4 jul. 2010

La mano peluda detrás de la mano dura

Un viajecillo improvisado a San Salvador (como siempre, para ver a mis cheras) me devuelve la realidad olvidada. San Salvador no es lo lindo ni lo colorido que yo deseo recordar desde Guatemala, en donde vivo hace más de 7 años.

En San Salvador también matan con la brutalidad que lo hacen en Guatemala. Allá también se muere gente calcinada en los buses y también desmiembran cuerpos. Allá los medios también cumplen las agendas de los políticos y de las clases poderosas.

“Salvadoreños piden dureza contra maras”, fue el titular de El Diario de Hoy del 1 de julio del 2010. Y a partir de ahí, se hace una serie de conclusiones que asustaría al más conservador, si verdaderamente comprendiera, lo que dicha frase significa.

JBS, una importante encuestadora, según parece, fue la encargada de hacer preguntas a varios salvadoreños, encaminadas todas a concluir que, tal como dice la noticia en las primeras páginas de la edición, “El Salvador clama por detener la ola de criminalidad”.

Las preguntas muchas muy mal redactadas y capciosas versaban sobre diversos temas, y las opciones dadas no siempre parecían corresponder con las mismas.

Así, por ejemplo, se preguntó a los encuestados sobre los siguientes puntos:

¿Considera usted que toda persona que sea activa de una pandilla o mara debería de ser catalogado como pertenecer al crimen organizado?

¿Por qué piensa debería de ser considerado crimen organizado?

Porque son parte del crimen organizado (55.9%)

No le tienen lástima a nadie (7.4%)

No aportan nada bueno a la sociedad, la perjudican (6.8%)

Porque no son personas normales (2.8%)

Porque la maldad anda en sus corazones (1.9%)

Porque son terroristas (0.9%)

Así es en EEUU (0.3%)

Quiero aclarar que, muchas de esas preguntas y opciones a mí, como medio, me habrían dado vergüenza publicarlas. Sin embargo, reflejan, eso sí, la miopía con que se está manejando el problema entre la población y lo que los medios buscan impulsar.

El problema es que los políticos están actuando en respuesta a ese clamor que los medios azuzan, y no en respuesta al problema. Y, tal como lo refleja la misma encuesta, el 60.1% de la población cree que la solución es o leyes más estrictas y más duras, o la pena de muerte para que el delincuente pague “con la misma moneda”.

En otras palabras, este tipo de encuestas lo que busca realmente, es evidenciar el hecho de que la población está dispuesta a entregar a los gobernantes un "cheque en blanco" para que resuelva como sea y a costa de lo que sea el problema.

El inconveniente, el gran inconveniente, es que dichas soluciones no resuelven nada. Son sólo medidas inmediatas que, luego de empoderar a los grupos de “exterminadores”, comienzan a desbordarse y terminan afectando a la misma población.

Pero las soluciones profundas y a largo plazo, como la educación, nos desagradan. Lo queremos todo ya y nos gusta ver sangre. Tampoco las soluciones en las que todos tengamos que sacrificar algo nos gustan. Porque esto del Estado de Derecho, no es cosa que vayan a aceptar los que se benefician de la impunidad en las altas esferas, por ejemplo.

En resumidas cuentas, si bien puede matarse a todos los mareros, eso no hará que nuestra sociedad sea más justa, más igualitaria, menos excluyente y, sobre todo, más conciente de que la solución exige sacrificios. Esta clase de medidas sólo elimina los síntomas, pero la enfermedad queda intacta y, al cabo de varios años, los problemas resurgen con nuevas formas.

En conclusión creo, que ya va siendo hora de que aceptemos que, para salir adelante no nos queda más remedio que aceptar que “o todos en la cama o todos en el suelo”, pero así, sencillamente, esto de creernos todos justos y por ello con potestad para mandar a matar gente, pues no se puede.

2 comentarios:

Óscar Perdomo León dijo...

Totalmente de acuerdo con tu análisis, Vanessa.

Y el problema tiene que ver con la sociedad en general; pero también tiene que ver con la actitud de nuestros dirigentes. Como escribí en mi blog, esta violencia es hija de la exclusión social y del desmembramiento de la familia. Esta violencia es cosecha de lo que se ha cultivado las décadas anteriores, es el producto de una post guerra mal planificada.

Y el gobierno de Mauricio Funes, que le dio una gran esperanza al pueblo, es ahora una inmensa y verdadera decepción. El más grande error que ha cometido este gobierno es no alentar el castigo para los ladrones y corruptos de los gobiernos anteriores, porque se ha dado un mensaje callado, pero contundente, de que aquí en El Salvador es mejor ser criminal que honrado. Y esa cultura de la ilegalidad se expande por todo el territorio salvadoreño, desde los conductores y peatones que no respetan las leyes de tránsito, pasando por las licitaciones amañadas de las instituciones gubernamentales, hasta los crueles asesinatos que ocurren diariamente.

Es decir, la sensación generalizada del pueblo es que aquí las leyes protegen más a los delincuentes que a las víctimas.

Mis saludos.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Hola Oscar. Gracias por tu comentario. Estoy de acuerdo con vos. Esto que ahora vivimos es producto de no haber resuelto las causas de la guerra y seguir viviendo en sociedades altamente desiguales y sin oportunidades.
Y sí, Funes ha resultado una enorme desilusión al proponer soluciones muy semejantes a las que los gobiernos conservadores anteriores implementaron sin éxito.
Y no hay que olvidar, además, que nuestra población ha sido siempre muy reaccionaria, ya se trate de comunistas, delincuencia o maras. Así que no es de extrañar que el tema de la pena de muerte y la militarización salgan de nuevo a flote.
En fin, se nos vienen otras dos décadas de desastres encima.
Saludos y gracia por pasar.