13 abr. 2010

Lilian Serpas: tras el velo del olvido y la locura

Investigando para una nueva novela, me topé en la hemeroteca de la UCA con un artículo de noviembre de 1985, aparecido en La Prensa Gráfica de El Salvador, y que se titula Lady… Lady… vagabunda (no he logrado determinar quién fue el autor, pero tengo mis sospechas de que fue escrito por David E. Galindo).

El artículo hace mención de Lilian Serpas, importante poeta de la década de los 30 y musa de Francisco Gavidia.

“…en facha de vagabunda, decrépita, despeinada, quemada de su ropa e indiferente a las miradas de quienes se aglutinaban en las paradas de buses; pero nunca imaginaron que ella fue una de las mujeres más bellas de los años 30, y más que nada que ella fue “Lady” del Maestro Francisco Gavidia.”

Hija de un abogado salvadoreño (que contó entre sus compañeros de la Universidad de Stanford al que años más tarde sería el Presidente Herbert Hoovert), nació en San Salvador en 1905.

Muy inclinada hacia la literatura, Lilian Serpas formó parte en su adolescencia del círculo literario de Francisco Gavidia y Juan Ramón Uriarte.

A los 15 años ya había escrito su primer libro de poesía: “Urna de ensueños”, al cual seguirían más de una docena de obras.

Lilian resultó además ganadora de un concurso patrocinado por la Cigarrería Morazán en los años 20, en el cual se premió a las mujeres más bellas de El Salvador. Los niños jugaban con las tarjetas que eran fotografías de todas esas mujeres bellas, diría Lilian con nostalgia, años más tarde, al autor de este artículo.

En 1929 contrajo matrimonio con Tomás Jefferson Coffin. Nada menciona el reportaje sobre un divorcio o muerte del marido.

En 1940 recibió una beca del gobierno salvadoreño, para estudiar en México, donde fue incluida dentro del grupo privilegiado que rodeaba a José Vasconcelos y al ensayista Alfonso Reyes. Trabajó además en el “Excélsior” de México, donde se publicaron varios poemas suyos.

Julián Gorki le tradujo tres poemas al francés.

En 1978, la Liga Femenina dio la voz de alerta respecto del estado lamentable en que Lilian Serpas se encontraba en México. Deambulaba por las universidades mexicanas pidiendo limosna a los estudiantes, por lo que el Ministro de Educación de aquel entonces, Dr. Carlos Antonio Herrera Rebollo, realizó todas las gestiones necesarias para que ésta volviera al país.

Las integrantes de la Liga Femenina, por su parte, se encargaron de internarla en un sanatorio mental.

El Ministerio de Educación no sólo reeditó toda su obra literaria, para entonces casi olvidada, sino que además se le asignó un sueldo por planilla de la Dirección General de Publicaciones de cuatrocientos colones mensuales, lo que en aquel entonces era suficiente para vivir. (Luego de su muerte se sabría que también el Diario de Hoy le ayudaba económicamente.)

La gente de la Dirección General de Publicaciones le encontró un pupilaje donde vivir, cerca del Mercado Cuartel.

“La primera vez que la vi”, afirma la dueña de dicho pupilaje en el reportaje, “sentí repugnancia por ella, y le dije que inmediatamente saliera de mi casa. (…) Sentí cólera por el engaño de que había sido objeto de parte de doña Miriam de García, de la Dirección de Publicaciones, que fue quién se encargó de llevarla a mi casa. Rabiaba porque significaba que mi pupilaje se hundía. Doña Lilian estaba destrozada, su pelo era un nido de suciedad y todo su aspecto repugnante. (…) Empecé por bañarla y enviarla a que le cortaran el pelo. Era un palomita que después me empezó a dar lástima, pues era completamente inofensiva. (…) fumaba bastante, por eso siempre quemaba sus vestidos y tosía con exceso. (…) El sillón que le asigne está todo quemado, fuera de eso no molestaba. (…) su lugar preferido era Macdonald (sic.), donde ella invitaba siempre a alguien a tomar un café. Por las noches hablaba sola, pero nos acostumbramos a ello. (…) Odiaba los espejos y los quitaba de su camino. No soportaba ver un espejo, ni mucho menos verse en ellos. Una vez llegó a la casa, un amigo suyo, que era periodista. Ella posó en forma coqueta con su cartera, y se daba vuelta como modelando. El día que le trajeron las fotografías, fue para ella trágico, las rompió y nunca más quiso hablar de ello. Era racista como nadie. Siempre se refirió hasta en sus últimos momentos en forma despectiva de “esos indios”.”

Lilian Serpas fue hospitalizada en el Rosales debido a una caída, y murió el 9 de octubre de 1985. Roberto Henríquez, el entonces Director de Publicaciones del Ministerio de Cultura y Comunicaciones (gobierno del PDC), hizo los arreglos para el entierro. La nota afirma que “hubo ausencia de poetas y escritores”. La gente de la Dirección de Publicaciones y los demás huéspedes del pupilaje le dieron el último adiós a “Lady” (como la llamó Gavidia en su tiempo).

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué historia más triste! qué pena que su obra se haya perdido y cais ni la conozcamos. YO

Vanessa Núñez Handal dijo...

Pues fijate que me contaron que David Escobar Galindo, precisamente, sacó una antología en la que incluye poemas de ella. Voy a ve si la encuentro. Saludos,

Alberto B. dijo...

Desconocía totalmente a esta autora. ¿Se podrá conseguir aún obra de ella?

Vanessa Núñez Handal dijo...

Pues la antología que menciono antes y yo digo que en las librerías de usados aún se puede encontrar algo. Saludos,

Alicia Herrera Rebollo dijo...

Que triste la vida de esta poeta! pero que lindo que se encontró con personas como mi padre, el ministro de Educación, que la ayudó. Detalles como este son los que me hacen vivir orgullosa de él.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Gracias Alicia por tu comentario. La verdad es que eran otros tiempos, en los que había más apoyo al arte y la cultura. Tu papá dio su aporte en este campo. Saludos y gracias por pasar.

Varg Vikerness dijo...

Bolaño me guió hacia aquí, saludos.

Alicia Herrera Rebollo dijo...

Wow... hoy me prestaron un libro de esta poeta... editado en 1951. Al leer el nombre, me hizo click, y le aseguré a mi amigo que creía que era la poeta que mi padre ayudó.
Mis lagrimas salieron de mis ojos, al venir de nuevo a este artículo y asegurarme que en efecto era de ella. Estoy iniciándome en esto de la poesía, aprendiendo de otros poetas, en recitales a los que me han invitado, y asistiré a participar, y recordar esta historia, me ha hecho reflexionar grandemente. Voy a devorar ese libro...

Lauri García Dueñas dijo...

En México estamos tramando que un Coloquio lleve su nombre ;)

Vanessa Núñez Handal dijo...

Lauri: sería chivo.