11 jul. 2011

"Los buenos somos más"... pero, ¿dónde están?

Me llamó Claudia. Me dijo que habían convocado a una concentración en la Plaza de la Constitución (Zona 1), para manifestar con música por ese extraño (y a la vez común) asesinato de Facundo Cabral. Le dije que me apuntaba. Quería ver por mí misma cómo reaccionaba una ciudad ante un hecho que marcará un antes y un después en su historia.

Hace un año acudí a la marcha en la plaza de la Muni, en la que cientos de “camisas blancas” (como ahora se les llama de forma capciosa), se manifestaban por lo que ellos consideraban la gota que derramó el vaso: un conocido social había muerto a balazos mientras montaba su bici en la zona 14, una de las más exclusivas de Guatemala.

Pero previo a ello, un video del ahora difunto había sido difundido por la red.

Sí Usted está viendo este video decía la cinta más o menos es que el Presidente de la República, Álvaro Colom y su esposa, me asesinaron.

Y era impactante verlo. No lo voy a negar. El hombre aparecía con una cara de miedo y desconcierto, que uno no sabía si creerle o salir corriendo.

El “tsunami blanco”, como en su momento se llamó a la masa de personas que, vestidas de blanco, con celulares de última generación y guardaespladas, acudieron a la cita en una Zona 1, a la que muchos (me lo dijeron personalmente) no habían ido en años, debido a la delincuencia, suciedad, etc.

Era impresionante ver reunida a esa Guatemala que desde El Salvador admiramos: gente alta, fornida, vestida con ropa de marca, rubios, ojos claros. Todos estaban ahí, gritando por altos parlantes y coreando su indignación de clase.

Y si alguien hubiera llegado de otro país en ese momento, habría creído que Guate es así, y no mestiza ni indígena, como en verdad lo es en un 90%.

La concentración por Facundo fue distinta. Gente clase media baja, rockeros, indígenas, niños, alguno que otro intelectual y/o artista. Nada más común y silvestre. Nada menos esperable, dado que la mayor parte de la gente que ahí se encontraba era la que cotidianamente sale a pasear y a comerse un shuco o unas enchiladas en los toldos ubicados frente a la inmensa fuente o a la catedral.

Sí, no eran manifestantes, sino paseantes. Sí había uno que otro (como mi caso y el de otros amigos que por ahí me encontré), que habíamos ido expresamente al evento. Pero la mayoría estaba por casualidad. Oyeron la música y se acercaron. Por eso fue que, cuando los cantantes invocaban la paz, pedían justicia, gritaban “ya basta”, o pedían aplausos para Facundo, la raquítica, apática y desganada audiencia, apenas hacía eco.

Pues bien, como dijo alguien cuya identidad ignoro: Más que a la maldad de los malos hay que tenerle miedo a la indiferencia de los buenos.

“Los buenos somos más”, he leído o escuchado decir repetidamente. El problema es que nadie sabe dónde están éstos.

Pobre Guatemala, he pensado con tristeza. De nuevo la han dejado sola.

2 comentarios:

Angel Elías dijo...

La indiferencia fue evidente. En Argentina un amigo me dijo? Hey hiceron todo eso por Cabral? bueno, le dije casi todo. Acà, me dijo, lo velaron en un teatro medio barato, allà se ve que sì lo querian.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Creo que fue más un tema de publicidad, y que se trató de proyectar al país de una forma positiva.