20 jun. 2010

Adiós a Carlos Monsiváis


Lo conocí sin irlo a buscar. Fue él quien vino a mí. Tranquilo, con cara de cierto hastío, sentado al borde de un pequeño tablado y con la espalda muy encorvada, Monsiváis nos observaba de reojo, sin la menor intención de interacción. El pequeño salón de la Filgua no daba abasto. La gente se aglutinaba en la entrada sin que nadie se animara a acercársele.

Me aproximé. Le pedí una fotografía. Nos sentamos en dos sillas plásticas blancas y le pregunté si podía abrazarlo. Sonrió. Luego me firmó uno de sus libros. “A Vanessa, estos textos de amor a la poesía que en su reproducción parcial hallan la principal de sus justificaciones. Con el aprecio de Carlos Monsiváis. 2008”, fue la dedicatoria que puso en mi ejemplar de "Las tradiciones de la imagen".

Un puñado de personas nos rodearon. Apenas pudo autografiar unos cuantos libros más porque, de inmediato y con prisa, personal de la Feria del Libro de Guatemala lo condujo hacia el salón principal, donde un público numeroso y ansioso por escucharlo le esperaba.

Un año más tarde, encontrándome en Guadalajara, México, entramos Raúl Figueroa, Yanira Gálvez y yo a un atestado salón del Hotel Hilton, ubicado a un costado de la Expo de Guadalajara, lugar que ocupa la Feria Internacional del Libro. En la entrada, intentando pasar desapercibido, con un vaso en la mano y conversando con una mujer, me lo volví a encontrar.

–Maestro- le dije-, Usted no debe acordarse de mí, pero nos conocimos en Guatemala hace un año. Su rostro, parco y un poco distraído, reflejó el olvido.

Diez minutos después, justo cuando lograba acercarme a Carlos Fuentes, por cuyos ochenta años Santillana ofrecía dicho coktail, me di cuenta de que Monsiváis había desaparecido.

Se los llevan rápido, a una fiesta privada– me susurró alguien al oído. Fiesta que yo imaginé cómo una especie de Olimpo al que, minutos después, también fue llevado Fuentes.

El año pasado, con motivo de la presentación de la biografía de Chabela Vargas en la Fil de Guadalajara, Monsiváis preparó un ensayo que leyó con voz inaudible y trastrabillando en cada frase. Se hizo acompañar a ratos por la impactante voz de Eugenia León, también sentada en el panel. Pero Monsiváis ya estaba cansado.

Sin embargo, nadie podría haber vaticinado que éste precedería en la muerte a la misma Chabela quien, sentada en una silla de ruedas y con lentes oscuros, apenas tuvo fuerzas para dirigirse al público.

Y así fue. El día de ayer, a la edad de 72 años, murió uno de los escritores latinoamericanos más importantes del siglo, a tan sólo horas de otra pérdida de similar calibre: José Saramago. Y es que pareciera, dije a un amigo ayer, como si todos los genios nos estuvieran abandonando.

Hasta siempre Monsiváis. Feliz viaje.

6 comentarios:

Dejanira Alvarez Cárdenas dijo...

Que escrito tan más emotivo Vanessa!
Me hizo recordar aquella tarde de la paresentación de la biogrfía de Chavela Vargas en el salón Juan Rulfo de la FIl.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Gracias Dejanira. Como te decía en FB, fue justo la tarde en que nos conocimos. Te acordás lo que le costó leer a Monsiváis su ensayo?

Dejanira Alvarez Cárdenas dijo...

Siii! claro que me acuerdo hasta yo pensé que estaba ebrio, pero despues tú me dijiste que había olvidado sus lentes.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Sí, y ni la una ni la otra.
Resulta que ya estaba mal. Te acordás que te conté que alguien me dijo que recién había salido del hospital? Pero no me imaginé tampoco que su salud estuviera tan mal.

Óscar Perdomo León dijo...

Bonitos recuerdos sobre ese genio mexicano.

Monsiváis tenía un lenguaje muy fluído e inventivo que lo atrapaba a uno inmediatamente. No tuve la fortuna de conocerlo en persona, pero me dolió saber de su muerte.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Exacto, Oscar. Su forma de ver las cosas y de decirlas, era muy accesible y divertida. Con una ironía muy rica. Y su capacidad de análisis era verdaderamente impresionante!