13 mar. 2010

Mis amigas

Tengo muchísimas conocidas, pero pocas amigas en realidad. Estas pocas, eso sí, constituyen mi corazón y sanan mi alma. Con ellas puedo platicar del último libro leído, de la película que vi la noche anterior, de las cosas que me duelen y de las que me alegran, de las noticias recientes del periódico, del último desencanto amistoso, amoroso y hasta cultural. Mis amigas, las que sí logran penetrar mi vida y mi entorno, son de mis valores más preciados.

La una me da la ternura que nunca tuve y que hoy día se manifiesta en una fe inquebrantable en mi trabajo. Es mi oidora, mi psicoanalista, mi lectora y crítica número uno. Y es que ésta, además de ser una lectora de primera, es una mujer inteligente. Con ella me es posible conversar desde el desayuno hasta la cena, sin aburrirme y sin dejar de reírme todo el tiempo.

En otra, que es mi apoyo, mi guía en las cosas más importantes de mi vida, que son mis hijas, su educación, los tips para que vayan siendo cada vez mejores personas, encuentro la cordura que a veces me hace falta. Ella me acompaña en todos mis sustos, mis preocupaciones y mis desvelos. Es una especialista (y muy buena) en algo que yo nunca podría aprender: las reglas de comportamiento humano. Y precisamente por ello, sus penas cuando las tiene resultan tan conmovedoras.

Otra, la loca, la rompe esquemas, la profunda, la que siempre anda rodando por la vida dando de gritos, de almohada en almohada, de pena en pena, con la que converso de las cosas complicadas que tiene el ser humano, la que no sabe cuánto sabe, me enseña mucho. Ella es una especie de gurú del bungie jumping de la vida: saltar y no romperse el cráneo es su especialidad y por eso disfruto tanto su risa y sus impulsos.

Con la primera disfruto de la literatura y el cine, con las segundas de la música rompe venas.

Pero también hay muchas otras, es cierto, otro puñado de amigas a las que hoy día veo poco, pero están. Mi amiga recién convertida en madre de gemelas y que está a punto de volverse loca, mi amiga que sólo tuvo una bebé pero que también siente que el mundo se le puso de cabeza, mi amiga de quien aprendí a fortalecerme frente a las cosas duras de la vida, mi amiga de la que aprendí que la vida se trata siempre de hacer elecciones, mi amiga de quien aprendo que la distancia puede ser dolorosa, mi amiga que está empeñada en enseñarme sobre modas, mi amiga a la que extraño desde hace más de veinte años, mi amiga a la que no he vuelto a ver pero siempre pienso en ella.

En fin, que he aprendido que las amigas son la sal de la vida. Que sin ellas un café nunca sabe igual. Las que siempre están en mis presentaciones. Las que me acompañan en mis locuras. Las que siempre dan lugar para que yo esté en su vida. Las que me visitan en el hospital. Las que llaman o dejan un mensajito en Facebook para saber cómo estoy. Las que siempre tienen tiempo para oír la historia completa y mis divagaciones. Y las nuevas, las que recién he conocido y parece que nos conocemos desde siempre. Esas son sin duda las imprescindibles y de las que he de necesitar mi vida entera.

Las quiero mucho (¡y no saben cuánto!), aunque no siempre lo diga.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Vannessa yo tambien he aprendido mucho de usted y de esta amistad gracias por valorarla y como usted dice a veces uno no esta acostumbrado a expresar lo que siente pero en esta ocasion gracias por hacermelo saber. Yo tambien la quiero!!!!

Vanessa Núñez Handal dijo...

Mi querida fashion counselor: es mutuo, ya sabés. Un poco de cultura y un poco de moda, nunca van mal. Un abrazo y buen viaje.

Anónimo dijo...

Snif. YO

XX dijo...

Las amigas son la sal de la vida, como dicen.