6 sept. 2007

La literatura por un premio


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Asistí con Hilma y Lorena a la entrega del Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias, 2007, máximo galardón otorgado dentro de dicha rama. El mismo fue concedido este año a Mario Roberto Morales, escritor y crítico literario, que imparte clases en diversas universidades de Estados Unidos y Europa.
El premio es entregado en el Palacio Nacional o Presidencial, construido con todo lujo en tiempos del dictador Jorge Ubico. El lugar es impresionante, y no creo haber visto algo semejante en El Salvador. Además, el nivel de conservación de los murales y demás obras de arte es asombroso. Entonces, dentro de este contexto, debo decir que estaba yo francamente apantallada.
Yo, viniendo de un país donde ni siquiera existe un premio específico para la literatura, no podía creer que se diera tanto realce a este arte. Bueno, el asombro me duró poco.
Cuando inició la ceremonia, lo primero que anunció la señorita delegada era que el Ministro de Cultura y Deportes no iba a poder estar presente por quién sabe qué asunto, que obviamente le era más importante, lo tenía ocupado en quién sabe dónde. El discurso, pronunciado por esta señorita cuyo cargo no me fue posible determinar, fue más bien improvisado, intentando ligar la obra de Morales con un discurso de diversidad étnica, donde se pretendía alegar que la obra del autor premiado era una celebración a la vida y por lo tanto una celebración a la diversidad de étnias en Guatemala. Muy elaborado y poco claro, par mi gusto.
El encargado de dar el discurso de premiación fue Francisco Méndez, escritor y crítico literario de primer orden, quien brindó algunos datos sobre la obra del autor. Según tengo entendido este discurso ha sido tradicionalmente pronunciado por anteriores galardonados, pero en esta ocasión fue escogido Francisco, lo que me pareció un gesto de mucho apoyo por parte de Mario Roberto Morales para las generaciones de escritores que le siguen.
El premiado dio su discurso de aceptación y debo decir que no me quedó a deber nada. Habló un poco de todo, pero con la claridad del que sabe que su voz tiene ese único chance de ser escuchada. El discurso lo pueden encontrar aquí.
Y finalmente, como tiro de gracia, el viceministro de educación, se echó un discurso absolutamente improvisado, vacío y que fue repetición de la pseudo teoría de la diversidad étnica en la literatura. Y era obvio que desconocía la obra del autor. Es posible que se le haya informado a última hora que tendría que entregar el premio y no le dio tiempo de nada. O no sé, pero prefiero pensar lo primero.
Luego la firma de libros, ya que Editorial Cultura sacó una reedición de “Señores bajo los Árboles”, y resultó que Mario Roberto Morales había sido compañero y maestro de Hilma en la universidad, así que yo, de colada en la fila, tuve ocasión de ver a un hombre feliz por su triunfo y muy cálido con sus amigos.
Amigos, muchos, escritores muy pocos. Eso fue quizás lo que más mal sabor me dejó: andaban muy pocos escritores y muy pocos académicos. Resulta que no a todos les pareció adecuado que Mario Roberto Morales fuera el galardonado. No he profundizado aún en las causas, sin embargo pienso, que el premio por sí mismo es importante y habría valido la pena que otros escritores lo validaran. No al escritor, sino a la literatura como una rama importante y a la cual se le ha restado mérito. Entonces, si ni los mismos literatos, escritores, críticos, le damos valor a estos eventos, ¿con qué cara podemos luego reclamar que la literatura esté tirada en el último cajón de las cómodas del Estado?

4 comentarios:

Ricardo dijo...

Jejeje, tienes razón, me encanta este blog...

Denise Phé-Funchal dijo...

Agudo pero cierto. No se da al arte en general el lugar que debería de tener, pero creo que en parte es por la lucha de personalismos producto de la era globalizada e individualista, termina por joder el asunto, y crea fracciones de escritores y resentimientos "porque a MI me lo deberían haber dado", por otro lado, creo que puede que los escritores políticamente correctos (también personalistas), se abstengan de participar en la celebración, escudados en el argumento de Ak´abal de hace un año o dos, de que Miguel Ángel Asturias , era un tipo racista (por el rollo de sus tesis de grado) y por lo tanto una "vergüenza" precisamente para el rollo de la multiculturalidad. Creo en fín, que lo más triste es que no se separen las cosas, MAA fue un hombre de su tiempo, que luego y con la experiencia se retractó... pero bueno todo lo que digás (o escribás) puede ser usado en tu contra.

Carlos Colón-Quintana dijo...

Recuerdo pasr por el Palacio Nacional casi a diario, durante mis años en el Conservatori de Guatemala. Lindo edificio...

Vanessa dijo...

Hola Ricardo, muchas gracias!

Denise: tenés razón. Hemos hecho de la literatura una lucha de egos. Se la ha convertido en un producto de la cual todos queremos sacar la mejor tajada, y creemos que el éxito de otros nos quita a nosotros algo.
Y sí, esa historia de la tesis de MAA es como de la era de Ubico. Lo que sí es que sí lo dijo, eso que ni qué. Que el tiempo y su época lo llevaron a cometer semejante error, ok. Pero ya pues, si el tipo pasó a la historia por su obra, no por sus ideas políticas, racistas, alcohólismo que a nadie le interesan a estas alturas.

Hola Carlos. Gracias por visitar el blog.