8 ago. 2008

"No somos poetas" de Carolina Escobar Sarti

Durante la Filgua 2008 tuve la oportunidad de conocer a la poeta e intelectual Carolina Escobar Sarti. De ella sabía muy poco. Me había llamado la atención una columna suya publicada hace más de un año en Prensa Libre con relación a las personas con discapacidad.
Pero, cuando la vi interactuando con el maestro Carlos Monsiváis, llamó mucho mi atención la claridad de sus pensamientos, misma que tuve ocasión de comprobar durante la presentación del libro “Del genocidio al feminicidio” de Victoria Sandford, y sobre la cual escribió una columna —igual de inteligente— la cual puede leerse aquí. Al salir de la presentación, tuve apenas unos segundos para felicitarla y manifestarle mi admiración, porque Carolina tenía inmediatamente una lectura de su poesía.
Entonces me fui al stand de F&G y busqué un libro suyo, cuyo nombre siempre me resultó extraño: “No somos poetas”. No le veía la lógica al asunto, sobre todo, tomando en cuenta que se trataba de un libro de poesía (luego lo comprendería).
El caso es que lo compré. Yo, que por dejadez jamás compro poesía, lo hojeé y me llevé una sorpresa inmensa desde el primer poema que leí: “Somos apenas amantes”, se titulaba.

Carolina Escobar Sarti, Raúl Figueroa y Javier Mosquera


Entonces, anteayer, conversando con Hilma en su biblioteca, de pronto recordé el libro. Le pregunté si lo tenía, lo sacó de sus libreras y comenzamos a leerlo en voz alta, quedando ambas maravilladas.
Y es que la poesía de Carolina Escobar no sólo tiene una fuerza que se percibe desde la primera línea y remata, en la gran mayoría de los poemas que componen este libro, en las dos o tres líneas finales, sino que además es poesía inteligente. Tremendamente inteligente y culta, que precisó no sólo de una poeta que evidentemente se ha interesado por la evolución, el devenir de la cultura y la religión, el desarrollo del inconsciente y la desolación de sentirnos huérfanos en un mundo que no comprendemos y nos amedrenta, sino también de un lector que sepa comprender todo el bagaje cultural que cada frase encierra.
Particularmente, en el poema “Confesión última”, Carolina nos narra (sí, por raro que suene para un poema) la historia del hombre y su cultura. Un hombre enredado en construir un Dios que, aunque nos permitió conocer nuestro exterior, nos negó acceso a nosotros mismos. Y el poema termina además con una ironía, horrible y atroz, en la voz de un Dios que nos recuerda que nos creó a su imagen y semejanza, y que por lo mismo, hemos creído en él sólo porque lo necesitábamos. Somos entonces —y esa es la sensación que el libro entero me dejó—, nada más que “suicidas con la cuerda en la mano”.

Los poemas de Carolina, además de contenido, presentan un ritmo que los hace riquísimos de leer. Dicho ritmo se presta pues a la interpretación del poema y les da una calma que evidencia aún más la derrota y la desesperación de esos que “…intentamos delinear los bordes profundos”…

“por eso la poesía, dice el poeta
no sirve para nada
pero es indispensable”.

(Fragmento de “Y esto no es un poema” de Carolina Escobar Sarti).

3 comentarios:

Carlos dijo...

“por eso la poesía, dice el poeta
no sirve para nada
pero es indispensable”.

Recuerdo que en una conferencia, a José Emilio Pacheco le preguntaron que cuál era la función de la poesía en tiempos de guerra. Dijo que era una postura de oposción, pero que ante la guerra, la poesía era como lanzar un pétalo en el Gran Cañón.

Por otra parte, un amigo poeta dominicano, me contó que uno de sus poemas sirvió para galvanizar un movimiento exitoso por liberar a un periodista turco durante un festival internacional de poesía en Turquía. Sin embargo, me afirmó que la mayor parte de los poemas, no tenían su gran día.

Alistair Reid, el poeta y traductor escocés dijo (en la misma conferencia de Pacheco) que en la guerra, la poesía servía de consuelo.

Yo me pregunto que qué sería un país sin poesía, una tierra sin poetas. Es inconcevible.

Abrazos.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Me encantó eso de que la poesía es como un pétalo en el Gran Cañón... y sí, no sirve de nada, cómo no sirven de nada las grandes respuestas, pero sencillamente una vida sin ellas no valdría la pena ser vivida... gracias por tu comentario, siempre tan atinado! un abrazo

Carlos dijo...

Hola, no soporté la curiosidad y cometí esta transgresión.

¡Gracias por la recomendación!