3 mar. 2008

Mercedes Sosa


Posted by PicasaPocas cosas han logrado decirme tanto como la música de Mercedes Sosa. Son esas cosas que no interpreto, siento.

La conocí en Buenos Aires, en el Gran Rex, el 18 de noviembre del 2001. De eso ya hace mucho, y sin embargo parece ayer. No, no son frases trilladas. Son cosas que uno oye y piensa que nunca habrá de sentirlas, pero llegan.

En esa ocasión, camino del teatro, por las calles azules de Buenos Aires, encontré un peso… ¡Ché, mirá que tenés buena suerte!, me dijo un bonaerense de boina y puro. Un mes después fue la crisis y todo se fue al diablo. Todo, menos ese espíritu tan particular que tiene la gente del cono sur. Es algo entre ironía y ternura.

Vi a Mercedes Sosa, sentada entre abrigos y guantes, a tan sólo unos cinco metros del escenario. Atrás de mí Víctor Heredia lloraba desde el inicio. Yo también. Después me perdí y un cura me guío hasta mi hotel.

La segunda vez la vi en el mítico Estadio Nacional de Santiago de Chile. El frío era intenso y miles de personas se aglomeraban en la entrada. Era gente distinta y el concierto de Buenos Aires había sido grabado en CD. Es el Acústico, en vivo. Lo compré. Sabía de lo que iba, yo había estado ahí. Ente esos aplausos que se escuchaban, se encontraba perdido el sonido de mis manos.

La tercera vez la vi aquí, en Guatemala, hace tan solo tres días. Y estoy segura que será la última. Cansada, agotada por la edad y el sobre peso, Mercedes Sosa hace esfuerzos por cantar. Y canta muy bien. Mejor que nunca. Su voz enronquecida por los años y el cigarrillo (creo) resuena sonora y áspera, como el contenido de sus canciones.

Volví a llorar. Esta vez, también la gente era distinta.

3 comentarios:

Duff Man dijo...

Hola Vanessa. Vengo a visitarte (Alejos, Luis) a tu blog. Linda la foto, me alegra saber que la música seguro te afecta como a mí. Cuídate.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Hola Luis, qué ondas? Gracias por tu visita. A ver qué día nos juntamos a platicar de música en L´Ostería, para no perder la costumbre. Saludos.

Alberto B. dijo...

Yo fui cuando llegó a El Salvador. Su voz era impresionante, digno de verse y escucharse.