2 jun. 2008

¿Y ahora, a quién matamos?

Hacía tanto —desde mis tiempos de abogada— que no escuchaba hablar sobre la pena de muerte. Y como aquí en Guate el debate está aún abierto, pues he vuelto a pensar en el tema.
La pena de muerte, o pena capital, ha sido siempre muy controvertida. Antes, Edad Media y etcéteras, se buscaba castigar el cuerpo del delincuente causándole dolores atroces. Situación que ha sido muy bien ilustrada por Michael Foucault en las primeras páginas de su libro “Vigilar y Castigar”.
Luego, la pena se orientó a maneras menos grotescas. Formas que no parecieran (aunque efectivamente eso es el derecho penal) que el Estado el que se estaba vengando del delincuente, sino únicamente ejerciendo su imperium y devolviendo las cosas al orden establecido.
Se ideó entonces una nueva forma de tortura, quizás más grave, quizás más cruel que el descuartizamiento, la quema en la hoguera, la flagelación pública: la cárcel.
Y es que aunque la cárcel no tenga las connotaciones de exhibicionismo y sanguinolencia que sí manejaban las penas de hace varios siglos, posee un elemento que busca castigar, ya no el cuerpo, ya no la carne, sino el alma. Un alma apresada en un cuerpo condenado a permanecer durante meses, años, décadas, o la vida entera en el interior de un recinto donde las horas no pasan, donde la angustia, la pena, la depresión son el día a día. Sin tomar en cuenta, claro, la violencia o sufrimiento físico o psicológico que otros (carceleros, otros reclusos, etc.) pudieran infligir al condenado.
Y no estoy intentando hacer aquí una apología de los presos (cada cual sabrá por qué está dónde está, incluso los que andan libres) lo que intento hacer es una ilustración de la gravedad que ya hoy por hoy revisten las penas establecidas, que claro, a muchos parecen nada porque no son ejecutadas a la vista del público, sino en un recinto privado, alejado de todo espectáculo, y proponen penas “más disuasivas”, como la pena de muerte.
Pero el caso es que lo disuasivo no es la pena —tal es el ejemplo anteriormente mencionado de penas inhumanas y de película de horror—sino el sistema. Un sistema que no funciona, que no es efectivo en perseguir, procesar, castigar y —si fuera posible— rehabilitar y readaptar a su población delincuente, bien podría reestablecer la hoguera, la horca, el lanzamiento a un río dentro de un saco con serpientes, pero los resultados serán siempre los mismos.
¿Por qué? Porque el que delinque no lo hace nunca previa contabilización de los años que le tocarán si mata o si sólo viola a su víctima, por ejemplo, sino que lo hace con el pleno convencimiento de que sus actos quedarán sin castigo.
Contrariamente, por muy pequeña que sea la pena (multa, días de trabajo social, arresto domiciliario, etc.), si una persona posee el pleno convencimiento de que sus actos no quedarán sin castigo, y que tarde o temprano los órganos de investigación lograrán esclarecer el hecho y dar con su autor, ésta se abstiene simplemente de cometer el hecho.
Así pues, los que están a favor de la pena de muerte sobre la base de considerarla una forma de evitar los crímenes, sencillamente saben muy poco sobre psicología.

5 comentarios:

Alberto B. dijo...

La pena de muerte no resuleve nada. Es darle a un poder juidicial corrrupto la facultad de quitar vidas. Lo que necesitamos es un buen sistema de policías y no los que tenemos hoy día que se venden y son achichincles de los delincuentes.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Lo que sucede es que no es tan fácil. Se necesitan cambios profundos y a largo plazo. Y eso no sucede de un día para otro, pero la gente ya no quiere esperar. La situación de seguridad en nuestros países es sinceramente caótica.

Anónimo dijo...

La pena de mueerte es una forma de deshacerse de los inadaptados y los que ya no se componen de ninguna otra forma
Durante las dictaduras, cuando se ha ejercidojusticia de hierro, las delincuencia a disminuido, así que la pena de muert sí debe ser impuesta.

Vanessa Núñez Handal dijo...

La pena de muerte ha sido, especialmente durante las dictaduras, una forma de deshacerse, sobre todo, de los enemigos políticos.
Gracias por pasar.

Denise Phé-Funchal dijo...

Hummm la pena de muerte es una pendejada, darle circo al pueblo, una píldora de olvido y de seguridad, y anónimo 2... en las dictaduras la violencia ha sido tremenda... sólo en guate 200 mil víctimas si eso es paz...