5 ene. 2008

Un volcán ciudadano

San Salvador fue fundada tres veces. La primera allá por 1954. Sus habitantes fueron expulsados por los pipiles (etnia derivada de los mayas) y hubo que refundarla. Fue un hermano del Pedro de Alvarado el encargado, Gonzalo, si no estoy mal. La segunda vez se la situó en La Bermuda, un pequeño valle cerca de Suchitoto. Pero a sus habitantes —dado que ahí hacía y hace un calor que recuerda el infierno— les pareció más agradable un pequeño caserío situado en la vega del un río cercano — lo que hoy se conoce como Candelaria—, y para ahí se trasladaron previo permiso de las autoridades españolas. Años más tarde sabrían que esa zona era propensa a inundaciones, temblores y terremotos, pero ya sería muy tarde. El pueblo estaba asentado.
San Salvador se convirtió en ciudad antes de la independencia y desde entonces hasta hoy, ha crecido a pasos agigantados. Tanto así que se ha trepado al volcán y este por las noches parece un gigantesco y dantesco árbol de navidad. Dantesco porque este volcán que hoy vigila apacible los valles que lo rodean, ha destruido la ciudad en varias ocasiones.
El Boquerón es un volcán dormido, pero tan sólo hace noventa años (tomen en cuenta que ese lapso de tiempo es nada en la vida de un volcán de profesión) arrojó fuego de la forma tan terrible que el escritor Profirio Barba Jacob (el hombre que parecía un caballo) lo dejó plasmado en su libro “El terremoto de San Salvador” (Colección Trigueros de León, DPI). Fue un jueves de semana santa de 1917 cuando tres terremotos de origen volcánico destruyeron por completo una San Salvador de madera, lámina y adobe, provocando incendios y derrumbes. Y es que este volcán, que está verdaderamente cercano a la ciudad, es inmenso (o a mí me lo parece por ser el volcán que acompañó mi niñez y juventud), cuya vegetación, plantaciones de café y grandiosos árboles rompedores de viento engañan al que no conoce su historia, haciéndole creer que es un simple cerro apacible.
Pero el que un día fuera llamado “El Jabalí” (y hasta canción tenía) cubrió grandes extensiones de tierra con lava hirviendo —misma que hoy puede apreciarse como inmensos campos de piedra negra—, y habrá de despertar en algún momento. Y de acuerdo a los geólogos este despertar no habrá de ocurrir demasiado a futuro, sino que dicha erupción debería ocurrir uno de estos años. Pronto.
Al volcán no tuvimos acceso los capitalinos hasta hace cinco años, cuando por motivos de los terremotos del 2001 hubo que buscar una vía alterna hacia el Occidente del país. Antes la única forma de llegar a él era por medio de vehículos todo terreno o escalarlo. Ir a comer pupusas a uno de los muchos restaurantes que hoy existen en su espalda es para mí aún una experiencia de fantasía. Mi vida entera lo observé. Lo vi tomar fuego. Lo vi reverdecer en el invierno y ponerse café en verano. Observé las antenas en su cono. Las cuadrículas en su falda. Los aviones y las bombas lanzadas en sus barrancos. Poder ahora penetrarlo es una experiencia que resulta a la vez fantástica y aterradora.

4 comentarios:

Ricardo dijo...

Jejejeje, entonces yo seré de los primeros chamuscados en la erupción.
Hace tres años tuve la oportunidad de llegar hasta el "picacho", nombre popular para denominar el punto más elevado de ese volcán. Ahora hay una calle encementada, de esas que están de moda, para tomar el desvío al boquerón, que queda en las espaldas, como si fuera valle, en medio de la elevación mediana y las antenas.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Es otra calle diferente a la "ruta de las flores"??? Y es una pena ver como todo se ha ido comercializando. Me acuerdo que las 1as veces que fui, todo era tipo finca. Te sentías en el interior de una hacienda. La gente salía a la puerta a ver pasar los carros. Hoy hay pupuserías, negocitos de gaseosas, etc.

Alberto B. dijo...

ahhhhh el mero Picacho
yo lo escalé hace mucho, hoy es una pena ver tanta casa construida en sus faldas, todo pelón

Anónimo dijo...

AAAAAAAAAAAy el Picacho. Me acuerdo cuando en el terremoto del 2001 la mara decía que le iba a caer encima a la Escalón. Incluso, en un inicio alguno pensaron que el terremoto se había debido a una erupción del volcán. Bueno, un día lo veremos florecer nuevamente. YO.