17 abr. 2008

Yo, o de las víctimas de Don Juan Tenorio

Posted by PicasaLa revista Travesías Filosóficas y Literarias, editada por la Facultad de Humanidades y el Departamento de Letras y Filosofía, fue presentada este martes en la Universidad Rafael Landívar.
En la misma aparecen análisis filosóficos y literarios, interesándome a mí los segundos.
Entonces Jorge Carro presentó los trabajos que durante la maestría habíamos hecho sobre 7 libros de dictadores. (No, no escritos por dictadores, sino sobre éstos.)
Yo, que había pedido no ser la primera en la ponencia —porque existe esa rara forma de halagar a las mujeres, lanzándola a una de quiebra-hielo— me tocó el tercer turno.
Yo no hablé sobre los dictadores. Ya Carro y Gustavo Sánchez lo habían hecho. A mí me tocaba hablar sobre “mi” Don Juan. El de Zorrilla.
Resulta, tal como conté en la presentación, que Byron Barahona, mi profesor de crítica literaria, nos impulsó (léase obligó) a realizar una crítica sobre una obra. Cualquiera, dijo. Y yo me debatí entre Jacinta Escudos y sus Cuentos Sucios, entre Luisa Valenzuela y su Cambio de Armas, y entre otros.
El asunto era que no sabía qué obra trabajar, pero tenía claro el enfoque: feminismo. Y si cabía un poco el psicoanálisis, pues bienvenido.
Era cosa de ponerse a analizar motivaciones y culturas, así que qué mejor para ello que la representación occidental de la ambigüedad masculina: Don Juan Tenorio.
Y me ocurrió, como en la obra le ocurre a las sesenta y pico enamoradas por éste, a la novicia a punto de profesar y a la mujer a punto de casarse, que me enamoré de él. Irresistible, seductor, irreverente, transgresor. Tenía que haber algo más en él. Algo que yo no hubiera podido percibir y que a pesar de todas mis “armas intelectuales”, me llevara siempre a caer en la trampa.
Y ahondé. Lo que encontré ahí se lo leen en la revista. Lo que me pasó con mis debilidades, es lo que les he de contar aquí.
Resulta que según yo, iba tarde a la presentación, (contrario a mis propósitos de puntualidad), y en una curva, acelerando como loca, por poco me pasé llevando un carro, y al mirar por el retrovisor me di cuenta que era mi psicoanalista. Jue!, dije para mis adentros, a qué horas la mato y la culpa me devora por el resto de mi vida. Y continué.
Estacioné el carro. Tomé mis papeles como pude. Corrí como enajenada. Bajé gradas. Atravesé pasillos. Me llevé de encuentro a cuanto ser viviente o no viviente encontré a mi paso, para darme cuenta que era la primera en el salón…
Ya la cosa comenzaba a ponerse tensa para mí.
Y cuando salí, para sondear el asunto, vi a mi psicóloga que caminaba hacia mí, para asistir a la charla. Y fue el acabose. ¿Cómo habla uno en público, que ya había comenzado a aparecer (y frente a su psicóloga que bien sabe cuando uno miente y cuando no) de psicoanálisis y sentimientos que aún no se logran comprender?
Porque hay que ser sinceros: él o la psicóloga es la única persona ante la cual uno se ha colocado como cordero, ha reconocido sus debilidades y pecados y por lo tanto, lo conoce a uno mejor que nadie. Era too much, simplemente.
Y claro, pasó lo que tenía que pasar. Me desconcentré por completo, intenté explicar lo mejor posible mis puntos, y acabé por leer mi ensayo, pero me quedé siempre con la sensación de no haber podido decir todo lo que quería, ni haber podido transmitir el mensaje.
“La angustia formada en una obra literaria”, fue mi conclusión forzada. Pero entonces supe, y supe que mi psicóloga sabía, que en realidad hablaba de mí. De mi angustia al sentirme desnuda frente a la gente y evidentemente conquistada por un Don Juan que, al menos, tenía el mérito de obrar sin cargos de conciencia ni culpas al hombro, como evidentemente lo había hecho yo entonces.
Don Juan!, ¡don Juan!, yo lo imploro
de tu hidalga compasión:
o arráncame el corazón,
o ámame, porque te adoro”.

4 comentarios:

Denise Phé-Funchal dijo...

Jajajaja, qué lo siento vos pero si mano pasa, cuando nadie en tu campo de visión te es familiar sos capaz de decir las cosas que pensaste de antemano y las que se te ocurren como revelaciones espontáneas.... pero fatal cuando alguien te ve.... todo se confunde... conozco la sensación.. más frente al psicoanalista... por cierto y mi libro de psico femenina??

Vanessa Núñez Handal dijo...

Te juro, mejor hablar ante puros desconocidos.
Y pues en cuanto a los libros, como no nos hemos visto!!! Pero ahí te lo llevo then. Bye

Anónimo dijo...

Hola, soy estudiante de filosofía y quería saber dónde se puede conseguir la revista de la Landívar?

Vanessa Núñez Handal dijo...

Entiendo que se puede pedir en la Facultad de Humanidades en el Departamento de Letras y Filosofía. Está interesante y es un esfuerzo muy bueno, ojalá podás conseguirla. Saludos,