3 nov. 2007

Visita al Cementerio General


Este 1 de noviembre fui con Denise y Lilo al cementerio. Recuerdo haber ido muy poco cuando niña. Mi abuelo, único fallecido por aquella época, está enterrado en Santa Ana, por lo que la cosa se ponía más complicada. Sin embargo, de los pocos recuerdos que guardo me doy cuenta que yo asimilé la ocasión como algo triste. Como un momento para volver a traer el dolor a colación. Sin embargo, lo que vi este 1 de noviembre aquí en Guatemala fue algo totalmente diferente. El cementerio estaba de fiesta. Y los muertos también… supongo. La gente desbordaba el lugar, ahora sí que había más vivos que muertos ahí. Me sorprendió escuchar música de mariachis y de banda. Unos tocando las canciones favoritas del muertito, que seguramente había sido aficionado a las cantinas y al trago en vida; los otros tocando marchas fúnebres… cosa que jamás había yo escuchado.
El cementerio era además un mercado. Las ventas de juguetes, gaseosas, comida, abundaban en cada esquina (o mejor dicho, en cada tumba). Tampoco faltó un organillero, sí, de los de antes, de los que hacían girar una palanca y a veces tenían un monito (este no tenía) y salía una melodía que en este caso era “Cucurucucú” (si, también me pareció raro, pero si recuerdan la letra dice: “dicen que el mismo cielo se estremecía al oír su llanto. Cómo lloró por ella, que hasta en su muerte la fue llamando”, o sea que sí aplicaba).
Pues les veía las caras a las personas, y trataba de responderme ¿qué realmente trae a los deudos al cementerio? Porque aquí ya no hay cosa material de por medio y sería demasiado romántico pensar que es el mero recuerdo del difunto (salvo en algunos casos recientes o de especial situación (como de culpa, por ejemplo)). Pensé, luego de especular durante horas, que la verdadera razón del día de difuntos es el poder estar un poco más cerca de la muerte (sí, la propia) en una situación de alegría. Es decir, poder hablar de ella y visitar los restos de los que ya se nos adelantaron (como decía ayer mi amiga Hilma: que están en un lugar donde tarde o temprano vamos a llegar todos, sea cualquiera que fuere este lugar) sin miedo ni dolor. Es decir, le tememos tanto a la muerte que nos resulta casi obsesivo estar cerca de ella. Poder mirarla a la cara aunque sea por un día y decirle: ¡Te vine a visitar! Pero sólo un ratito, ¿eh? Y luego marcharnos tan felices y contentos a seguir ejerciendo la vida. Por eso la comida, los juguetes, la música. Porque luego de estar un rato en compañía de “ella”, como que la vida se siente más rica. El aire se respira más fresco. La risa resulta más espontánea. Los amigos y la familia se disfrutan más… Claro, hasta que la muerte nos separe.

Pd.: Pueden ver otras fotos que tomé en el cementerio aquí.

6 comentarios:

Claudia dijo...

Es muy interesante lo que hace la gente en ese dia. Es cierto..incluso en El Salvador. Bonitas fotos por cierto...tienes buen ojo!!

Vanessa dijo...

Rara la relación que queremos sostener con la muerte, porque lo lógico sería que no quisiéramos saber de ella, pero es que también somos concientes que nos espera "en alguna parte" (pura película de miedo).

Chicaborges dijo...

Yo creo que es un día también donde abiertamente uno se permite pensar en los que no están, la mayor parte del tiempo uno lo evade pero ese día es pa los muertos no hay pierde. Yo no entro a los cementerios donde tengo seres queridos me quedo alli a un ladito en el auto o en la calle. Se me escurre la cabeza sólo de pensar que se están pudriendo los cuerpos o que hay puro polvo. Comentario digno de análisis supongo. Ahora me tomo el día más a la ligera y como, la comida sirve para pasar el trance está tan llena la barriga que no se oxigena bien la cabeza. El próximo año te invito a comer fiambre, es la única comida donde todo el mundo escarba y saca lo que no quiere con total libertad.
Por alguna razón no puedo ver las fotos!!

Vanessa dijo...

Pues yo tampoco he sido muy amiga de los cementerios, la verdad, pero fijate que siempre me llamó la atención y ahora, haber visto a tanta gente celebrando pues me hizo ver la cosa desde otra perspectiva. Lo del fiambre tampoco es costumbre en El Salvador, y no sé porqué, proque estámos super cerca, pero aquí he venido a aprender muchas cosas nuevas. Hoy íbamos a ir con Denise a ver exhumaciones, pero la verdad, me temblaron las "canillas" y me vi obligada a deshacer tan alegre compromiso.

Denise Phé-Funchal dijo...

si vos, qué mal mano y yo que ya me hacía fotografiando muertitos, y de a verdad, no en sus escaparates, ni modo, quizá a la próxima... orita veo tus fotos... un abrazo, te veo la otra semana.

Cheyo Pimienta dijo...

Es interesante como los latinos hacemos siempre de la muerte un ritual de resurección, de vida, colores y tantas cosas que tan acertadamente mencionas... Me gustó mucho este post, gracias por el viajecito dentro de mi propio coco posts como estos son los que hacen a la blogosfera valer la pena!

Un abrazo fraternal lleno de fraternidad.