4 dic. 2006

De acuarelas, indiferencias y otros menesteres de la literatura

Y bueno, como en toda relación que sobrepase el mes, llega el momento de contar cosas íntimas, y este blog lleva más tiempo que eso.
Aún vivía en El Salvador, y me había decidido por hacer las cosas que me gustaban en la vida. La pintura siempre me atrajo, y comencé a frecuentar el CENAR (Centro Nacional de Arte), donde no sólo aprendí a pintar en carboncillo, sino que además conocí gente de lo más interesante. Llegó un gringo, cuyo nombre hoy se me escapa (Rafael podrá decirlo) que nos dio un curso de acuarela; así que como parte del mismo se visitó varias playas, atril en mano, para pintar y ensayar técnicas de agua y cielo. Para una de esas salidas me puse en contacto con el gringo, que por aquellas cosas de la vida se estaba hospedando con su esposa, en casa de un escritor salvadoreño. Sí, Rafael. Rafael me explicó como llegar a su casa (punto de reunión), pero nunca llegué. Años más tarde lo haría con frecuencia. Con el nombre de Rafael en la cabeza, descubrí en el periódico que se iban a impartir unas clases de poesía en una universidad (que tampoco me acuerdo el nombre... qué mal ando esta mañana...) y fui. Ahí lo conocí por vez primera. Siempre con el cigarro en la boca y de rostro impávido... no fue una primera buena impresión. Tampoco mi vínculo con la poesía fue amplio (quizás haya sido su culpa...). Meses más tarde me fui a estudiar a Chile. Un año después me mudé a Guatemala , donde vivo actualmente, y reinicié mi búsqueda de "amante" (o sea la literatura).
Era la primera Feria del Libro. Confieso que acudí para escuchar una charla que impartiría un amigo, quién me presentó a Maricarmen de Ola, editora de Alfaguara, la que me señaló que en el cubículo de enfrente estaban impartiendo un taller de escritura.
Me asomé, por pura curiosidad, y era él, el mismo que años antes a penas me había saludado, que no se detuvo a charlar conmigo, y que no pareció interesarse en la amiga y traductora de sus amigos acuarelistas.
Quizás entré por eso, y me le senté al frente. Me vio, y como si nada, continuó hablando. Pero las cosas que decía me resultaron tan lógicas y a la vez tan desconocidas, que decidí volver al día siguiente para escuchar más. Y también lo hice un mes después, y dos años después. Y ahora lo cuento entre mis más preciados amigos.
Pues mi amigo, a quien quiero mucho, presentará el 6 de diciembre una más de sus novelas: "Cualquier forma de morir".
Basta decir que no sólo es uno de los escritores latinoamericanos de mayor renombre en la actualidad (Europa incluida), sino que además es un excelente maestro que, y esto aún es un misterio para mí, regala sus consejos a todo aquel que realmente ame escribir y la literatura. Con él hemos aprendido mucho (los 4 que quedamos de los 30 que fuimos en el taller inicial de Guatemala) y así como nuestros logros han sido muy celebrados por él, los suyos son para nosotros una alegría inmensa.
Te mando un abrazo fuerte mi amigo y muchas felicidades!!!! Me pican los ojos por leer esa novela.
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11 comentarios:

Anónimo dijo...

No fueron 30, sino 19. De ésos, 7. De ésos, 5. De ésos, 4 ya terminaron lo que tenían que terminar.
Raúl tiene un ejemplar para ti, por tomar la foto del autor. Llámalo mañana temprano, porque se va para NY.
Y también me caes bien. Ese día en la UTEC era el primer taller que daba y no estaba especialmente comunicativo, pero ya te diste cuenta de que sólo lo soy con los muy cuates.
Y no hay misterio: cuando quieres algo con el corazòn, quieres que los demás lo quieran igual. ¿De qué me sirve maravillarme yo solito con tanta literatura? Y ustedes son iguales, así que no se hagan.

Vanessa dijo...

Ok, quizás exageré un tercio de la concurrencia, pero era para darle dramatismo a la historia.
Gracias por el ejemplar que Raúl va a entregarme. Cuando lo tenga en la mano, te contaré un secreto...

Anónimo dijo...

Ya lo sé. Me pidió una foto, la envié y después olvidé cuál le había mandado. Creí que era otra, una que me tomaste en el centro, en agosto, mientras almorzábamos, pero era otra. La tomó mi hija Eunice, al igual que la de las rosas blancas. Estábamos en un Vips de Insurgentes Centro. Espero que no se ofenda, y que a ti te guste la novela. El motivo de la equivocación fue que en ambas fotos estoy usando La Camisa (que no es una, sino tres). Por eso me dicen que parezco foto.

Vanessa dijo...

ahhhhhh, jajajaja, ok, pensé que no lo sabías... jajja. Ah bueno, disculpas a Eunice pues, y vámonos comprando camisitas a rayas, lunares o de un solo fondo para que no vuelva a ocurrir.
Anoche terminé 13. Tuve sueños bien feos... por eso estoy segura que esta vez sí la entendí. Muy buena.

Anónimo dijo...

No le vayas a decir a Raúl, o díselo cuando ya tengas el ejemplar en la mano y estés en la puerta, con el carro encendido y un buen chofer al volante. (Naaa... A lo mucho se va a reír.) Ya voy a cambiar La Camisa (que, insisto, son tres), porque se empieza a poner vieja después de más de tres años de usarla sistemáticamente, al menos una ves a la semana, si no dos. Lo malo es que seguro la voy a cambiar por Otra Camisa (otras tres, pues).
Trece es un trip bastante espeso. Son nueve años de cosas acumuladas que se leen en un par de horas. Me gusta --y a la vez me disgusta-- el rollo del personaje de hacerte cómplice de sus tonterías. Es un seductor bastante perverso.
Imagínate lo que me costaba dormir mientras lo escribía... El armado "en bruto" lo hice en unos seis o siete meses de 1997. No recuerdo haber dormido muy bien en esa época. Seguro que sí, pero la sensación es de una fragilidad bastante perra. Eso sí, me gusta el lenguaje. Ése es mi orgullo en esa novela: un lenaguaje bastante adecuado y bastante terso para las condiciones del personaje. Como novela-novela, si descontamos las experimentales, es lo mejor y más complejo que he escrito. Y el chiste es que sea fácil y rápida de leer.
Luego te cuento del Breve recuento de todas las cosas. Retrasé su finalización dos años nomás para no tener que corregir una parte en especial. Es una parte muy bonita, y a veces hasta tierna, pero estar escribiéndola era bastante duro.

Vanessa dijo...

Llamé a Raúl y ya se fue... voy a mandarle un mail, tal vez me lo hace entregar con alguien.
Trece es justamente eso: perversa y espesa... fijate que no me pareció fácil de leer, sino más bien intrigante. Hoy le contaba a Denise sobre eso (almorzamos hoy juntas) y le decía que hay muy muy buenas frases... muchas cosas que ya decía yo que no podía pensar sólo yo (jajaja...). Según ella el tipo no se suicida, según yo sí. Así es la literatura... así debe ser. Me gustó que M. se quedara con la hermana. Esa boda me resultó más real que las de la gente conocida.
También me gustó mucho la mujer en la ventana, pero la ventana que no da al mar. Lo contrario habría sido demasiado común y por lo tanto previsible.
Tiene muy buen ritmo, eso es cierto.

Anónimo dijo...

Según yo, el tipo sí se suicida, y el último capítulo es sólo una broma muy pesada, o muy perversa. O nunca pensó siquiera en suicidarse y lo hizo sólo por fregar (o sea: escribió una novela), en un rollo bien autorreferente. Prefiero la primera; lo segundo sería "escribir sobre escribir".
Habría una solución metafórica, pero me da pereza hablar de ella, porque es bien complicada, y la novela no es complicada. En todo caso, es la lógica del tercer texto de Terceras personas: "Recompongo las piezas y comienzo de nuevo". De hecho la frase se cita textual en la primera parte. "Juega" a que se mata, y en el momento de matarse decide que no, recompone las piezas (de su vida) y comienza de nuevo, como en el ajedrez. Ésa es más bonita. Pero igual creo que sí se mata.
No sé. Voy a releerla, porque se me han olvidado detalles, el orden, todo eso. Es rico releer algo después de un buen rato: es un libro nuevo, así lo haya escrito uno.

Vanessa dijo...

Decís algo como que el morbo de ver muertos reside en el hecho de imaginar como se verá uno cuando le toque... me has dado un referente.
Y fue raro, porque leer la novela es pensar en la muerte todo el tiempo. En crudo, no como una imagen poética o una institución estética, sino la muerte muertecita. Quizás por eso me impactó tanto lo que le pasó a la amiga (sí, tuya y mía). No sé, ella se acercó de una forma, y yo de otra.
Coincidimos, eso sí, que no es lo mismo verla venir que... bueno, lo que sigue.

Anónimo dijo...

Puse otro post en La mancha en la pared con fragmentitos de Cualquier forma de morir. Allí habla un poco de eso. Creo que el tema es recurrente...

Vanessa dijo...

Ahhh, así veo. Asi que tu nueva novela nos mete más en este tema tan "peludo". Bueno, ya hablé con Raúl (por chat) y paso por ella el lunes o martes. La leo y te comento. Gracias!!! Benditas sean las camisas a cuadros.

Aldebarán dijo...

(quizás haya sido su culpa...)

;-)