18 may. 2010

Humanos, al final de cuentas: Poniatowska y su Paseo de la Reforma


Elena Poniatowska ha sido, sin duda, una de las autoras (léase: en femenino), más importantes del Boom. Su La noche de Tlatelolco, Tinísima y Hasta no verte Jesús mío, entre otras obras suyas, son libros obligados en una buena biblioteca latinoamericana.

Sin embargo, y siguiendo la lógica que planteara anteriormente para Carlos Fuentes, les tengo que contar que también ha incurrido en un desastre literario. “Paseo de la Reforma”(Editorial Planeta, 2009) libro que adquirí recién salidito de imprenta en una Librería Gonvill en Guadalajara, lo deja a una con un mal sabor de boca.

Comencemos por el principio: La idea quizá haya podido ser interesante. “Inspirada en Elena Garro, el gran personaje femenino de la literatura mexicana, Paseo de la Reforma revela mejor que ninguna otra obra el carácter y la verdadera personalidad de la primera mujer de Octavio Paz al rememorar su historia romántica con el aristócrata Archibaldo Burns, quien perdió todo por amor”, dice la contraportada.

Sin embargo, Elena Garro, autora de “Los recuerdos del porvenir”, y escritora consagrada de las letras latinoamericanas, pienso yo que no se merecía una presentación como “la primera mujer de”. Sobre todo, tomando en cuenta que, en todo el libro, Paz no aparece, y si se hace mención a él, es como una sombra casi inexistente que en un momento de la obra, entra por una puerta o algo así.

El libro, si es que tenía pretensiones biográficas o si quiera anecdóticas, no lo logra. Los personajes parecen más construidos para una novela de Televisa, y no personajes literarios de peso. Asby (el “niño millonario” que por azares del destino desea con todas sus fuerzas (y desde su Mercedes Benz) ser pobre hasta que como si fuera cosa difícil lo logra, no pasa de ser un snob maravillado ante lo que él considera las rarezas de las clases sociales menos favorecidas o de la bohemia.

Amaya, por su parte, no pasa de ser una femme fatale mal hecha. Una especie de mujer que embruja a los hombres y dilapida su dinero, sólo que ésta no en pieles (que sí las usa para cosas más excéntricas, como pasar la noche en la calle durante las manifestaciones) sino para pagar multas y abogados para sacar de la cárcel a sus amigos los obreros y sindicalistas.

Lo más triste de todo es que tras la escritora que inspiró este libro, existe historias fascinantes, como sus amoríos con Adolfo Bioy Casares, a causa de lo cual, finalmente, terminó por divorciarse de Paz. Cuando se le preguntó porqué había dejado a su marido, ella respondió que era imposible no enamorarse de un hombre tan guapo y millonario como Bioy Casares. Es decir, lo mismo que el libro pero con mejor preparación.

Y nuevamente, no diré que no haya que leer este libro. Pienso que una debe conocer a sus autores en las buenas y en las malas, sobre todo, para saber que hasta los mejores meten la pata, y que de esta forma nos recuerdan que ellos (aunque nos cueste admitirlo) también son humanos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Suele pasar hasta con los grandes.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Y sí. Saludos,