12 sept. 2007

De la esquizofrenia y otras herencias familiares




Este fin de semana comprobé una cosa interesante, que ya sabía, pero que no conocía en carne (familia propia), al menos en su segunda parte: Que todas las familias tienen un tío bolo y una tía puta. Me agrada más realmente lo segundo, porque bolos abundan en todas partes.
Alguna vez leí, no recuerdo ya dónde, que la esquizofrenia es potenciada, a parte de factores físicos, por esos pequeños recuerdos que hay guardados en las inmensas gavetas del pasado que toda familia tiene. Son gavetas oscuras, donde los niños tienen prohibido meter la mano porque se convierten en sal. Gavetas donde el más atrevido y dispuesto a pecar puede encontrar tesoros: Las fotos del novio de la abuela, al que seguramente quiso más que al abuelo mismo. La carta que un novio lejano escribió a mamá cuando aún no se había comprometido con papá, aunque tenga la fecha borrada con agua. El viejo reloj de leontina del abuelo. La fotografía de aquella tía que murió joven y de la que nadie quiso volver a hablar.
Esos recuerdos, verdades a medias, que flotan en el aire y que hacen que los adultos se callen cuando el niño entra en la habitación o el comedor, son detonantes de una esquizofrenia segura. Esquizofrenia que todos padecemos, en mayor o menor medida.
A todos nos acongoja saber qué ocurrió antes de que nuestro primer grito sonara en este mundo. ¿Quiénes eran realmente nuestros padres? ¿De dónde venimos? ¿Qué cargas emocionales nos han sido impuestas? ¿Qué pecados ajenos hemos sido condenados a purgar?
Porque de estas cosas no hay necesidad de hablar. Por ellas hablan los silencios, las fotos arrancadas, recortadas, los nombres innombrables, las miradas de reojo. Estas se captan con el alma, con esa parte nuestra que es incapaz de reconstruir el mundo porque en ella las leyes naturales no funcionan. Ahí las manzanas no caen de los árboles, sino que suben hasta el cielo de nuestros sueños y nos hacen vivir cosas extrañas… extrañas sí, cuando despertamos, pero mientras estamos dormidos nos parecen de lo más natural.
La discusión familiar gira entonces en torno a si estos secretos, que nunca son tan terribles como se perciben, deben o no ser revelados a las nuevas generaciones. ¿Con qué objeto? Pues para que cuando alguien se le acerque al otrora niño, hoy hombre, y le diga “tu tía era puta o tu tío era bolo”, el niño pueda responder que sí, y a mucha honra.

6 comentarios:

Denise Phé-Funchal dijo...

Mano de nuevo ta posteado raro y no se leeeeeeee!!!

Chicaborges dijo...

Bien dice el dicho de que hasta en las mejores familias, hay uno de esos integrantes de los que se cuchichea o de los que se podan del árbol genealógico. Yo espero que algún día mis sobrinos digan con mucha honra, aquella mi tía loca era re buena onda...

Vanessa dijo...

Ah no sí, hasta en las familias más distinguidas hay... eso que ni qué. Y como la familia no se escoje, jajaja (puras frases trilladas, no? pero por algo existen). El caso es que sí, esa es la esperanza, pasar a la historia familiar como alguien digno de ser comentado, ya sea por bolo o por puta... pero jamás olvidado por las generaciones subsiguientes como suele pasar con aquellas mujeres mustias de antes, que vestían santos "aunque así no lo quieran" como dice la Shakira.

EL ENMASCARADO dijo...

Yo solo tengo una hermana en una familia de siete hermanos, hace ya unos añitos tuvimos con unos cuates quinceañeros de esa epoca un problema con la LEY, Mi hermana con toda la libertad moral que le da ser la Mayor de los hermanos llego al bote y me dice...EN UN FAMILION UNA PUTA Y UN LADRON!
Al reflexionar...se moria de la risa!

Vanessa dijo...

Hola Enmascarado. Pues está buenísima la frase fijate, y es cierto, el ladrón es infaltable. Y como bien dice una amiga mía, que lo único que debe darle vergüenza a uno es robar, y ni eso: que lo agarren a uno con la gallina bajo el brazo.

Nunca me había dado cuenta cuánto refrán hay en torno al tema...

Denise Phé-Funchal dijo...

Ahhh no hay nada más interesante que explorar las historias tras las fotos recortadas... fascinante.