29 ago. 2006

El gran negocio del dolor

Dicen que la gente está dispuesta a pagar para no pagar. Es decir, contratar abogados, peritos contadores, administradores, etc. con tal de reducir sus gastos e impuestos. Sin embargo, está comprobado (por quién no sé) que las personas prefieren pagar impuestos antes de ir al dentista. ¿Porqué? Digo, porqué si pagar impuestos es lo más terrible que existe (o me negarán que cuando se aproxima la fecha de ir a los bancos o a la temidas Tres Torres (en el caso de El Salvador) y la SAT (en el caso de Guatemala) a uno se le aguadan las piernas) es difícil imaginarse que pueda haber algo peor. Pero es que nada supera la posibilidad de tener que pagar para experimentar dolor. Algo nunca resuelto en mi cabeza es porqué duele más ir al dentista que al ginecólogo… que es que bastante más… ¿incómodo?… creo que es ese el término, no estoy segura. Y es el equivalente al examen de próstata y colon en los hombres (justo era que al menos en este caso existiera alguna equivalencia).
Pues bien, el dolor es peor que la muerte, yo creo. Y de eso se dan perfecta cuenta muchas farmacéuticas, médicos, hospitales y sistemas políticos, claro está (sobre esta base se han creado los distintos medios para extraer confesiones “no tan” voluntarias que digamos).
¿Pruebas? Nadie, pero nadie de estas empresas, que yo sepa al menos, se dedican a buscar la “fuente de la eterna juventud”. No sé si sea por que ya se dieron por vencidos (pero no creo porque si no, no hubieran descubierto el VIAGRA (cuyo nombre por cierto no significa nada) ) o porque es menos rentable… el caso es que el dolor es un negocio. Y sin él, muchos estarían sin empleo.
Por otro lado, es peor aún cuando se trata del dolor de un ser querido. Porque ahí sí que le duele más a uno que al que le está doliendo. Acuérdense que la mente es traicionera y magnifica (no magnífica) todo. O sea, que uno cree que al otro le está doliendo más de lo que de verdad le duele. O más bien, le duele más a uno imaginárselo que estarlo viviendo. Es la razón, yo creo, por la cual los hombres, secretamente, nos admiran tanto a las mujeres: sólo imaginarse que la cabeza de un niño les pase por “allá”, se les va el color de la cara.
Pues bien, si uno está dispuesto a pagar por no pagar, o a pagar porque le duela, uno está todavía más dispuesto a pagar porque no le duela a un hijo, esposo, padre, madre, hermano, etc. Y ahí está la clave del asunto. El que paga casi nunca es el enfermo, sino sus familiares. Y sí que sufren terriblemente. Basta ir a un hospital y caminar por los pasillos para ver cuadros muy similares al infierno dantesco. Ahí se da cuenta uno que el infierno sí existe. Que hay círculos grandotes y círculos muy chiquitos. Y que ese infierno existe aquí en la tierra. Aquí en la 1ª avenida y 4ª calle no sé qué… Ahí sufren los pacientes, pero sufren más sus familiares, que dejan la mitad de la vida con cada llamado del médico, o cada examen que le hacen al paciente. Sin embargo, también puedo decirles que es posible hacer algo. Una coca-cola bien fría, un chocolate caliente o una simple palmada en la espalda reduce un poquito la llama que está quemando a fuego lento las esperanzas y los bolsillos de muchos. Y lo más terrible, creo yo, es que si no se recibe el “producto” esperado, no existe institución de protección al consumidor que lo pueda ayudar a uno. Eso sí, siempre hay “paladines” que de forma gratuita ayudan a los que no tienen dinero para lo verdaderamente importante: darle bienestar a quien uno ama. Son como pequeños bomberos, que apagan llamitas de un infierno inmenso. Que Dios los bendiga. Saludos.

Pd: ahora entiendo perfectamente el significado de esta última palabra: la salud, no la vida, es el bien más preciado.

5 comentarios:

Denise Phé Funchal dijo...

Lo que me sorprende es cómo los médicos te dicen, sin estar completamente seguros, usted -o su familiar- tiene esto y probás medicamentos, operaciones , brujerías y luego te dicen, nos equivocamos, lo que en realidad tiene es esto y va de nuevo la romería a la farmacia, la terapia, otra operación y juega y va de nuevo, a veces muchas veces. Hay médicos, no todos afortunadamente, que no saben de lo que están hablando y se la pueden pasar años haciéndote gastar en esto y en aquello, hasta que por suerte dan con lo que tenés o te mandan al cementerio. Gluppp, al menos por mi parte, no quiero volver a caer en manos de los médicos.

Vanessa dijo...

Si vos, y es que es eso, que para los médicos pues es trabajo, cosa de cada día. Pero para uno, para uno es la vida, lo es todo. Hoy platicaba con Gerardo por la mañana y le decía que creer en Dios no es tan irracional como algunas personas creen. Hay que creer en Dios. Porque creer te sirve mientras tu mente logra encontrar la explicación racional o la nivelación psicológica. Esos momentos de confusión, sólo se logran sobrellevar creyendo en algo superior, llamese cómo tu querrás. Saludos,

Denise Phé Funchal dijo...

Ahhh siempre he pensado que creer en Dios es creer en vos misma, a veces uno flaquea y entonces creer en Dios es creer en lo que quisiseras ser -ominpotente pues- en ese momento pero que las circunstancias no te permiten... Dios es humano, uno es Dios si te vas por la línea de que Dios lo es todo, lo bueno, lo malo, el diablo y los ángeles...

Vanessa dijo...

Pues podría ser... igual y dicen que Dios está en cada uno de nosotros. Y es cierto, Dios está en todo: en lo bueno y en lo malo.

Vanessa dijo...

O más bien... incluso en las cosas que hemos enlistado como malas