30 oct. 2011

Centroamérica o el Istmo de los millones de NADIES

Leí en El País un artículo sobre un economista que da clases de música a muchachos de escasos recursos en Venezuela. Cuenta cómo los jóvenes de los barrios pobres que se integran a la orquesta del sector, se convierten en personajes de sus colonias. El sólo hecho de que el maestro los visite en sus casas o que los vecinos los vean acarrear sus instrumentos por la calle o en el transporte público los hace diferentes, dice. Y menciona una frase de Teresa de Calcuta, que me llegó al alma:
“La verdadera pobreza no es la falta de pan, ni de techo. La verdadera pobreza viene de la sensación de no ser nadie.”
¡Dios mío!, me dije. ¿Y qué otra cosa, si no esta sensación espantosa es la que perciben millones de jóvenes (y adultos resignados) en estos nuestros pequeños países de desigualdad y falta de oportunidades? ¿Acaso no es ésta la explicación de las Maras?¿Acaso no es ésta la explicación de la delincuencia común? Los psicólogos, sociólogos y los analistas lo vienen diciendo hace tanto, que ya nos suena a cantaleta. La desintegración familiar, la falta de apoyo, la falta de identidad, dicen. Pero va más allá: una familia que no sea tal, que no sea firme, que no tenga identidad por sí misma, no puede ser de mucha ayuda para nadie.
Y, si bien la familia es la célula básica de la sociedad, también la sociedad es el “cuerpo” en el que queda inmersa toda familia. Y basta observar nuestra sociedad superficialmente para concluir que, ésta no puede dar otra cosa que familias afectadas ante las injusticias y las desigualdades sociales.
Porque una sociedad donde la educación, la comida, las medicinas, la atención de salud, el entretenimiento, la política, la cultura, la justicia, la higiene, la seguridad, etc., sólo sea para unos cuantos, no puede generar sentimientos satisfactorios y muchos menos de inclusión.
En nuestros países existen millones de NADIES. Millones de personas que son pobres, no sólo en la literalidad de la palabra, sino también en el sentido en que Teresa de Calcuta lo empleó: se pueden morir y a nadie le importan. Viven y mueren con la espantosa sensación de no ser nadie.
¡Dios mío!, vuelvo a pensar. O sea que la solución de nuestros problemas es muchísimo más complicada de lo que nos imaginamos. Nuestra pobreza ─además de ser palpable y real─ está en el alma. Labrada de a poco con miles de alfileres históricos, sociales, culturales. Se trata de minúsculas heridas que, para sanar, necesitarían algo tan sublime como hacer sentir a cada miembro una pieza importante dentro de esta sociedad apática. Una sociedad egoista que, ya de por sí, niega lo que Alberto Masferrer llamó “el minimum vital”.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

muy acertado tu analisis, chica. Hay dos palabras que resumen todo el problema: 1-materialismo 2-falta de espiritualidad.

Se organiza la vida con parametros industriales. Compararse a los paises industrializados. Consumismo. Sin embargo puedes ver que en esos paises industrializados, los jovenes que tienen CASI todo , tambien padecen una crisis de identidad, Y SE SUICIDAN.
como podemos ver, es un problema espiritual.
Sin embargo vemos el caso de Buthan, un pais rural y de montaña donde la gente es FELIZ y, eso lo reconoce la ONU, como lo menciona el gob. butanés ellos tienen a cambio de PIB (producto interno bruto) la FIB : felicidad interna bruta.

este post tiene mucho que ver con el anterior, (MUSICA DE FONDO...)
pues la vida si tiene musica de fondo, aun en las peores condiciones ahi esta la musica, desde el big-bang, el viento, la lluvia, los pajaros, los grillos que chillan adentro de nuestros oidos todo el tiempo, sin duda la instructora de RELIGION uso la frase en sentido metaforico, queriendo decir NO TODO ES PARRANDA
aveces el problema es el metodo, crean aversion a la religion, como obligar a leer Quijote o La Divina Comedia a unos polluelos adolescentes
en fin hay mucho que comentar

saludos: Junior
(eternamente niño, como el Principito)

Alicia Sela dijo...

Y fíjate que esto aplica también para los jóvenes rebeldes o "problemáticos" de familias acomodadas dentro de las cuales no han recibido la atención y el cariño necesarios que les generen un sentido de "ser alguien importante". Ese estado mental de no ser alguien o de SER NADIE es lo que fomenta la autodestrucción de un individuo y por lo tanto el foco de infección en la sociedad.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Gracias por tu comentario. Comparto tu opinión. Y es triste, claro, que hayamos decidido vivir una vida sin música de fondo, pero llena de deudas y cosas materiales. Lo esencial, sin duda, sigue siendo invisible a los ojos. El gran secreto del Zorro. Un abrazo.

Hola Alicia. Cabal, cabal. La falta de afecto puede ser peor que la falta de alimento. Un abrazo para vos también.

Anónimo dijo...

todo por culpa de una oligarquìa que sòlo piensa en enriquecerse a costa del pueblo y no le interesa el desarrollo, sino la estafa del pueblo y mantenerlo en pobrezaq para que los salarios les sean convenientes. Por eso el pueblo tiene que bus car su detino. nadie va a darselo porque esta oligarquìa paternalista y colonialista le exprimirà hasta la vida