23 nov. 2012

El Contrato Social que nunca firmamos



 
Preguntarse por qué en EEUU las cosas sí funcionan y en nuestros países no, es remontarnos al origen de nuestras “naciones”.
Mientras EEUU nació como un país creado y diseñado a partir de una colectividad que compartía ideales, objetivos, rasgos culturales, etc., los nuestros fueron creados por caudillos a partir de sus fincas y de sus intereses.
La independencia de EEUU se gestó como el nacimiento de una comunidad y se fundó en principios democráticos, mientras que nuestros remedos de repúblicas se gestaron como la reproducción de las fincas de los criollos, con el objetivo de proteger únicamente sus intereses y mantener a las masas sumidas en la ignorancia y la pobreza a fin de seguir exportándolas, como había ocurrido desde La Colonia.
Lo más lamentables es, sin embargo, que hoy día, casi doscientos años más tarde, las cosas siguen siendo muy parecidas (si es que no idénticas) en Latinoamérica. Peor aún en Centroamérica donde un grupúsculo maneja nuestros países en su beneficio, dejando desprotegida a la masa de “ciudadanos”, para que se las arreglen como puedan y que claro, no esperen nada de “el Estado” (aunque paguen impuestos y obedezcan sus leyes) porque éste está demasiado ocupado resolviéndole los problemas a ellos. Cuidadito con el que proteste porque de sobra sabemos cómo les ha ido a los que han tenido algo que decir o señalar.
Es desde estos mismos intereses que se quita y se pone dirigentes políticos. Mismos que carecen de ideología, principios rectores o preparación. Llegan al poder de igual forma en que lo hace un hambriento a un banquete. Se abalanzan sobre el saqueo y olvidémonos de que van a hacer algo por “la patria”, con la que se abanderan durante toda la campaña electoral.
Por otro lado, hemos construido una pseudo-democracia, fundamentada en un “pueblo” al que nadie se ha ocupado de preparar para ejercerla. Vamos a votar sin tener idea de la propuesta de plan de gobierno que de todas formas ni existe.
Por su parte, los ciudadanos comunes y corrientes, tampoco hemos mostrado entusiasmo por educarnos y prepararnos para poder ejercer y exigir nuestros derechos y obligaciones. Ante un pueblo que sólo vota, pero no controla, es obvio que los políticos no tienen ninguna presión por hacer las cosas mejor ni por cuidarse las espaldas.
Volvemos así al meollo del problema eterno: la educación. Ésta implica no sólo la instrucción, sino también una cultura crítica que permita plantearse vías alternas de solución.
Solucionar problemas que datan de hace 200 años atrás, si es que no de 500, no es cosa fácil. Implementar dichas soluciones, mucho menos.
Lo que necesitamos no es sólo buena voluntad, sino preparación. Fijarnos un mismo objetivo y establecer los mecanismos para alcanzarlo. Necesitamos, en fin, líderes que abanderen pactos nacionales que nos permitan aunar esfuerzos hacia el mismo objetivo sin olvidar que, aunque no nacimos siendo una nación, aún tenemos la oportunidad de lograrlo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Lastimosamente cierto. Nadie reacciona, y como los políticos y las élites no lo harán, debemos hacerlo nosotros.
Para que eso funcione no solo se necesita educación o voluntad, se necesitan ambas, es una correlación en la que una no puede darse sin la otra. Pero, hoy en día tenemos tan fomentado el individualismo que solo prevalece el "sálvese quien pueda". Hay que comenzar a cambiar.

Anónimo dijo...
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