6 sept. 2006

Lectores estéticos vrs. Críticos desconcertados

Posted by Picasa
¡Ah, la literatura! Todo el que haya aguantado hambre, sueño o frío por una buena historia literaria es capaz de comprender esta expresión. Porque ella conlleva un alto grado de placer y ensoñación. Pienso en libros como El Recurso del Método de Carpentier, como Cien Años de Soledad de Gabo, como Otras Inquisiciones de Borges… Y ustedes deben tener otro montón más. Esos libros que nos dejan viendo lucitas. En éxtasis. Que al terminar de leer la última línea uno dice: ¡¡¡A la gran p… !!! Bueno, pues esos libros no se merecen ser mancillados por aquellos que, frustrados por no poder hacer algo mínimamente semejante, pretenden interpretarlos a través de métodos absurdos de análisis literario.
La literatura es un arte. Y como arte debe poder disfrutarse con los sentidos, con el alma… con ¿la intuición?
De acuerdo al “Pequeño Larousse Ilustrado” (porque no se necesita un diccionario muy sofisticado para los fines presentes), intuición es el “conocimiento inmediato de una cosa, idea o verdad, sin el concurso del razonamiento”. La intuición es pues en sí misma un arte. Y como todo arte, da picazón únicamente a aquellos que no lo tienen.
Todos los que hemos estado involucrados en procesos creativos podemos saber que el arte se siente, se intuye. No es un proceso de racionalización, o utilización de reglas previamente establecidas.
Entonces, no cuesta mucho deducir que el arte debe interpretarse de la misma forma.
Sí, es cierto. Ha habido personajes importantes en la crítica literaria (Ortega y Gasset, Barthes, entre otros muchos más) y sus propuestas han sido interesantes… entretenidas, es más bien la palabra. Pero de aportar, no veo que hayan aportado gran cosa a la literatura. No al menos como lo hicieron Kafka, Poe, Rulfo, Joyce o Borges (por mencionar nombres al azar y sin ningún afán teórico o racionalizador).
¿Porqué no podemos confiar en nuestra intuición para interpretar un texto? ¿Qué tiene de malo intentar aproximarse al mismo desde el muy particular punto de vista? Pues de tener nada malo, no lo tiene. Es sólo, que como dije antes, cuando se es sabedor que se tiene una cáscara de guineo bajo el zapato, pues nada, hay necesidad de sostenerse, y fuerte, de cualquier cosa que se tenga a la mano (aunque se trate de teorías estériles). Pues mucha suerte, porque el patinón igual no se lo van a quitar, sólo lo disimularán, pero muy mal, por cierto.

8 comentarios:

Vanessa dijo...

Ah, y sí, es un pie el de la foto. Me pareció muy ilustrativo de la forma en que se puede interpretar la literatura "con las patas".

Denise Phé Funchal dijo...

jajaja, bunísima foto, es tu pie? tenés razón y musssha en lo que planteás, pero mano, de algo tienen que vivir los frustrados, nosotros que somos los "disfrutados" de la literatura, podemos reirnos de eso y hasta ternurita dan... me da ternura esa mara... pobre mara.

Vanessa dijo...

jajaja... no esperaba menos de vos. Bueno, no te puedo decir si es mi pie, porque la confesión me resultaría demasiado impudorosa. Y esa es la palabra: ternurita, porque no alcanzan ni para ternura entera. Te veo mañana en Sophos.

Aldebarán dijo...

Para salir en defensa de los críticos, puedo decir que de algo tienen que vivir. Eso no justifica el que muchs veces cometan errores garrafales. Deberían de preguntar más y opinar menos, quizá.

Sophos! (suspiro) Me quedó pendiente esa visita.

saludos

Hilma Monsanto dijo...

De verdad, qué buena foto... Me pregunto si las pocas personas tocadas con la magia del arte, les interesa verdaderamente todas esas teorías de cómo entender un texto literario. Lo importante para los que hacen literatura es sacar de sus entrañas ese fuego que si no, te consume. ¿Qué importancia puede tener entonces que un "experto" escriba, posteriormente, en volúmenes gordos, caros y poco comprensibles, que el escritor dijo que el significado del gallo sentado a la mesa es la falta de virilidad del anfitrión!!!!!!!!!
Por otro lado, a los lectores amantes de la literatura, lo que nos interesa es disfrutarla, gozarla, alegrarse o entristecerse con ella, vivirla, compenetrarse con el texto, no nos interesa descifrar códigos, contar capítulos, buscar significados que de cualquier forma a cada lector le van a llegar de diferente forma. Nos importa qué tan hondo caló nuestra alma el texto. Así que qué bueno que haya personas sin la magia de la que hablamos, convenciéndonos de cómo se interpreta un texto literario, si con los pies, la cabeza o el alma. Yo me quedo con el alma.

Vanessa dijo...

Ah, la Hilma. Me encantó lo del gallo. Ilustrar mejor la situación sería imposible. Me hacía falta en el blog la ironía de nuestros cafecitos. Bienvenida!

Aldebarán: tenés razón, de algo hay que vivir pues. Y fijate que la cosa va aún peor. Los críticos pues se han ganado casi que hasta el derecho de hablar tonteras, pero el colmo son los NO críticos, los viles lectores, que se la quieren llevar de eruditos, racionales y teóricos y creen a ojos cerrados todo lo que estos (cuyo objetivo es vivir de algo y no aportar a la literatura) plantean. Porque al menos los críticos crean, teorías, pero crean. Pero los fans de los críticos... esos, esos son incapaces de producir ni hongos de los pies, pues. Dan ternurita, como dice Denise.

Ana Maria dijo...

Hola estoy de acuerdo con uds. y precisamente estoy viendo eso en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela...
Un crítico estudia el texto, lo analiza para encontrar los puntos positivos y negativos de ese texto, mientras que el amante toma el libro, el texto y lo saborea, lo disfruta de una manera distinta al crítico, el amante no busca calificar al texto, como bueno o malo, sino que lo lee con pasión, llenándose con cada palabra, con cada frase.
El crítico trata de no involucrarse con el texto más allá de su trabajo o sentimentalmente, mientras que el amante, como su nombre lo indica, ama lo que lee y se involucra de una manera que lo siente y se identifica con el texto.
El amante usa la lengua de su corazón para interpretar un texto, para comunicarse con los sentidos.
El crítico usa sus conocimientos de lengua informativa y controla su parte afectiva y se centra en su papel de crítico.

Quizás no sea correcto lo que digo, pero es lo que pienso...besos

Ana Antelo

Vanessa dijo...

Hola Ana María. Gracias por tu comentario. Concuerdo contigo, las áreas en las cuales se mueven los críticos y los lectores simples son distintas... sin embargo, el problema ocurre cuando las áreas se mezclan, es decir: el crítico quiere decirle al lector cómo interpretar, y el lector quiere ser crítico. No se puede ser ambas cosas. Y de estas dos confusiones quizás la peor sera la primera, porque el crítico destruye en el lector ese corazón con el que ama el texto. Gracias por tu visita y saludos.