10 dic. 2010

Sobre el odio y otros derechos



Hace más de un mes, escribí este post, con la sincera intención de jamás publicarlo. Sí, escribo mucho, pero publico poco. No todo tiene valor, y no siempre se tiene el valor. Pero bueno, como luego de mucho tiempo, el post aún me sigue gustando, pues ahí les va:

"Dicen que odiar no es sano, pero a mí me ha salvado la vida más de alguna vez. Odiar es la opción que tenemos cuando ya no es posible querer, y querer es una forma de vulnerabilizarse.

Odiamos por diversas causas: porque nos sentimos heridos o rechazados, porque hemos herido, porque las cosas no han resultado como queremos, o porque habiendo resultado, al final, descubrimos que no era lo que queríamos.

Odiar es la única reacción que nos queda ante la frustración. Y frustrarse es de humanos, porque la castración es nuestra marca.

Odiar es una forma de diferenciarse de aquello que nos duele. Es formar callos en el alma, es mudarse de casa, es querer matar el amor y olvidar las buenas cosas, porque las malas son más y duelen.

Odiar, pues, es un ejercicio de sanidad mental.

Entonces, ¿por qué la gente nos deja odiar en paz?

Odiar no es bueno. No trae cosas positivas. Te hace daño a ti misma. Evita que veas las cosas buenas. Pudre el alma… en fin, puras historias. Palabras que son fáciles de decir cuando no es una la que odia, pero suenan a ácido y traición, cuando una lo que espera es un: ¡Tenés todo el derecho del mundo a hacerlo!, porque sólo vos sabés por qué te duele tanto.

Odiar es pues, no sólo natural, sino indispensable. Y el que diga que nunca ha odiado, es porque nunca ha tenido la valentía de querer algo con toda su alma. Yo sí."

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta tu valentía!
Me gusta también que pones al odio junto al amor, como opuestos que existen por antagonía. Sincera.

Un día, primero Dios, querida Vanessa, espero que tu odio ya no te quite tanta energía! Energía justa y necesaria que te ha servido para protegerte de lo que has sentido te ha estado danando! Qué bien que exista ese sentimiento para alejarte del dano! Para alejarnos del dano!

Un día, uno puede dejar ese odio a un lado. Un día, cuando el odio te carcome el alma de tan poderoso que es, te saca de quicio y puedes decidir dejarle a un lado para liberarte, para aliviar tu vida, no para olvidar el dano, sino que para poder seguir sin mucho peso por delante, con la mirada benevolente hacia quienes te respetan y quieren. Cuando el odio te acompana hasta en las pesadillas, lo puedes dejar depositado en un mundo "especial", en manos "especiales". Todo a su tiempo, eso se siente!

Me alegra leer, por fin!jajaaa, algo escrito por ti, aunque sea tan sincero y flemático! aaaahhh, lo que tiene que salir, hay que sacarlo!

Estas líneas son sólo para ti, deseándote "luz" ante tus ojos, amor que te hace flotar de felicidad...y lo encuentras en tu esposo e hijas, verdad!?

Un abrazo,
Uwe está leyendo ahora tu novela.
Ayer la estuvimos comentando. Qué casualidad!

Otro abrazo,
disfruta del amor...
llévatelo a la cama para devanarte con él! jijii

Feliz semana

Patricia Cortez dijo...

Hola Vanessa:
¿leíste ya el cementerio de praga? hay un parrafo interesante sobre el odio, según él el amor es el estado anormal, nadie puede amar por siempre...pero si se puede odiar por siempre, y un objeto de odio es más sencillo de construir como ya lo demostró Bush al generar odio contra los mahometanos.
pero igual, es algo que se construye de a poquitos...

Vanessa Núñez Handal dijo...

Hey!!! qué bueno eso! No lo he leído aún, pero me llamó muchísimo la atención, pues creo que el libro hace referencia al cementerio judío en el barrio judio de Praga, que es impactante! Y sí, lo anormal es amar. Qué bueno tu comentario, ya me dejaste pensando... Un abrazo y feliz año.

Angel Elías dijo...

me llama la atencion tu publicación, me reconforta saber que no soy el unico que odia en este momento en el mundo, je gracias.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Pues dele con todo. Hay que desconfiar de los que dicen que jamás lo han sentido.