20 may. 2007

Cuentos fantásticos de Rubén Dario


Posted by PicasaLo temible de investigar es que mientras más se investiga más material para investigar se encuentra, y a ratos pareciera como si nunca se fuera a encontrar un fin a la indagación. Me ha pasado con mi investigación acerca de la literatura fantástica. No sólo la salvadoreña.
Hoy resulta que Rubén Darío, entre su narrativa ( ¡!!la que ocupan 4 de los 5 tomos de sus obras completas! ¡O sea que sólo 1 es de poesía!! ¿Cómo les quedó el ojo?) también tiene algunos cuentos fantástico, los cuales nunca fueron recogidos en libro mientras el autor vivió. Y no se trata de cuentos fantásticos en el sentido laxo de la expresión, sino fantásticos al estilo Poe, pero parece que sólo fueron publicados en medios de poca difusión allá por 1893.
Resulta que cuando Darío vivió en Buenos Aires frecuentaba grupos espiritistas, parapsicólogos, esotéricos y ocultistas, entre los que aprendió sobre vampiros, catatonia, comunicaciones con el más allá, etc. Además, debe recordarse que ya se había comenzado a dar en el Cono Sur una incipiente literatura fantástica y de terror, tal es el caso de Horacio Quiroga, Leopoldo Lugones, etc., y así le nació lo fantástico como género.
Conseguí un libro, prologado por José Olivio Jiménez, que se llama “Cuentos Fantásticos” (así de simple) y ahí están reunidos al menos ocho de sus cuentos fantásticos.
Entre ellos se encuentra uno que me causó así como mucho escalofrío. Se llama “Thanathopia”. Escrito al mejor estilo barroco, narra la historia de un muchacho que luego de la muerte de su padre es enviado a un lúgubre internado en Oxford, Inglaterra, donde transcurre su niñez solitaria y sin afectos. El padre, ocupado como estaba en sus estudios científicos, lo visitaba una vez al año, hasta que un día, sin previo aviso, se presenta para informarle que lo llevará de vuelta a casa porque ha contraído matrimonio. El joven, aún apesarado por la ausencia de su madre, emprende el retorno a su hogar para darse cuenta que todo ha cambiado: los muebles, los sirvientes, la decoración. Es entonces que realiza que su padre tiene una mirada extraña, como desconcertante. Este le pide que lo acompañe, para presentarle así a su madrastra. Pero el horror se apodera del muchacho al descubrir que la mujer es una muerta.
Darío utiliza un lenguaje recargado y hasta romántico. Termina en definitva recordándonos a Poe, un mal Poe, porque contrario a lo que este hace, no logra dosificar el efecto de la sorpresa y nos la suelta de un tiro en la frase final, cuando dice: ¡Que está casado mi padre con una muerta! Y ese es el final. Por ningún lado crea la expectativa respecto de la conclusión del cuento y luego nos sorprende. Pero bueno, para ser los albores del cuento fantástico centroamericano no está nada mal.

6 comentarios:

Histéresis dijo...

Saludos...

Por acá iniciando ootra vez a leer a los amigos.

Vanessa dijo...

Qué ondas Edwin! Bueno saber de vos otra vez. A ver qué día nos vemos (pero de plano esta vez)! Saludos.

Ricardo dijo...

Mis alumnos leerán "Azul". Yo lo disfrutaré obligándolos...

Vanessa dijo...

Hola Ricardo. Y vos sos profesor??? Fijate que yo no me acuerdo haber leído en el colegio cuentos de Darío... es más, creo que ni su poesía... hmmm, una pena. A esa edad se deben disfrutar mucho más.

Denise Phé-Funchal dijo...

Ahhh yo recuerdo azul muy a lo lejos y una ficha de lectura que prácticamente me eché en media hora y sin haber leido el libro al que asocio, supongo por los dos o tres cuentos que leí, a un letargo macondoso...

BELMAR dijo...








Nicolás...

"Encuentro con los Gitanos"...

en "Cuentos de Gitanos".



« Aquella fría mañana despertó junto a la salida del sol… la habitación todavía no tenía cortinas así que los primeros rayos de luz atravesaron las sábanas y frazadas como colándose entre las fibras. Ya habían pasado tres días desde que había regresado a la casa que muchos años antes había sido su hogar. Había probado algunos alimentos y bebido mucho alcohol para olvidar, para dejar de sentir el dolor y la ansiedad de no tener una buena dosis recorriendo sus venas, llevándolo a lugares lejanos y placenteros, haciéndolo parte de un cosmos que abrazaba sus piernas y penetraba sus ojos claros, casi azules, casi desdoblados sobre la ausente y acogedora almohada. »



BELMAR