21 nov. 2013

Nuestra educación sentimental


La frase pronunciada por Porfirio Díaz: “tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos” puede ser aplicada a Centroamérica con relación a México, no solo por las disputas territoriales del siglo XX, sino también por la gran influencia cultural sentimental mexicana recibida desde siempre y sobre todo, durante la última mitad del siglo XX y principios del presente.

De México hemos adoptado tradiciones, música, costumbres, platillos, pero también la cultura popular y la influencia de la radio, cine y televisión. La cultura popular mexicana se desarrolló de la mano del proyecto social y político del Partido Revolucionario Institucional (PRI), mismo que los gobiernos “modernizantes” centroamericanos trataron, sin mucho éxito, de imitar.
A falta de propios, íconos del cine mexicano como Pedro Infante, fueron adoptados por nuestra cultura. Y, a falta de educación sentimental, la radio, con sus radionovelas, boleros y baladas; la televisión y el cine, con sus telenovelas, programas y películas charras y ruleteras, han sido las encargadas de educarnos en materia emocional.
Slogans como: “Telenovelas, reencuentra tus sentimientos” o “¡Atrévete a asumir tus sentimientos para realizar tus sueños!” pueden parecernos cursi, sobre todo si tomamos en cuenta que, según el vanguardista español, Ramón Gómez de la Serna, “la cursilería es el fracaso de la elegancia”; sin embargo, poseen algo de verdad.
Vivimos en una cultura que censura y se avergüenza de los sentimientos, que no por ello dejan de aflorar y de regir gran parte de nuestra conducta. Basta con ver sucesos recientes que se convirtieron virales en las redes sociales, tales como el video del ex presidente del Seguro Social, Luis Alberto Reyes Mayén, en Guatemala y “Pablito” Díaz, en El Salvador, para darnos cuenta de que aún nos emociona el desborde sentimental. Penetrar en la intimidad de otro, así sea de forma ficcional, despierta siempre nuestro morbo. Es más interesante un escándalo político teñido de sexo o destape de la verdadera naturaleza humana, que el que acusa a un funcionario de robo, malversación, despilfarro o la aburrida corrupción de siempre.
Y, a falta de educación sentimental y derroteros en los cuales volcar los sentimientos como el buen arte o la cultura, las telenovelas, la balada romántica y hasta el fútbol han servido como válvulas de escape a una sociedad que tiene pocos medios de expresión.
En las telenovelas y la música, no solo “el pueblo”, sino la sociedad en su conjunto han podido ver expresados sus pesares, sus dolores y deseos, sus esperanzas y anhelos, pero sobre todo sus desmanes. No estamos solos en esto, parecen decir las letras melancólicas de los boleros y los gritos de despecho de las antagonistas de las novelas. A todos nos puede pasar. Así se aprende a vivir la vida y el amor. Se puede vivir la pobreza con dignidad, parece ser, por otra parte, el mensaje de las telenovelas que, pese a todo, defienden siempre el derecho a encontrar la felicidad.
La falta de oportunidades para salir adelante por medios propios, así como la incapacidad de nuestros gobiernos de eliminar la pobreza, han sido el caldo de cultivo perfecto para que estas historias se implanten en el imaginario colectivo. Una mala que lo es cien por ciento, así como una buena que no tiene dobleces, hacen más sencillo entender el mundo. Y de esta misma forma hemos juzgado cualquier acontecer histórico o social. No importa comprender el contexto histórico o político, basta la condena de un público sin educación que, en lugar de pensar, siente. Eso explica por qué en nuestros países ha sido siempre “el amor” el que ha triunfado y muy pocas veces ha ocurrido lo mismo con las ideas.
Columna de Vanessa Núñez Handal en la Revista Contrapoder/Guatemala


1 comentario:

Anónimo dijo...

pura basura mexicana hecha para entretener al pueblo inculto. Tcs tomó la fórmula y está educando a las nuevas generaciones junto con el cable, el internet, etc.