17 ago. 2011

La TV de los 80´s en El Salvador


Corría la década de 1980. Yo comenzaba a cobrar conciencia de las atrocidades de una guerra que ya era parte de mi paisaje.

El desarrollo de los medios de comunicación era mínimo, y por lo mismo, entre la censura y la choyudez, veíamos televisión de una forma muy distinta a la de ahora.

En aquellos tiempos la TV no duraba 24/7, ni la puntualidad era una de sus características. Uno encendía el aparato a las 9.45 am, esperando que ese día a los técnicos de los canales, que sólo eran cinco: 2, 4, 6, 8 y 10 (siendo los dos últimos nacionales y de programación que, con ánimos educativos, eran de cortarse las venas), les diera por comenzar a transmitir temprano.

Con suerte, a las 10 am las hormiguitas de la “no señal” daban paso a las rayas multicolor que indicaban que al menos alguien estaba al otro lado de la pantalla. Las rayas, luego descubrí, tenían pretensiones de ajuste de color. Nunca supe si para el televidente o para el canal. El caso es que observarlas era ya una esperanza.

La transmisión, que nunca se sabía con certeza a qué hora comenzaba, daba inicio con las notas del himno nacional. Yo siempre me pregunté por qué. Luego también descubrí que se debía a un nacionalismo exacerbado, que pretendía ser parte de un aparataje de ideologización. Pero ese es tema para otro post que prometo escribir pronto.

Los canales dividían su programación en varias franjas, clasificadas en función de la presunta edad de los televidentes. Así, de 10 am a 12 m, transmitían muñecos animados y programación infantil. Los Picapiedra, Popeye, Los tres chiflados, etc. Candy, Heidi, Mazinger Z, etc. llegarían mucho más tarde. Cabe decir que los domingos eran los peores, con un Jardín Infantil de una duración eterna, con intervalos de dibujos animados, algunos incluso en blanco y negro, y niños que se atragantaban de Chocolatina y Apetol Vitaminado.

Al medio día comenzaban los noticieros. Teleprensa de León el más antiguo, sin periodismo real, limitándose a leer los encabezados de los periódicos que no alcanzaban las diez páginas.

La hora post-almuerzo era dedicada a las telenovelas. Amas de casa que, cansadas de ir al mercado, mangonear a la sirvienta, preparar el almuerzo y atender a los hijos, se daban un tiempo para el cafecito o té, y aprovechaban para consolarse con la miserable vida de la protagonista en turno. Marisol, Amor en silencio (actual éxito del Buki), etc., fueron mis primeros aprendizajes amorosos.

Había, eso sí, otra franja telenovelesca a las 8 pm. Y, como después descubriría, a esa hora daban las mejores, donde habían escenas de “amor” de verdad. Además, los malos eran bien malos, tal era el caso de Catalina Krill de Larios en Cuna de lobos o de Octavio en Monte Calvario.

El caso es que uno no sabía nunca a qué hora iban a comenzar los programas, porque dependiendo del atraso con que se hubiera iniciado la programación, así iban retrasando todo. Y no se diga si a algún político se le ocurría hacer cadena nacional, que ahí sí nos llevaba la Llorona a todos. Hablaban durante horas cosas que para mí era ininteligibles y carentes de todo interés. Así, bien podía a uno darle las diez de la noche esperando el inicio de la novela de las ocho.

Pero toda esta época se fue al traste gracias a la aparición de las primeras compañías de cable, que tenían nombres extraños como “Futurama”. Una forma de los clase medieros de acceder a lo que antiguamente sólo era privilegio de aquel que tuviera el dinero para mandar a instalar su parabólica y el espacio para esas grandes moles de metal que, luego, según yo creo, debieron venderse en calidad de chatarra.

Las compañías de cable que aparecieron después cambiaron todo. Ya no teníamos que sujetarnos a las arbitrariedades de los canales locales, ni ver sus programuchos de producción cero, ni esperar las rayas de colores, ni volver a escuchar el himno al terminar la programación. Además, como se lo vendían a uno, era la oportunidad de aprender inglés y divertirse, cosa que nunca pasó.

Así fue como las películas, los anuncios y los shows gringos llegaron a nuestras casas, y con ellos, según sentimos, el desarrollo. Lo único malo fue que los discursos de los políticos siguieron interrumpiendo la programación, incluso del cable, que no esperaba a nadie y seguían transmitiendo y nosotros perdiéndonos los programas. Fueron los primeros indicios, creo, de que allá afuera, el mundo giraba con o sin nuestras rayas de colores o el himno nacional.

3 comentarios:

Angel Elías dijo...

Ahhh la tv de los ochentas, yo la recuerdo de los finales, es un vago recuerdo la serie ahora tridimensionada jajaja , si es que esa palabra existe, de los pitufos. Nunca los vi, solo escuchaba a los primos hablar de ella. En mi casa solo se veìa un canal, y alli no habìan pitufos.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Los Pitufos para mí ya fueron en edad escolar. Y me acuerdo cuando comenzó el chambre de que era eran satánicos. Capaz sí, pero ahí están de vuelta y remasterizados...

Anónimo dijo...

LA TV DE LOS AÑOS OCHENTAS ERA APROPOSITO UNA DESGRACIA. NO QUERIAN QUE FUERA USADA COMO MEDIO DE IDEOLOGIZACION.