8 may. 2011

¿Ternura?


He prometido
(y quizá sea acaso porque haya sido a muchos, y no porque en verdad me importe, a estas alturas, cumplir alguna promesa), que escribiría un post sobre la ternura.

El tema, sin embargo, he de decirlo, dejó de tener interés para mí luego de que me diera cuenta de que, al igual que el asteroide B 612 de El Principito fuera nombrado al azar, la palabra “ternura” es utilizada indiscriminadamente para referirse desde a la lástima hasta la voluntad de hacer el bien.

Y es que, según me pareció, todo el mundo está convencido de tener una idea sobre la ternura, pero en su mayoría pocos la han experimentado y menos pensado.

Sucede pues que, la naturaleza de los sentimientos nos es desconocida. Muchos, por otro lado, no tienen conocimiento que, dadas recientes noticias de la ciencia (Ver: What the bleep do we know), estos son producidos no por el alma, el espíritu, las musas, etc., sino por la mera combinación de sustancias químicas que el cerebro segrega frente a un estímulo exterior.

Sí, ya sé que suena frío y poco romántico. Pero (y espero que en este punto sean comprensivos y tiernos) sería peor contribuir con las ingenuidades victorianas y los cuentos que de buena voluntad o no nos inculcaron cuando niños para hacer frente a la avalancha morfínica que nos ofrecen las emociones día con día. Avalancha que, dicho sea de paso, aterra a todo aquel que lucha por controlar sus impulsos.

Y aceptémoslo: no estamos social ni personalmente preparados para ello. El ser humano aún no sabe manejar sus sentimientos. Éstos son el verdadero continente desconocido y no las mujeres, como pretendió Freud en su momento, basado en la emocionalidad que éstas parecían controlar peor que sus coterrícolas varones.

De ahí que las pautas civilizatorias, los buenos modales, la religión, la moral, la ética, las buenas costumbres, las leyes, etc., no sean más que una forma de orientar a los desorientados para que “paren de sufrir” y encuentren un camino a seguir y ser “como todos”, sin el miedo a sumar a su desazón el espantoso espanto de ser diferentes.

Lamento en verdad y de todo corazón, que este post no haya sido, al final de cuentas, todo lo “tierno” que debió ser. Pero ustedes, con su amabilidad y buenas maneras, habrán de comprender que el cinismo debe ejercerse a tiempo completo. Una falla en su ejercicio puede provocar un espantoso panne que nos haga terminar dibujando corderos en un desierto. Y, sinceramente, estoy enemistada y desde hace mucho con los niños que nunca renuncian a sus preguntas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Puede uno ser cínico toda su vida?

Vanessa Núñez Handal dijo...

No lo sé.