, y por ese ritmo delirante. Creí que el borrador de doce páginas, si no me falla la memoria, que leí hace mucho tiempo, y que se suponía sería un cuento, no se parece en nada a la trama de esta historia. El giro fue radical. Cada uno de los personajes es un eje paralelo, y a veces perpendicular, que intenta bifurcar el hilo conductor sobre el cual uno cree estar caminando, por cierto, con mucha estabilidad. Aunque esto es sólo una mentira, como cualquier otra. La diferencia es que con las páginas se va convirtiendo en un buen engaño, punto crucial, que más tarde mata. Claro, el título lo dice todo, la chavita se está volviendo loca, sus alucines, y maría, lo terminan de confirmar, pero no sé porqué, uno quiere ser engañado, y se engaña. Eso es lo que más me encantó del libro, que es uno el truhan, el engañador. La magia, truco que no he logrado descifrar, es que quien se engaña, el lector, lo sabe desde el principio, y lo va a confirmando en el camino. Sin embargo, es imposible poder escapar. No hay forma de ganarle al texto. Te digo, la primera vez, porque seguramente habrán más, la leí en unas horas, un tiempo mucho menor a lo que llevaría hacer un viaje en moto de aquí al Salvador.
Un abrazo

Vanessa Núñez Handal dijo...

Sí Lorena. Fue una pena que tocaran ambos eventos al mismo tiempo... pero bueno, ya sabés que agradecí el que hayás leido uno de los borradores y tus sugerencias, muchas de las cuales quedaron agregadas.

Renato: como te dije en el mail. Para mí tus palabras son importantísimas, porque uno quiere compartir estas cosas con los amigos.
Queda entonces pendiente en cafecito, saludos a tus hijos, y espero conocer al chiquito pronto. Un abrazo y gracias otra vez.