9 jun. 2010

Del volcán, la arena, el hoyo y la tormenta Ágatha en Guatemala


Era jueves en la tarde, y no tenía ganas de trabajar en mis cosas. Un café, pensé, me caería de perlas. Justo en ese momento me llamó Jennifer. Venía subiendo la Carretera a El Salvador, dijo, y odiando la construcción del paso a desnivel de Santa Rosalía, que, valga decir, beneficiará a unas cuantas familias y ha entorpecido la vida de miles, haciendo que hoy día bajar a la ciudad de Guatemala tome más de una hora, cuando lo usual ha sido siempre de 20-30 minutos. Pero en fin, son las cosas a las que una llega a acostumbrarse a ver por aquí, y que ya ni parecen tan mal, luego de que, en el 2005 el mismo alcalde tuviera la fantástica idea de hacer tres pasos a desnivel al mismo tiempo, época en la que, llegar a la ciudad de Guatemala, por increíble que parezca, tomaba hasta tres horas. (Conozco gente que llevaba revistas en su carro para paliar el aburrimiento.)

Acordamos entonces con Jennifer tomar un café en el Hotel San Gregorio, ubicado en uno de los bordes del lago de Amatitlán, desde el cual pueden apreciarse varios volcanes. Ese día, sin embargo, debido a la humedad y al calor, el paisaje estaba totalmente nublado, lo que no sólo nos hizo difícil el tránsito en la carretera (tomando en cuenta la neblina y que mi amiga es un poco ciega), sino que además no nos dejó ver que uno de esos volcanes, había entrado en erupción.

Por la noche, recordé que no había devuelto una llamada a mi amiga Xochilt. Niña, ¿que no sabés lo que está pasando?—me dijo alarmada y con su acento nicaragüense. Pues no respondí. Que el volcán explotó y está tirando ceniza sobre toda la ciudad.

Fue entonces cuando recordé que minutos antes, al luchar con mis hijas para que se lavaran los dientes, las manos, fueran al baño, etc. antes de dormir, escuché en el jardín una lluvia poco usual golpeando las hojas de los árboles. Era como escuchar pequeñas agujas cayendo. Yo creí que era agua me dijo otra amiga – pero cuando me bajé del carro, me di cuenta de que el pelo se me estaba llenando de arena.

Pero mientras en la ciudad cayó ceniza, casi polvo, en mi casa, mucho más cercana al volcán, cayeron pequeñas piedras volcánicas, que, en casa de Hilma, situada en uno de los cerros que bordean al lago de Amatitlán, fueron del tamaño de nueces.

La Alcaldía de Guatemala instó a todos los capitalinos a recoger la arena, colocarla en bolsas para basura y entregarlas al tren de aseo, para terminar advirtiendo, horas después, que la misma es tóxica y que podía causar enfermedades respiratorias y conjuntivitis debido al alto grado de azufre y que no debía ser manipulada.

Dos semanas después, las bolsas rotas y solitarias siguen apiladas en los andenes, sin que tren de aseo alguno haya pasado recogiéndolas.

Hoy día, surrealista es el adjetivo que describiría a un país cubierto de arena volcánica y azotado por una tormenta tropical. Sin embargo, viviéndolo en carne propia, puedo decirles que hay cosas más impactantes todavía, como por ejemplo el inmenso hoyo que se abrió hace dos fines de semana en la ciudad de Guatemala, a consecuencia de la tormenta Ágatha y que no sólo se tragó una casa deshabitada sino también a un hombre que hacía una llamada en un teléfono público, cuyo cadáver fue encontrado en un río a veinte kilómetros del lugar. Hoyo que además amenaza con engullirse a por lo menos otras cinco casas más, sin que nadie pueda dar razón de por qué se formó ni cómo solucionarlo.

Una semana después de todo aquel desastre, pude observar que, lo que aquel jueves fue ceniza y el sábado siguiente lodo, se había convertido en una masa reseca que, debido a los autos y el viento, formó una inmensa nube de polvo gris que cubrió la ciudad, dificultó la respiración y augura miles de enfermos de las vías respiratorias.

Ejércitos de "jóvenes voluntarios" de las universidades, vestidos con gorra, tshirts, jeans y lentes oscuros, han salido a las calles de la zona 10, custodiados por sus guardaespaldas, a hacer lo que nunca habían hecho en su vida: palear arena. El conteo de las ampollas de sus manos ha sido el tema de esta semana en Facebook.

4 comentarios:

JuLioUM dijo...

De verdad que fue una semana de sustos. El agujero de la zona 2 es "apenas" el segundo. Quien sabe si en cualquier otra parte de la ciudad existe el riesgo de que se abra otro. Se dice que se escuchan retumbos. Y también lo del volcán, estaba en la universidad y a mitad de clase todo se suspendió por varias llamadas que hicieron a los alumnos sobre la noticia del Pacaya. Destaco que al menos existió una "unión" entre vecinos cuando todos salimos a barrer las calles. El volcán nos recordó que no estamos solos, cosa que solemos olvidar en nuestra vida individualista de citadinos. Cosa apoyada, claro está, por la inseguridad. Al menos nos olvidamos de ella por el gran suceso de nuestra nieve a la tortrix ¿vieron ese anuncio?

Vanessa Núñez Handal dijo...

Hola JulioUM. Yo estaría muerta del miedo de vivir en esa zona. Y no, fijate, no vi ese anuncio. Sabés si lo subieron ya a Youtube?
Gracias por pasar.

Anónimo dijo...

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡el queee!!!!!qué horrible eso del hoyo. parece película de miedo YO

Vanessa Núñez Handal dijo...

Sí, hombreeeee, horrible!